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MARTHA WAINWRIGHT

CUESTIÓN DE GENES CUESTIÓN DE GENES CUESTIÓN DE GENES CUESTIÓN DE GENES

TEXTO: JOSU OLARTE


Martha Wainwright (Montreal, 1976) es una de esas artistas un tanto estigmatizadas por su nombre. Más en concreto, por un apellido que pasea con gran eco mediático su hermano Rufus, el autoproclamado ‘Mesias gay’. Pero la cosa no queda ahí, porque Martha es además hija y sobrina de artistas que en los 70 dejaron huella en el folk y la música americana de raíces. Su madre y su tía formaron el tándem campestre Kate & Anna McGarrigle, mientras que su padre es el reputado cantante y compositor Loudon Wainwright III, que abandonó a la familia al poco de nacer Martha. Este hecho la llevó a sublimar el rencor hacia su padre a través de un EP de título palmario ‘Bloody mother fucking asshole’ (04) (‘Maldito hijo puta gilipollas’), con el que debutó a los 28 años Martha ha relacionado su tardío estreno con algunos complejos de los que parece haberse liberado a juzgar por la portada de su último disco, cuyo llamativo título (‘Sé que estás casado, pero yo también tengo sentimientos) enfatiza mostrándose postrada en un sofá, cabeza abajo y con las piernas entreabiertas. «El listón familiar estaba muy alto y ello hizo que tardara en concretar mi vocación», ha dicho una Martha que iba para actriz.

Más favorecida que lastrada por sus genes, Martha se emancipó y comenzó a trascen der hace tres años con un primer disco homónimo de folk de corte clásico en el que, tras la simplicidad aparente, se revelaba como cantautora posmoderna dotada de un gran sentido del sarcasmo, una voz versátil y gran expresividad.

Cruda melancolía Martha ha ganado protagonismo y crédito personal homenajeando a Leornad Cohen o Syd Barret, acercándose al universo de su hermano al adaptar ‘Los siete pecados capitales’ de Weill y Bretch, o colaborando con Snow Patrol y Damon Albarn. Al mismo tiempo grabó con un elenco de divas como Annie Lennox, Dido, Isobel Campbell, KD Lang, Madonna o Faith Hill el single anti sida ‘Sing’. Con el terreno abonado y alternando el folk con excursiones por el pop, rock, country y versiones (Pink Floyd), Martha Wainwirght ha pasado este año la reválida. La hermanísima explota su ‘sex appeal’ y se rodea de gente con credenciales (Pete Townsend, Rufus, tía y mamá McGarrigle). Su ex, Brad Alberta, fi ltra en la producción ácidas referencias familiares, pero el combinado de melancolía y crudeza ocasional suena, a la postre, un tanto convencional. Un disco con ecos de afectación ochentera a lo Kate Bush y puntos de pop mainstream en la línea de Laura Branigan que no está a la altura de su debut, pero que probablemente gane emotividad en directo. M




 
 
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