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Arte con altura

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e la Torre de Babel a la Eiffel o de las pirámides egipcias al Empire State, mucha agua ha pasado bajo el puente, incluido el diluvio universal. No obstante, hay cosas que se mantienen, como la necesidad de crear y el amor por las alturas. Aunque los músicos de Led Zeppelin hayan causado furor en la década de los setenta, lo cierto es que no inventaron nada al construir su ‘Escalera al cielo’: miles de personas, antes y después que ellos, se dejaron cautivar por el mismo espíritu ascendente. Torres, obeliscos, catedrales, edificios… si os fijáis con atención, veréis que no importa el lugar o la época: el mundo está lleno de estructuras que nos arrancan los ojos del suelo.

Juan Garaizábal y Claudia Stilianopoulos no son la excepción a esta regla que, por cierto, se mide en metros. Ambos artistas y socios comerciales, marido y mujer, trabajan en equipo. Y tan unidos están uno al otro que no sólo duermen juntos; también comparten las visiones de Morfeo. ‘Soñando en alto’ es el título de su proyecto más reciente, una exposición de grandes dimensiones que se encuentra ahora mismo en Santander. La instalación, que permanecerá abierta hasta el próximo 15 de agosto en la Península de la Magdalena, está compuesta por una treintena de piezas: unos muebles esculturales que sobresalen por su tamaño.

Ni Gustave Eiffel, ni los faraones egipcios o los arquitectos de Shreve, Lamb y Hermon, pueden ya responder a esta pregunta, pero seguro que Juan y Claudia sí: ¿Qué hay allí arriba que tanto motiva a los creadores? «Un espacio -contesta Juan-. Es un lugar más íntimo y privado. Ver las cosas desde lo alto te cambia la perspectiva, igual que mirar las estructuras desde abajo. En ambos casos, existe una sensación de verticalidad que nos interesa destacar». Una verticalidad que bien podría transformarse en vértigo, porque las piezas miden hasta cuatro metros de altura.

La propuesta de esta dupla tiene varios aspectos llamativos. El primero, que las esculturas son muebles, o sea que «son para mirar y para usar». En el inventario hay camas, tumbonas, sofás… ¿Hablamos de arte utilitario? Así parece. «Combinar funcionalidad y belleza es algo más bien reciente. Hoy en día, el arte forma parte de nuestra casa o de la empresa donde trabajamos y se ha creado una necesidad que antes no existía. El interés de la gente por manejar el lenguaje artístico y hacerlo cotidiano rompe con la tendencia anterior, donde este tipo de expresiones estaba reservado para una minoría», explica el matrimonio.

Pero, en plena época de minipisos, ¿cuántos hogares podría amueblar la pareja Garaizábal-Stilianopoulos? «Te sorpenderías de la cantidad», afirman. ¡Venga ya! «Lo que ocurre es que hacemos proyectos a medida, muchos de ellos para espacios súper reducidos», aclaran. «Nuestros clientes, por lo general, viven en pisos pequeños. Si sólo hay lugar para una mesa y quieres tener una obra de arte, lo más inteligente que puedes hacer es reunir las dos cosas en un solo objeto», agregan. En otras palabras, si las hipotecas están por las nubes, más vale tener el mobiliario cerca del suelo.

Otra cosa son los espacios abiertos. Allí no hay techo para la imaginación, aunque no vale cualquiera y la pareja los elige en función de varios factores. El principal: «Que sean entornos bonitos y muy limpios, pues los fondos deben permitir que la escultura se dibuje bien». Pero, además, «tiene que haber seguridad, vigilancia nocturna y apoyo institucional», enumeran. En este sentido, Juan destaca la colaboración del Ayuntamiento de Santander y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. «Hay un esfuerzo de su parte para mantener la muestra en condiciones y que la gente pueda disfrutar de las piezas con tranquilidad».

Cola para leer

Si la palabra clave es relajación, Juan y Claudia han visto en la capital cántabra el extremo de ese concepto. Dar un paseo por la península no es novedad. Detenerse junto a las esculturas, contemplarlas y hacerles fotos, tampoco. Trepar por ellas, bueno, no es tan extraño, considerando que han sido concebidas para montarlas… Pero, ¿hacer cola para leer un libro en la cima de un sofá? Eso sí que es tomarse la interacción artística y la tranquilidad estival en serio. «Es increíble -comenta Juan sorprendido-. El otro día vimos que había cola para usar las esculturas. La gente sube y se lee un libro. ¡Y los demás esperan a que termine para poder subirse también!».

Para Claudia, «eso es lo más conmovedor». «Con lo que cuesta hacer cada pieza, da gusto ver a la gente utilizándolas», reconoce. Ella se encarga del diseño y la confección de las obras, hechas con hierro y trabajadas a mano. «Son individuales y únicas. Por supuesto, dan mucho trabajo y necesito ayuda para montarlas, tanto por el peso como por las dimensiones». A propósito, exceptuando la cama, que es desmontable, el resto de las piezas deben transportarse en tráiler. «Como mínimo, tardo una semana en montarlas», precisa Claudia.

Mientras ella se ocupa de la «escultura física», Juan se hace cargo de la instalación, de la «visión de conjunto». Es decir, que cada uno tiene un área de trabajo. ¿Y cómo hacen para ponerse de acuerdo? «Como lo hace todo el mundo, a base de discusiones». Pese a que son una pareja, la reconciliación de sofá adquiere aquí un significado distinto. «No podemos quedarnos con una solución a medias, porque cometeríamos un error. Es importante que lleguemos a un punto en que los dos estemos satisfechos con el resultado», concluyen.




 
 
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