The
Frank and Walters
En
el nombre del pop
Texto: Jam Albarracín
25/02/2001
Tomaron
su nombre del de dos peculiares homeless de su ciudad natal,
Cork, y también de algún modo el de los irlandeses
The Frank and Walters ha sido una suerte de vagabundeo por las
glorias y miserias del pop británico de la pasada década.
Que nadie me malinterprete, algunas de sus canciones han quedado
marcadas en la memoria colectiva del indiepop de los noventa
si bien su trayectoria, un tanto errática, les permitió
mirar de cerca al éxito para que al fin éste siempre
acabase por retirar su veleidosa mano.
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Glass,
publicado a finales del año pasado, añade algunas
bases programadas y ramalazos festivos al pop equilibrado y agradable
de esta veterana banda de músicos irlandeses |
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Poco
importa, el suyo es pop de calidad y buena factura, como podrán
comprobar quienes mañana asistan a su concierto en Santa
Pola, acompañados por los muy interesantes Satellites.
Decía lo anterior recordando su poderosa irrupción
a principios de la década cuando, armados de estribillos
incendiarios y una cierta actitud anti-estrella, The Frank and
Walters parecían encaminados a ser una de las más
relevantes bandas británicas de los noventa. Sus cuatro
iniciales EPs, recopilados posteriormente en su primer largo,
el notable Trains, boats and plains (1993), mostraban a un grupo
vigoroso y con argumentos del peso de This is not a song, After
all, Walters trip o Fashion crisis hits New York. Por entonces
eran teloneados por grupos igualmente incipientes como Suede
o Radiohead y un chico que ya andaba necesitando un depilado
entre las cejas iniciaba su meritoriaje ejerciendo como roadie
suyo. El propio Noel Gallagher ha declarado recientemente en
una entrevista a la revista Mirror que sin esa etapa como pipa
de The Frank and Walters tal vez nunca se hubiese decidido a
montar Oasis.
Pero más allá de la razonable duda de si debiéramos
agradecer o reprender al grupo irlandés por este hecho,
lo cierto es que la banda formada por Paul Linehan (voz, bajo),
Ashley Keating (batería, loops) y Niall Linehan (guitarra)
pareció dormirse en los laureles de su reconocimiento
independiente. O vaya usted a saber, pero la realidad es que
no fue hasta casi cinco años más tarde cuando regresaron
con un nuevo álbum, Grand parade (1997). Un par de EPs
fechados el año anterior (más uno con canciones
exclusivas para el sello español Elefant) no parecían
un gran bagaje, máxime cuando apuntaban lo que efectivamente
demostró su segundo larga duración: que esa peligrosa
dama llamada madurez había hecho acto de presencia en
las vidas de nuestros irlandesitos ácidos. Un trabajo
lírico y bonito que, no obstante, no satisfizo plenamente
tras tan larga espera, pese a canciones como Colours o Indian
Ocean.
Beauty becomes more than life (1999) fue su tercer álbum.
Sin tantas expectativas previas, el disco reveló a unos
The Frank and Walters en su papel de buenos creadores de canciones
de pop equilibrado y agradable. Paso previo a su flamante nuevo
trabajo, de título Glass, publicado a finales del año
pasado y que añade algunas bases programadas y ramalazos
festivos. Tal es el caso de la canción que ha sido extraída
como sencillo, Underground, que casi podría encuadrarse
dentro del europop. El disco es muy interesante y, que nadie
se alarme, sigue siendo puro pop, más allá de sus
tímidos coqueteos con la electrónica. Tal como
demuestran en la melancólica New York o en la notable
ahora sí, con loops y cierta épica británica
ochentera Isnt time, mi preferida del disco junto
al single. Además, los Franks aseguran detestar a esos
grupos que en directo no tocan sus primeros hits, así
que la satisfacción parece garantizada.
E insisto, atención a los mallorquines Satellites, un
grupo realmente interesante, con dos notables álbumes
editados (el último, Our very bright darkness ha sido
grabado en Nueva York y está obteniendo excelentes críticas
también más allá de las fronteras estatales)
y un cantante, Jordi, con personalidad y carisma. |