Las
mentiras
Vamos
a tocar un rock 'n' roll...
Texto: Jam Albarracín
23/12/2000
Coque Malla y Álex
Olmedo son Las Mentiras. Enunciado del todo apropiado para el
grupo de este par de aventureros del rocknroll, músicos
avezados y veteranos (por más que el ex Ronaldo apenas
roce la treintena) unidos para la ocasión y el disfrute.
Coque
Malla y Álex Olmedo, dos veteranos músicos del
panorama nacional, giran por España para interpretar en
directo versiones del rock de siempre. Próximamente estarán
en Cehegín. Santiago de la Ribera y Villena
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Ajeno
y propio, desde luego, pues armados de sendas guitarras y un
considerable bagaje, ésta parece su única pretensión.
Su repertorio, plagado de clásicos del rock, podrá
degustarse esta próxima semana en sendas actuaciones en
la Comunidad de Murcia.
En efecto, y sin olvidar sus respectivos proyectos en solitario,
Coque y Álex decidieron un buen día trasladar hasta
los escenarios lo que habitualmente solían hacer en casa.
Bien de regreso tras una noche alargada en compañía
de unos amigos, bien a solas a media tarde sentados frente a
unas hierbas favoritas. Por Sol o por Re, por Fa incluso. Y se
arrancaban con versiones de algunos de sus clásicos favoritos,
ora Space odity de David Bowie ora Dancing in the dark de Bruce
Springsteen; ora Dont think twice de Mr. Dylan ora Oh,
darling de los 4 Fabulosos de Liverpool. A la salida de un solo,
acaso certero o inspirado, parece que uno de ellos pronunció
las venturosas palabras: «oye, pues podíamos darnos
una vuelta por España haciéndonos unas salas».
Et voilà: el miércoles en Cehegín y al día
siguiente en Santiago de La Ribera. Un concierto sin duda agradable.
Álex Olmedo es un multiinstrumentista de reconocido prestigio
en los círculos madrileños. Músico de sesión
y apoyo en directo para numerosos artistas, Olmedo prepara ahora
lo que debiera ser su debú como La Naranja China, un proyecto
que él encabeza y con el que anda buscando discográfica
para editar su ya grabado elepé. Powerpop, rock setentero
y gotitas de psicodelia post british-invasion de buena factura.
RONALDINHO,
BALÓN DE ORO
Por su parte, hablar de Coque Malla nunca huelga, por muy conocido
que sea. Su irrupción en la escena fue casi un tornado.
De aquel primer arrollador single del 86, Si os vais (no volváis)
a Dónde estabais, una de las canciones de su primer trabajo
en solitario en el 99 (Soy un astronauta más), ha cambiado
bastante más de lo que sugieren los títulos. El
azaroso dios del éxito lo encumbró merecidamente
con apenas 16 añitos y ahora parece empeñado en
mostrarle el lado ingrato. Por más que las canciones de
su último disco (incluida la versión de la fenomenal
Rosas Motel de Las Ruedas) rayasen a un muy interesante
nivel. De acuerdo, siempre le quedará el cine, el teatro
o cualquiera de los proyectos en que suele gustar de involucrarse,
pero Coque ante todo es y se siente músico. La meridiana
prueba es la gira que ahora nos ocupa: tocar por el mero placer
de hacerlo. Quizás nuestro Ronaldinho no vuelva a alcanzar
el balón de oro (quizás sí), pero recuperadas
las rodillas de la duda, asegurar que volverá a brillar
no parece un vaticinio tanto como una certeza. Así acierta
hasta Rappel, oiga.
Los Ronaldos (87) fue un debú impresionante. Todo el mundo
cautivado ante frescura y desparpajo tal. Coque, los luises (Martín
y García) y Ricardo se convirtieron en la nueva sensación
del rock español. De los garitos de Malasaña a
los grandes escenarios gracias a su rock-pop arrollador e insolente
y a canciones tan impertinentemente irresistibles como Guárdalo,
Me gustan las cerezas, Eres fresca o Sí, sí, aquella
cuya letra encendió el ánimo de las feministas
más beligerantes por un quítame allá ese
texto canalla. Saca la lengua (88) no hizo sino aumentar ventas
y popularidad, no sólo gracias a aquel Adiós papá
de gloria inmediata. Portadas, champán y limusinas y,
de salida, un Sabor salado (90) de calado menor pese a (o quizás
a causa de) una producción dirigida nada menos que por
el Roxy Music Phil Manzanera. Cero (92) fue su momento de máximo
esplendor creativo. Pop psicodélico realmente logrado,
con textos un tanto surrealistas y un pulido final que les llevó
la friolera de siete meses de grabación. Cero no es tan
inmediato como sus discos anteriores, pero sin duda es donde
el grupo muestra su mayor talento compositivo, en temas como
Así no se vive bien, Esperando un milagro o Tú
verás. El Pet Sounds de Los Ronaldos y, junto con su debú,
su disco más recomendable. Déjenme decirlo así,
que a mí esto de calificar como imprescindible cualquier
disco, por bueno que sea, siempre me produjo un cierto sonrojo:
imprescindibles son la comida japonesa, el agua, el sexo y poco
más. Ah sí, y el amor.
Idiota (94) fue, como todos, otro buen disco. Más negro,
más funk, pero ya sin el singular Ricardo Moreno (hoy
puede vérsele con Mastretta, por ejemplo) en los tambores
y con un Coque más volcado en su carrera como actor. Pablo
Novoa, un colaborador tan habitual que casi era un Ronaldo más,
también se marcha con Ricardo y de algún modo el
fin comienza a vislumbrarse. El epílogo a la brillante
trayectoria de Los Ronaldos lo puso Quiero que estemos cerca
(96), un muy flojo directo que no hace justicia a uno de sus
mejores argumentos, su capacidad de transmisión escénica,
y que constituye un inmerecido broche final a una carrera altamente
estimulante.
Supongo que Coque Malla entregará más discos como
solista, pues ni hay quien le pare ni parece sencillo que a estas
alturas pueda parapetarse y repartir responsabilidades tras una
banda que no sea a nombre propio. Sea como sea, sea cuando sea,
habrá que prestar los mejores oídos para su escucha.
Ronaldinho es un as y de éstos no salen muchos. Mientras
tanto, disfrutaremos de su mano a mano: con Álex Olmedo
(Las Mentiras) y con el mismo rocknroll, ése
que casi le dio biberones hasta hacerle crecer alto (no tanto
en centímetros). Y el balón de oro, pues que se
lo den a La Oreja de Van Gaal. ¿O era de Serra Ferrer?
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