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We are scientists

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TEXTO: J. OLARTE


Grupos como The Strokes, Interpol, The Rapture o Radio 4 lograron que el rock del nuevo milenio basculara hacia Nueva York propiciando indirectamente un apogeo de la nueva ola tardía y el post punk, que encontró su respuesta en Gran Bretaña con bandas como Block Party, Mäximo Park, Futureheads, Artic Monkeys o Franz Ferdinand. En esa órbita se mueven We Are Scientists, trio básico americano de origen pero con una querencia británica que explica su repentina popularidad en el Reino Unido.

Michael Tapper (batería), Chris Cain (bajista) y Keith Murray (guitarra) formaron hace cinco años el grupo en Los Ángeles. Reubicados en Brooklyn, se curtieron en la subterraneidad neoyorquina a base de bolos en los que fueron vendiendo sus tres primeros Eps autoeditados. Comenzaron a ser un secreto a voces y la industria empezó la puja por hacerse con sus servicios.

Tras una actuación triunfal en el festival South by Southwest, el trío se ligaba a la multinacional Virgin, que, tras el exitoso single de adelanto ‘Nobody move, nobody get hurt’, editaba ‘With Love and Squalor’, opera prima más lúdica que artie basada en inmediatos temas de post punk catárquico aliñados con energía guitarrera y estribillos adhesivos.

En la estela de unos Franz Ferdinand con los que ya han coincidido en sus constantes bolos por el Reino Unido, ya opositan a ser una de las bandas triunfadoras del año. «No estaría mal; a lo mejor nos pasa como a Kaiser Chiefs, a los que hace sólo año y medio casi nadie conocía», bromea desde Frankfurt el guitarrista, compositor y cantante por momentos émulo de Morrisey Keith Murray, en un lapso de la intensa gira europea que parcialmente han compartido con los propios Chiefs.

Gracia y ambigüedad

-Sois californianos, os habéis dado a conocer como grupo desde Nueva York, pero tenéis un sonido muy británico.

-Sí, es curiososo. De hecho, desde que las cosas comenzaron a funcionar, hemos tocado tanto en Inglaterra que mucha gente en EE UU cree que somos una banda británica. Tras graduarnos en la Universidad de Los Ángeles, nos mudamos a Berkeley (California) y luego decidimos irnos a Nueva York. Mis abuelos tenían una casa allí y pensamos que podíamos intentarlo. De alguna manera, comenzamos allí, así que supongo que somos más una banda neoyorquina de la costa oeste, pero tampoco nos consideramos parte de la escena neoyorquina, porque siempre hemos ido un poco a nuestra bola. Tenemos muchos amigos en bandas, pero no estamos integrados en ninguna movida específica de la ciudad.

-Tampoco os sentís ligados al revival post punk que han propiciado Franz Ferdinand y compañía.

-No nos vemos como parte de ninguna escena, moda o movimiento. Hacemos lo que hacemos y luego es la gente y la crítica los que buscan conexiones y nos incluyen en tal o cual revival o junto a ciertas bandas. Conozco a la mayoría de los grupos con que nos comparan y tenemos una gran afinidad con gente como Kasier Chiefs o Franz Ferdinand. No estamos tan obsesionados por el baile como ellos, sólo lo consideramos un efecto secundario de nuestra música, pero es un cumplido que nos comparen porque nos parecen geniales.

-En el sentido del humor y la ironía, sí que coincidís. No hay más que ver vuestra web.

-Somos tíos con mucho sentido del humor y de la ironía, y eso se refleja en la música y en lo que hacemos, porque es parte de nosotros. Se supone que la música debería ser divertida, aunque algunas bandas se empeñan en lo contrario y se toman el pop demasia- do en serio. Lo que está bien, porque también hay gente a la que le gusta ese aire dramático, pero nosotros somos abiertos y espontáneos, no podemos prescindir del humor. Es parte de nuestra personalidad, así que está presente en nuestra web o en mis letras. Me gusta que tengan gracia, pero también una cierta ambigüedad, para que quien las oiga no sepa a qué se refieren o pueda sentirse identificado. Aunque, por lo general, los aludidos de verdad suelen saberlo (risas).

-¿Cómo fueron vuestros inicios? ¿Provenís de familias musicales?

-Como los de cualquier otra banda, supongo. Michael, Chris y yo conectamos en la universidad, compartíamos intereses y decidimos formar una banda. En mi familia no ha habido músicos o gente que tocara algún instrumento, pero la música siempre ha estado presente. Mis padres eran los típicos hippies de los sesenta enganchados a Crosby, Stillis & Nash, Janis Joplin, Dylan, The Band o los Beatles. Así que en mi casa siempre sonaba música, la suya o la de mi hermana mayor, que tenía una buena colección de discos de grupos de hard metal y bandas de los ochenta. Crecí escuchando un poco de todo eso.

-¿Fueron duros vuestros comienzos neoyorquinos?

-Sí, nos tiramos tres años tocando mientras teníamos otros trabajos al margen de la música. Es un lugar difícil para comenzar, porque tienes la competencia de muchas bandas extremadamente buenas. Nuestros primeros conciertos fueron un poco caóticos, pero, como todos, practicamos en la oscuridad más absoluta y, a base de tocar, fuimos encontrando nues- tra vibración y haciéndonos un hueco. Un momento clave fue cuando logramos por fin tocar y llenar un lugar crucial de la escena neoyorquina como el Bowery Ballroom; hasta entonces, mirábamos eso del éxito con bastante excepticismo. Lo curioso fue que comenzamos a tener reconocimiento en nuestro país casi al mismo tiempo que en el Reino Unido.

Apasionados o enfermos

-¿Qué hicísteis para convencer a Virgin de que podíais ser una buena inversión?

-Nada especial, supongo que les gustamos al ver en nosotros una banda muy segura de lo que hacía porque, si llevas cuatro años tocando en Nueva York sin comerte nada, o estás muy apasionado por lo que haces o completamente enfermo. Les debieron de gustar nuestras primeras demos y la energía de los directos. La conexión con Virgin es sobre todo personal; hay personas en la compañía a las que conocemos y con las que compartimos el deseo de consolidar la relación que tenemos con ellos. Hay expectativas en torno, pero nunca hemos sentido que tengamos que estar a determinado nivel comercial para sentir que hemos tenido éxito. Para nosotros, estar en nuestra posición ya es un triunfo.

-¿Cómo trabajáis? ¿Llevas, como compositor, también la voz cantante?

-No tenemos una metodología especial, depende de la inspiración del momento. Normalmente, escribo una canción de la que me siento orgulloso y luego se la llevo a Michael y Chris, que la cambian o la destrozan y, por lo general, la hacen más interesante, así que el resultado es obra de todos. Puede que no nos tomemos en serio a nosotros, pero sí nos tomamos en serio la música. Tener gustos e intereses diferentes ayuda a que el resultado sea mejor. A mí me gustan, por ejemplo, las canciones más bien sencillas, y Michael se encarga de enredar los arreglos. A veces ese choque de sensibilidades genera tensiones, pero logra que hagamos canciones de pop que van por terrenos inesperados.

-El título de vuestro primer single, ‘Nobody move, nobody get hurt’, coincide con el de un clásico del Dj de reggae Yellowman. ¿Casualidad?

-Sí, lo conocemos, pero no ha sido una referencia, sino una coincidencia divertida que tiene un desarrollo dramático, ya que ambos son igualmente feos (risas) y políticamente incorrectos. Los títulos de nuestras canciones no siempre tienen una relación directa con sus letras, los elegimos porque nos gustan como eslogan.

-Si no os asimilais al nuevo post punk, ¿en qué sección deberíamos ubicaros?

-Estaría bien que nos metieran en la sección de r’n’b o hip hop, pero creo que no sería correcto. No lo sé, despues de todo, somos una banda de rock. Personalemente, me gustaría estar en la misma categoría que Velvet Underground, Ferdinand y Devo, sería una buena compañía. G




 
 
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