A noviembre de 1993 se remonta la declaración de Reserva Marina del cabo de San Antonio, dado que favorece la existencia de diversas comunidades bentónicas. Algunas de ellas están bajo la protección del Consejo de Europa: algas esciófilas, coralígenos, rodófitos calcáreos, grietas, cuevas oscuras y praderas de posidonia, variedad de comunidades que lleva asociada gran diversidad de especies protegibles, como la cigala, el mero, la gorgonia o la castañuela real, cuya singularidad reside en que es el macho quien incuba los 20.000 huevos de la puesta, pero los resguarda todos ellos en el interior de su boca, que se dilata una enormidad. Tan importante patrimonio confiere a la reserva un interés ambiental, científico, ecológico, paisajístico y cultural, razones por las que está prohibida la pesca recreativa en todas las modalidades, así como circular por la zona con embarcaciones a motor: a diario, sólo se conceden quince permisos para la práctica del buceo.La guinda de este desplazamiento es hacerse a la mar y conocer las morras o cantiles del cabo de San Antonio, donde el mediterráneo ha tallado cuevas de gran belleza. En estos acantilados se huele a mar y a espliego. Descubrirá comunidades vegetales de notable interés, como el hinojo marino, la siempreviva y la herradura valenciana, y otro tanto sucede con la fauna, aves que anidan en sus roquedos, caso del cormorán moñudo, la pardela cenicienta, las colonias de gaviotas patiamarillas y la invernante gaviota de Audouin.
|