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ST Germain
Raíces digitales

Texto: J. Olarte
30/11/2001

Que un artista surgido de la escena electrónica francesa se presente mañana en un recinto de primera división como el pabellón La Casilla y a un precio prohibitivo (4.000 del ala) habla bien a las claras del fenómeno creado en torno a un St Germain que, hace siete meses, ya logró abarrotar sus brillantes conciertos de Madrid y Barcelona con una curiosa fauna urbana. Actores y escritores de moda, directivos de la industria, músicos, personajes de la farándula, clubbers, amantes de la buena música y advenedizos varios provocaron la hilaridad de los snobs que, poco antes, le consideraban lo más y alababan su trayectoria previa. En fin, lo habitual en hypes musicales de todo tipo.

Pionero del dance galo más chic y epítome del baile cool, Ludovic Navarre defiende mañana en Bilbao su álbum ‘Tourist’. Máquinas y una banda de primera al servicio de su visión jazzy y electrónica de la música negra

Más de uno se sentirá también mañana afectado de ese típico complejo de exclusividad cuando St Germain recree en Bilbao ante una audiencia más que respetable su último trabajo, Tourist, un álbum muy recomendable que, año y medio después de su publicación, aún sigue siendo para muchos una novedad a descubrir.

Pero, ¿de quién hablamos? Primero digamos que Ludovic Navarre, que así se llama el personaje que se oculta tras St Germain, no es un artista de fácil clasificación. Tiene background electrónico, pero no es un dj. Tampoco se considera músico. «Obtengo mejores resultados con el ratón del ordenador», asegura. Estamos ante un tipo con un incuestionable talento e intuición para adaptar su memoria musical (Ludovic creció escuchando música negra de todo tipo: jazz, funk, r'n'b, reggae…) a las pistas de baile de los clubes con pulso orgánico.

Un batido
De entrada, St Germain no ha inventado nada. Su fórmula es un batido de baile humanizado y cadencioso, en el que pasa la elegancia y la sutilidad por el tamiz refinado de una electrónica que bebe continuamente del glorioso acerbo musical negro, tirando de samplers de incunables discos de dub reggae o rescatando, vía sampler, a leyendas como John Lee Hooker, Miles Davis, Marlena Shaw o el gran guitarrista jamaicano Ernest Ranglin.

Al margen de grupos que miran bajo prisma similar, como los excelentes Red Snapper, hay que decir que no estamos ante una tendencia nueva. En realidad, el embrión de la fusión sin prejuicios del jazz más cool con la música de baile viene detectándose desde mediados de los ochenta. Primero, con el pop soul jazzy de Style Council, Working Week, Floy Joy; después, con el acid jazz promovido por el dj y productor revivalista Gilles Peterson; y, más tarde, con su resaca digerida a través del sello Talking Loud. Esta discografía favorecería a la postre la aparición de drum’n’bass jazz de 4 hero y Roni Size y la consolidación de una caterva de independientes jazzies como Soul Jazz, Tongue & Groove, Hip Bop o Mo Wax.

Aunque sea pionero del llamado del dance galo más chic y sus primeros trabajos en clave de house hayan abonado el terreno para los Daft Punk, Dimitri From Paris, Modjo, Air, Cassius y compañía, St Germain se ha alejado progresivamente de la música electrónica. De hecho, considera que el panorama del techno está demasiado dominado por «la demagogia, el dinero fácil y el cinismo».

Navarre habla con conocimiento de causa. No en vano, comenzó hace una década lanzando, bajo alias como Modus Vivendi, Deep Side, Soofle, Nuages o DS, una serie de Eps de electrónica en sellos reputados como F Communications (Laurent Garnier). «En aquella época, los ritmos de techno se tocaban siempre a 150 bpms; parecía que esa velocidad se había impuesto casi a la fuerza. Así que, para diferenciarme, comencé a tomarme todo de una manera más lenta».

Liberar la creatividad
Fue entonces (verano del 95), cuando St Germain lanzó su aclamado Boulevard, álbum que ya incluía todas las claves de Tourist y que situó al recién llegado Ludovic a la altura de Goldie o la estrella de nu soul D'Angelo, con quienes compitió en los dance Music Awards de aquel año. El tiempo ha convertido el disco en un clásico contemporáneo, despertando incluso un buen número de imitadores. Porque samplear a viejos bluesmen para construir piezas contemporáneas –Alabama Blues o Rose Rouge– era algo que Ludo ya hacía cuando Moby aún le daba al trash.

El éxito (más de 200.000 copias) sorprendió al propio Ludovic. «Creía que algo así no interesaría a nadie y llegué a pensar en dejar la música. Creo que, de alguna manera, ‘Boulevard’ ayudó a liberar la creatividad. Aunque yo no tengo que ver con ellos, justo después surgió toda la moda de techno francés», explica.

A partir de entonces, St Germain radicalizó incluso su crisol de techno, jazz, blues, dub, latin, funk y house incorporando músicos en directo. «Necesitaba un cambio, quería explorar todas las posibilidades de la música que estaba haciendo». Colaboró con Boy Ge Mendes y el pionero de la protoelectrónica Pierre Henry y, finalmente, encontró los músicos que le ayudarían a lograrlo en un grupo de jazz de Laye.

Su propuesta despertó la atención de la filial francesa del mítico sello de jazz Blue Note, que, a mediados del pasado año, lanzó Tourist, álbum planteado como una panorámica turística de distintas formas de música negra en clave electrónica. Fue grabado jun- to a Pascal Oh- sé (trompeta), Edouard Labor (saxo y flauta) André Destrez (teclados), Idrissa Diop (Talkin Drum) y Edmondo Carneiro (percusión), que le acompañan en vivo desde entonces.
Porque en vivo, la propuesta de St Germain está más cercana a una jam de jazz que a una sesión de música electrónica.

Parapetado tras sus seis músicos (guitarra, teclas, percusiones, metales, todos ellos negros) y con el sampler y la pulsión del house como engrudo, Ludovic dispara el esqueleto de piezas groovies como So flute, Montego bay Spleen, Sure Thing o Rose Rouge, que su banda hace evolucionar aliñando el dub con el jazz, el rhythmn & blues con el funk, el soul con los latin beats o el funk con los aires brasileños. En suma, un maridaje intoxicante y sensual de máquinas e instrumentos, de raíces y modernidad, a la que mañana se podrá asistir en Bilbao a las 21.00 horas con un aperitivo sorpresa.

 

    

 

        


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