Sade
En
cuerpo y alma
Texto: Josu Olarte
25/11/2000
El tiempo no ha
pasado por Helen Folsade Adu. A sus 41 años, la cantante
conserva su serena belleza y un recelo hacia el ojo público
muy acorde con el tono íntimo y melancólico de
su música.
Tras
ocho años de retiro, la elegante diva nigeriana regresa
con Lovers rock, un nuevo álbum fiel al sentido
soulero
y jazzy del pop |
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«Decidí
tomarme un tiempo para vivir mi propia vida con tranquilidad
porque, cuando me estoy grabando o pensando en canciones, no
puedo concentrarme en nada más», dijo
esta semana durante su efímero paso por Madrid, donde
demostró su conocida renuencia (entrevistas testimoniales
compartidas y nada de fotografías) hacia los medios, incluso
en épocas promocionales.
Y es que Sade está en las antípodas de esas artistas
de plástico que cortejan a las cámaras y luego
reclaman con celo su privacidad. Tras casi dos décadas
de trayectoria artística, en las que ha vendido más
de 40 millones de discos, la sensual vocalista de origen nigeriano
acaba de lanzar su quinto álbum, Lovers Rock, un
trabajo que cierra un silencio discográfico de ocho años,
paliado únicante con la edición en 1994 del recopilatorio
Best of Sade.
El panorama ha cambiado bastante desde que lanzara su estilizado
epílogo musical Love Deluxe. Pero éxitos
como Smooth operator, Your love is king, No
ordinary love o Sweetest taboo no han dejado de sonar
en la radio y han soportado bien el paso del tiempo. «Es
algo que no deja de sorprenderme, porque lo hicimos con una mentalidad
pop; nunca pensamos que pudiera ser duradero o comercial».
En la educada parquedad de Sade se adivina que volver a promocionar
un disco no debe ser lo más grato para una artista que
todavía recuerda la huella dejada en su vida personal
por el abrumador éxito de Diamond Life, un álbum
grabado en sólo cincuenta horas y que permaneció
casi un centenar de semanas en las listas británicas y
más de ochenta en las americanas.
«Nos interesaba únicamente la posibilidad de
grabar y tocar nuestra música, así que todo lo
que vino después fue un verdadero shock. De
hecho, llegué a pensar en abandonar, en dejarlo todo.
Fueron mis músicos quienes me animaron a volver a meterme
en el estudio a grabar Promise. La música
funcionó como terapia».
Eran mediados de los ochenta, tiempos «neorrománticos»
en los que Sade emergió gracias a su elegancia, su
imagen y su estilo entre triste y sensual. La cantante, la ex
diseñadora, modelo y apasionada del viejo soul se convirtió
en figura crucial de un supuesto revival del pop jazzy del que
formaban parte, entre otros, grupos londinenses como Blue Rondo
a la Turk, Vic Goddar o Weekend.
Cuando habla ahora de sus músicos, Sade se refiere a Stuart
Mathewman (saxo y guitarra), Paul S. Denman (bajo) y Andrew Hale
(teclados), sus escoltas y guías desde sus primeros escarceos.
Ellos han vuelto a ser los responsables de sonido del nuevo álbum,
un disco fiel a un estilo marcado por el jazz, deudor de Nina
Simone o Cassandra Wilson, y el smooth soul americano.
Sade Adu y su banda han articulado nuevas dinámicas musicales.
El saxo de Mathewman ha sido sustituido por una producción
sutil y envolvente, sazonada con samplers y texturas inéditas
en la trayectoria de Sade, como los humeantes ecos de neodub,
que subrayan el espiritual texto de All about your love,
una de las mejores piezas del temario.
«Probamos con el saxo en algunas canciones, pero no
nos parecía muy apropiado, sonaba a producción
barata, así que decidimos experimentar con instrumentos
y sonidos contemporáneos». Nuevas texturas que
resuenan sin empañar la voz de Sade en temas sutiles,
espirituales y reflexivos como King of Sorrow, Somebody already
broke my heart, Flow o las concienciadas Inmigrant y Slave Song.
Remezclas obligadas
Canciones hermosas que, como siempre se le ha achacado a Sade,
sonarán bien en bares de diseño y vinotecas de
Kensington, pero con difícil cabida en las radiofórmulas.
De ahí que ya estén planeadas las obligadas remezclas,
como la que ya se ha hecho del primer sencillo, By your side.
El álbum de retorno toma su título del llamado
Lovers rock, la forma más melosa e impregnada por
el soul romántico del reggae. Esta influencia tiene más
que ver con la residencia de Sade durante varios años
en Jamaica que con el sonido de su nuevo trabajo. Allí
se exilió en 1993 después de divorciarse del director
de documentales Carlos Scola, con quien vivió sus años
dorados entre España y Londres.
En la patria de Bob Marley nació hace cuatro años
la primera hija de Sade, Lla, fruto de su relación con
el productor jamaicano Bob Morgan. Sin embargo, Sade no volverá
a la cuna del reggae, ya que aún pesa sobre ella una orden
de búsqueda por no personarse, hace dos años, en
un juicio por conducción temeraria.
«Un nuevo comienzo»
Eso y poco más se ha sabido de la discreta Sade durante
los últimos años. Hasta que comenzó a hablarse
de By your side, el estimulante tema de adelanto de su
último álbum, grabado parcialmente en España.
«No he dejado de cantar en casa, pero cuando mi hija
creció un poco, sentí la necesidad de volver a
un estudio de grabación. Creo que el disco es más
rancio e imperfecto, pero tiene la emoción de un nuevo
comienzo», confía.
«Todo fue surgiendo añade de la manera
natural y espontánea con la que hicimos By your
side. Hemos estado separados, viviendo unos en Estados
Unidos y otros en Europa, pero tenemos tanta sintonía
personal que no necesitamos estar cada día en contacto.
El camino recorrido hace todo más sencillo».
El retiro artístico de Sade ha servido a sus viejos compañeros,
Stuart Matheman, Andrew Hale y Paul Spencer, para consagrarse
como productores de soul contemporáneo. Su sonido envolvente
y abierto a texturas actuales como el trip hop o el neodub ha
resultado tan seductor como el que perfilaron durante más
de una década con Sade.
El trío cautivó a la estrella del neo soul Maxwell,
a quien produjeron sus dos brillantes discos Urban hang suite
y Embrya. Lo hicieron amparados en Sweetback, proyecto
con el que debutaron en el 96, un interesante disco homónimo
que venía avalado por cameos a cargo de figuras
del soul neoyorquino como Leroy Osbourne, Bahamadia, Amel Larrieux
(Groove Theory) o el propio Maxwell.
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