«Simplemente hablamos de las cosas que nos rodean
y nos afectan en cierta medida. Sólo pretendemos
dar nuestra opinión crítica con los tiempos
en que nos toca vivir. Si esto es o no político
es algo que no nos incumbe. No estamos aquí para
convencer a nadie de nada». Con semejante contundencia
explicaba el cantante RJ la actitud de la banda de Vilanova
i la Geltrú a propósito de la publicación,
hace dos años, de su primer largo, Le red soul
communité. Un disco grabado en cuatro días,
con todo el grupo tocando en directo, que vino a suponer
una auténtica sacudida a la escena del rock underground
en España. Los cuatro hermanos no carnales que
conforman la banda adoptaron el apellido artístico
Sinclair, sin duda como homenaje a John Sinclair, el
manager de MC5, una de las formaciones más excitantes
del rock de los setenta, además de activista
político comprometido con diversas causas, entre
ellas la de los Panteras Negras. «Efectivamente,
nuestros pseudónimos son nuestro pequeño
homenaje a una persona que para nosotros tiene cierta
importancia como es John Sinclair, activista político,
manager, productor, poeta y filólogo. Una persona
que aparte de activista político, consiguió
que un grupo apareciera de la nada y convertirlo en
todo una leyenda como fueron los MC5». Para colmo,
el disco llegó hasta sus manos y obtuvo su bendición.
«Nos felicitó, sorprendido. No entendía
que en un lugar como España se acordaran de él
de esta forma».
ALMA NEGRA
Pero si Le red soul communité supuso
un auténtico revulsivo para la escena independiente,
también en parte gracias a que por fin aparecía
en nuestro país alguien a quien encuadrar dentro
del movimiento del nuevo rock encabezado por White Stripes
o The (International) Noise Conspirancy, esa misma relevancia
fue la que brindó en bandeja los motivos para
la sospecha. Aquí es que somos así. Que
si no aportan nada nuevo, que si no será para
tanto, que si la pose no deja ver la esencia. A los
componente de Tokyo Sex Destruction todo eso les interesa
entre poco y nada. «La música es algo demasiado
grande como para ceñirse a etiquetas o a momentos
apropiados, es algo que te acompaña durante tu
vida y que aparece de forma natural. No me importa si
aportamos algo nuevo o no, nuestra música no
pretende ser innovadora. Sólo es música
hecha con el corazón, sincera y honesta».
Sea como fuere, lo que estaba claro es que el segundo
disco de Tokyo Sex Destruction iba a ser mirado con
lupa. ¿Flor de un día o grupo sólido?
¿Hype o grata realidad? La reciente publicación
de Black noise is the new sound! no deja resquicio a
la duda: Estamos ante una de las bandas más excitantes,
poderosas y apasionantes no sólo de la actualidad,
sino también de los últimos 10 años
en nuestro país. Y si eres coleccionista de similitudes,
mejor busca las siete diferencias entre Interpol y B-Movie;
las de The Faint con el mismo grupo; las de Dogs Die
In Hot Cars con Talking Heads; las de Franz Ferdinand
con XTC -ésta también vale para los anteriores-
o la similitud vocal del cantante de The Dears con el
invisible Morrisey. Ahora encuentra tu exclamación
favorita y suéltala cargado de razones. Ojo,
todas las bandas citadas, en mayor o menos medida, son
de mi agrado.
Bien, ¿qué ofrece Tokyo Sex Destruction
en su nuevo álbum? Pues 11 nuevos trallazos de
soul-punk, con el alma negra y con algunos aspectos
acaso ligeramente más setenteros que en su anterior
entrega, como en el caso de Two years ago -¡menuda
voz se gasta Raúl!-, con demostración
de sus posibilidades melódicas (Birds on the
velvet roof), de lo eficaces que resultan cuando se
encierran en el garage -The new sound (in the black
religión) podría ser la resurrección
de los Sonics- y, en definitiva, de lo bien que manejan
las claves del verdadero rock and roll. Por cierto,
en mi copia del disco y supongo que en todas, una vez
acaban once cortes, se repiten juraría que en
versión mono. Es igual, lee bien estas cuatro
palabras: no te los pierdas.