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Alucina en Colores

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CON 'PELI'. Super Furry Animals inició la táctica comercial de lanzar un disco acompañado de un DVD. En parte era 'porno'.


Dado que la galaxia psicodélica es un universo expansivo poblado de seres proclives al ‘trip’ mental, artístico o alucinógeno, conviene precisar en la medida de los posible el terreno de este reportaje. Aunque existen antecedentes previos -los éxtasis sónicos de los ‘freakies’ tejanos 13th Floor Elevators en 1966-, por lo general se asocia la psicodelia al hippismo y la revolución sensorial y cultural surgida a partir de 1967 en San Francisco.

En esta ciudad californiana coinciden los politizados estudiantes de la Universidad de Berkeley con los ‘beatniks’ de North Beach y los jóvenes en busca de nuevas experiencias que se instalan en Higth Astbury. El LSD es aún legal y se consume masivamente en los ritos de iniciación al ácido de Ken Kesey (los ‘acid tests’). El verano del amor, las emisoras especializadas, los primeros ‘happenings’, las utopías y la explosión de los sentidos desemboca en una escena musical alucinógena integrada por grupos de muy diverso pelaje, pero con ganas de conseguir sonidos acordes con sus nuevas experiencias psíquicas.

De la amalgama de bandas ácidas surgidas en ese ambiente (Jefferson Airplane, Quicksilver Messenger Service, Iron Butterfly, Sly Stone…) destacan sobremanera los Grateful Dead, que tras casi cuatro décadas de andadura y nueve años después de la diáspora que provocó la muerte de su lunático y magnético líder, Jerry García, parece resistirse a ser definitivamente historia. No sólo siguen teniendo una legión de ‘fans’ furibundos (los llamados ‘dead heads’), sino que su influencia se proyecta sobre formaciones como Phish o String Cheese Incident y no dejan de editar discos y embarcarse en interminables giras.

Al margen de sus más de veinte álbumes oficiales y centenares de directos que dan testimonio de sus interminables conciertos (de hasta seis horas), hay todo un filón de grabaciones inéditas de gran calidad que regularmente salen al mercado. En marzo se lanzó el mítico concierto de 1978 que los Grateful Dead celebraron con motivo del cierre de la sala Winterland de San Francisco, y poco antes del verano llegó a las tiendas un cofre de seis CDs con la obra de Jerry García en solitario. En breve verá la luz otro triple en directo de García del sello Rhino y la abrumadora caja de doce discos ‘Grateful Dead: Beyond Description (1973-1990)’ que a finales de año editará Warner.

Vuelve a flipar en los 80

La psicodelia tuvo un gran eco en Inglaterra y Estados Unidos -con secuelas tan notorias como ‘Sgt. Peppers’ de los Beatles, ‘Their Satanic Majesties Request’ de los Stones o el genial ‘Pet Sounds’ de los Beach Boys-, pero su impacto terminó por atenuarse en los 70 degenerando en corrientes tan pretenciosas como el rock progresivo. No obstante, bandas de Liverpool al estilo de Teardrop Explodes o Echo and the Bunnymen llegaron a ser catalogadas como psicodélicas a finales de los 70 y, tan sólo hace dos años, The Coral se hicieron merecedores de ese calificativo con su primer álbum en el Reino Unido.

Durante los 80, la psicodelia salió del reducto de la músicas de género con el revival provocado por Rain Parade o Dream Syndicate, fenémenos de la música negra (Prince y su ‘Purple Rain’), el rap floral de De La Soul, el químico repertorio del acid house y el llamado sonido Manchester de Happy Mondays o James. Mención aparte merece un disco de título tan explícito como ‘Screamedelica’ (91), obra crucial de Primal Scream, cuya consolidación se basa en la mezcla de una hedonista lisergia electrónica, espíritu punk y vocación combativa.

Los británicos Spacemen 3 y sus secuelas (Spectrum, Spiritualized) han contribuido también con su carácter de culto a mantener la actitud alucinada de la psicodelia, que se ha proyectado por doquier sobre el panorama del pop anglosajón de principios de este siglo. Y similar crédito hay que conceder a influyentes bandas americanas de la talla de Flaming Lips y Mercury Rev. La anómala formación de Wayne Coyne viene destilando gemas surreales desde 1986. Nació en la aislada Oklahoma y ha completado una andadura mutante concretada en once álbumes oficiales pasados por el tamiz del noise, el hardcore de Hüsker Dü, el rock espacial, las epopeyas de sonidos tributados y, sobre todo, una suerte de psicodelia orquestal con alma pop.

Todo ello con el punto marciano de quienes son capaces de perpetrar ‘performances’ sónicas como ‘Zaireeka’ (cuatro CDs pensados para ser escuchados a la vez) o el ‘Parking lot experiment’, en el que setenta coches tocan con sus bocinas y motores música compuesta para la ocasión. Su última entrega es un EP con el muy apropiado título de ‘Ego tripping (at the gates of hell)’.

A la vera de los Lips nació en 1991 Mercury Rev -de hecho, el ex ‘flaming’ Jonathan Donahue fue uno de sus fundadores-, cuyo líder, Dave Friedman, es también un quinto miembro de Flaming Lips en la sombra. Su disco de 1998 ‘Deserter Songs’ figura obligatoriamente en cualquier glosario de rock contemporáneo con vitola psicodélica. Y en el espejo de ambos se miran grupos aclamados por la crítica como los californianos Grandaddy, autores de los estimables ‘Under The Western Freeway’ (00) o ‘Sumday’ (03).

Hippies cósmicos

Entre los referentes actuales de esta dimensión que alucina en colores, figuran inevitablemente los galeses Superfurry Animals. Curtidos en una carrera que supera la década, los animales peludos han oscilado entre el punk, el rock hippie sesentero, la electrónica y el pop cósmico con toque retro. Después de firmar obras brillantes -‘Fuzzy Logic’ (96), ‘Radiator’ (97) o ‘Guerrilla’ (99)-, se rebelaron contra su propia condición de culto y grabaron un LP en galés: ‘Mwgn’.

Sus últimas entregas son los más que recomendables ‘Rings around the world’ o ‘Phantom Power’, con temas surreales como ese ‘Venus y Serena’ en torno a un chaval que vive con dos tortugas. Los catalanes Sidonia -puntales del género en España- les reconocen como modelo, aunque ellos aseguran que la banda galesa verdaderamente psicodélica son los Gorky’s Zygotic Minci, que también merecerían un capítulo aparte.

Catalogados como baluartes de psicodelia moderna han sido también los Kula Shaker de Crispin Mills -ahora al frente de los no menos expansivos The Jeevas-, las bandas de Elephant 6 -la factoría de Athens (Georgia) que tiene en catálogo a Apples in Stereo o Neutral Milk Hotel- y los britanicos Gomez, cuyo exitoso debut, ‘Bring it on’, fue definido por su líder, Tom Gray, como el producto de unos «adolescentes que toman demasiado ácido, escuchan maldita psicodelia loca y están dispuestos a hacer cualquier locura».

Pero tampoco hay que olvidar en esta corriente a The Beta Band -sorprendieron en el 98, aunque han frustrado no pocas expectativas con su barroco tercer álbum, ‘Heroes to Zeros’-, Midlake o Polyphonic Spree, cuyo pop ácido-orquestal esmaltado con cuerdas, metales, electrónica y lo que se tercie fue una de las sensaciones del pasado año en el Reino Unido.

Colegas de Grandaddy, presentaron con tres llenos consecutivos en el Brixton Academy de Londres su primer disco ‘The Begining Stages of…’, que concluye con una obsesiva sinfonía electrónica vocal de cuarenta minutos. Como todos los demás, para flipar.




 
 
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