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ANDRÉS LEWIN

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NO TENGO NADA DE PROVOCADOR’’

TEXTO: JOSU OLARTE


acido en Buenos Aires, aunque madrileño de corazón y de adopción, Andrés Lewin se ha convertido, a su pesar y con permiso de un Juan Sinmiedo «que se negó a salir en la revista ‘Zero’» en el primer cantautor abiertamente gay. Una historia explícita de amor entre chicos (‘Javi y Pablo’) y una incitación a salir del armario (‘Vuela’) le han catalogado como trovador homosexual de la era de Internet («me comunico a través de la Red, hago mi página y participo en foros y ‘chats’, pero no soy el típico ‘freakie’», matiza). Andrés habla sin tapujos, pero huye de clichés y dice aspirar sólo a emocionar con canciones construidas a partir de historias cotidianas, reflexiones íntimas, voluntarismos o sentimientos personales.

Composiciones deudoras de Calamaro, Aute o Silvio Rodríguez, a quien descubrió a través de Mercedes Sosa y cuyo ‘Mano a mano’ (álbum en vivo grabado junto a Aute) le animó a coger una guitarra y componer. El productor de aquel disco, Gonzalo Lasheras, ha acabado dirigiendo, junto al teclista Tito Dávila, ‘Agencia de viajes Andrés Lewin’, un estimable debut que se ha autoeditado a través del sello Sustanzia Records.

Una ‘opera prima’ grabada con banda en la que Lewin ha concretado la ascensión subterránea que viene protagonizando desde que, hace dos años, comenzó a llamar la atención tocando en el circuito cantautoril madrileño, actuando en la fiesta del Orgullo Gay o incluyendo un tema de su primera maqueta en la banda sonora de la película de José Miguel Juárez ‘Casa de Brujas’.

Aguirre y Simancas

-Se te presenta como el primer cantautor abiertamente gay. ¿Algo que objetar?

-Sí, que yo nunca me he definido así. Todo viene de unos carteles que decían ‘El primer cantautor reivindicativo gay’. Un tío de la revista ‘Zero’ lo vio por Chueca y lo sacó. Pero mi disco no se puede reducir a éso; son los medios los que han potenciado esa etiqueta. Tengo, sobre todo, dos canciones claramente gays, una que habla de salir del armario (‘Vuela’) y otra de una historia de amor entre dos chicos (‘Javi y Pablo’). Son las únicas que pueden justificar lo de ‘reivindicativo gay’, pero yo no lo veo como nada exclusivista, porque son cosas que afectan, al menos, al 10% de la población.

-¿A qué se refiere la mayoría de tu repertorio?

-A historias personales, como la muerte de mi madre. Lo que ocurre es que, si hago canciones de amor -como todo el mundo-, obligatoriamente me tengo que dirigir a un tío. Pero no es nada político, ni de conciencia. Lo veo como algo natural, no tengo nada de provocador. Es, simplemente, una cuestión de honestidad.

-¿No consideras provocadores esos carteles en los que, en plenas elecciones, aparecías disfrazado de Esperanza Aguirre o de Rafael Simancas con lemas como ‘Otra forma de ser, otra forma de follar’?

-Eso sí, pero eran más una coña promocional que se le ocurrió a alguien que una crítica o provocación planificada. Y no me siento personalmente identificado con ellos. Sólo fue una campaña totalmente improvisada y sin intención política que funcionó muy bien. Hubiera sido fácil dar caña al PP con la cuestión gay porque todos sabemos que tienen muchos que no han salido del armario, pero no iba por ahí. Sólo queríamos llamar la máxima atención posible con el poco dinero que teníamos.

-A diferencia del pop británico, en el que la ambigüedad o la homosexualidad es algo casi natural, en España, la imagen del artista gay está muy estereotipada.

-Yo no soy ambiguo, me niego. Siendo gay se vive mejor fuera, mostrándose lo más natural y sincero posible. Hay tantos tipos de gays como de personas, lo que ocurre es que la imagen del gay ha sido pasto de clichés por los medios, que han dado cancha a un tipo de homosexual muy concreto.

-Te gustan Aute y Silvio Rodríguez, pero dices tener poco que ver con los cantautores españoles al uso.

-¿A quiénes te refieres?

-A la ‘nueva’ hornada: Ismael Serrano, Pedro Guerra, Javier Álvarez, Tontxu Ipiña…

-Del único que me siento algo cercano es Javier Álvarez; supongo que porque es el más rarito. Yo no me considero cantautor, ni siquiera he escuchado a muchos; Silvio, Aute, Sabina, Albert Plá y poco más. Yo soy cantautor en el sentido más amplio. También considero cantautores a Marilyn Manson, Madonna o Prince. No me gusta que se me restrinja asociándome a una onda con la que no tengo nada que ver. Robe Iniesta, de Extremoduro, por ejemplo, es un buen cantautor con banda.

-Sin embargo, compones a la manera clásica desde pequeño.

-Clásica en el sentido de que lo hago con una guitarra que me regaló mi cuñada. A los ocho años, comencé a ir al conservatorio, pero hasta los dieciséis nunca aguanté más de dos meses seguidos porque me aburría. A mí lo que me gustaba era hacer canciones. En mi familia no hay antecedentes, aunque mi madre tenía una sensibilidad muy grande y de pequeño me cantaba canciones medievales, casi como juglarescas -‘Inés, Inesita, Inés’-, y hasta romances de letras superchungas que me marcaron, como ‘El enamorado y la muerte’.

Cosas del destino

-Llegaste a España muy pronto, pero mantienes un cierto punto argentino.

-Sí, porque, aunque llegué a Madrid a los diez años, he vuelto alguna vez a Argentina y gente como Calamaro o Fabulosos Cádillacs me gustan mucho. El rock latino, no; sólo los Fabulosos. De la canción de autor, prefiero lo que tiene de conmovedor, porque yo, lo que intento, es conmover en la medida de lo posible. A los once años participé en unos cursos de autorrealización y solían poner ‘Gracias a la vida’, de Violeta Parra, que me parece una de las mejores canciones en español de todos los tiempos. La escuché y fue como una revelación. Mi calidad de vida mejoró.

-¿Y eso?

-Me reconcilié hasta con mi padre, que nos abandonó de pequeños. Busqué la canción y la encontré en un disco de Mercedes Sosa en el que también había temas de Silvio. A partir de ahí, escuché el ‘Mano a mano’, que me pareció increíble porque combinaba melodías preciosas con letras trabajadas que te llegaban dentro.

-Y el productor de aquel disco, Gonzalo Lasheras, ha acabado produciendo tu debut.

-Sí, ha sido una bonita casualidad. Gonzalo me confirmó que él produjo el ‘Mano a mano’ con unos 30 años, y yo me dije: ‘Esto parece cosa del destino’.

-‘Vuelve’, ‘Sin billete de vuelta’, ‘Vuela’, el disco está lleno de canciones referidas a viajes o huidas personales.

-Ha sido buscado. Me puse a analizar las letras y vi que todas tenían referencias a evadirse o escapar. Por eso he llamado al álbum ‘Agencia de viajes Andrés Lewin’. N




 
 
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