LA PORTADA

ESPECTÁCULOS

CINE

MÚSICA

LITERATURA

EXPOSICIONES

VARIOS

CURSOS

CONCURSOS

RUTAS

REPORTAJES

MÚSICA

Antonio Vega
"No soy lo que parezco"


Texto: J. O.
05/03/2001

Necesito vivir intensamente», aduce Antonio Vega para justificar su limitada producción en solitario. Tres discos en una década hablan del carácter vulnerable, evasivo, ciclotímico y sensible de quien es, con justicia, uno de los compositores más destacados y, al mismo tiempo, irregulares del pop español. La crítica y un sector fiel de público se han rendido siempre ante la impronta de este compositor (que no cantautor como él puntualiza) melancólico, taciturno y terminal, el sello que acompaña a Antonio desde que se lanzó en solitario.

El ex Nacha Pop decide conjurar la melancolía. «Ahora quiero disfrutar el presente», asegura

Después de más de dos décadas de andadura artística y vital, su cuerpo y la voz trémula reflejan las secuelas de secretas y confesas tormentas personales, pasiones y excesos.

Un deterioro físico y anímico agudizado por una indisimulada relación con las drogas que, no hace mucho, hasta provocó un prematuro disco de homenaje, Ese chico triste y solitario, a un intérprete al que muchos daban ya por acabado. Antonio se sabe músico de culto, categoría que le da a uno permiso para grandes ausencias o respiros artísticos.

Conciertos separados en el tiempo y colaboraciones puntuales en discos colectivos (Tatuaje, A tu lado) o particulares (Jarabe de Palo) han sido los únicos testimonios recientes de la vigencia artística de Antonio Vega. Ahora, tres años después de su anterior entrega, Anatomía de una ola, el autor de Chica de ayer ha roto su silencio discográfico y refrendado su cambio de casa con De un lugar perdido (Chrysalis). Un álbum lleno de visiones íntimas de la infancia, el amor y una vida que le aboca hacia una madurez contra la que se rebela desde sus 44 años.

De un lugar perdido es una colección de canciones y poemas delicados, tenues y a la altura de lo que se espera de un artista permanentemente abocado al drama y la catarsis existencial, un trabajo breve (diez temas y poco más de media hora) y lastrado por una producción un tanto standard de su viejo cómplice Nacho Béjar.

Pese a tu actitud, el disco parece positivo, casi optimista por momentos.
Marca la continuidad en una línea muy positiva que empezó con Anatomía de una ola, y que es fruto de mi estabilidad a todos los niveles. Refleja la recuperación de la ilusión y la tranquilidad que dan el paso del tiempo y el hecho de encontrarse a gusto con uno mismo. Hay poca ambigüedad y bastante coherencia entre los textos y las músicas. Tengo una gran fe en estas canciones.

Tienes 44 años, pero escribes canciones como ‘Ser Chaval’. ¿Encaras la madurez con optimismo?
Lo de la edad es muy curioso. Me dicen la que tengo y casi no me lo creo, pienso que tiene que haber algún error. Aunque a veces me avergüence, sigo manteniendo comportamientos infantiles. Me gusta reivindicar el hecho de ser o sentirse joven. Esa canción me sirve para recordar que todos tenemos un niño dentro y para cuestionar el concepto de madurez. Me preocupa el futuro, pero no me obsesiona. Pensar en él demasiado nos impide a menudo vivir el presente, que es lo que yo quiero disfrutar ahora.

Sorprende que siendo tan introvertido y reservado te muestres tanto en tus canciones. Muchas parecen autorretratos.
A menudo lo son. No puedo evitar medir mi clima personal interno al componer. La música me permite hablar de cosas de las que, de otro modo, no sería capaz. Es un ejercicio a veces duro. Tengo que saber guardarme siempre para mí lo esencial, siendo al mismo tiempo sincero.

Esta vez has hecho tuyos los versos de Antonio Gala en ‘A trabajos forzados’.
Normalmente pongo letras sobre arreglos musicales. En esta ocasión he partido de un texto que adapte hace dos años para un disco de Clara Montes. Un soneto bellísimo que, cuando lo canto o lo escucho, lo siento irremediablemente como mío. Me gustaría saber la opinión de Gala, pero le tengo tanto respeto que no me he atrevido a pedírsela.

¿Te hace justicia la imagen autodestructiva que se tiene de ti?
Puede que yo haya contribuido, pero no me he dedicado a forjar un personaje más o menos dramático. El inconformismo conmigo mismo me ha llevado a las drogas y a etapas autodestructivas, aunque muy afectivas al mismo tiempo. Se pasa por muchas fases en la vida y hay que aprender a sacar tus conclusiones de cada una de ellas. En todo caso, la gente que me conoce no tiene una concepción sobre mí tan pesimista. No soy lo que pueda parecer: me considero una persona sociable y con bastante sentido del humor.

¿Sabías que la película nominada a los Oscar ‘Amores perros’ ha puesto de moda a Nacha Pop en México?
Sí, han incluido el tema Lucha de gigantes y parece que se ha hecho bastante popular. Creo que un grupo chileno (Fiebre) ha hecho una versión, pero no la he oído.

Habrás escuchado la versión de ‘Chica de ayer’ que hicieron Gigolo Aunts, ¿no?
Sí, y me encantó. Fue una traducción literal muy fiel. Le dieron un toque mas garajero que me gusto mucho.

¿Te incita a mirar atrás?
Sí, pero no con nostalgia o añoranza de un tiempo determinado.

Tienes más conexiones cinematográficas. Participaste en la película ‘Shaky Carmine’ y Nacha suena también en ‘Báilame el agua’.
Me gusta asociar mis canciones a paisajes e imágenes. Creo que tienen ese matiz descriptivo, pero mis relaciones con el celuloide no son precisamente afortunadas. La calidad de las películas que han utilizado mi música no es excesiva y de mi aparición en Shaky Carmine, mejor no hablar.

No te gustó tu disco de tributo, pero has participado en el homenaje a Enrique Urquijo.
Aquello tenía un matiz póstumo que no me agradaba. Ahora he participado en un plano más sentimental, como recuerdo a un amigo. No podía faltar en ese disco, y lo mejor que he podido hacer es darlo todo de una manera alegre y positiva, tal y como a él le hubiera gustado.

Llegaste a grabar con su grupo Los Problemas. ¿Qué relación tuviste con Enrique?
Sí, canté en Desordenada habitación. Tuve una amistad estrecha, una relación sincera y de confianza total, nos contábamos nuestras cosas con toda franqueza. Mantenía una afinidad a todos los niveles con él. Era una persona con una madurez musical envidiable y con una personalidad como pocas. Poseía un gran corazón y sensibilidad. Tendía a la depresión, pero luchaba por entusiasmarse con la vida.

 

    

 

        


© La Verdad Digital S.L.
C/ Camino Viejo de Monteagudo, s/n. 30160 - Murcia.
Teléfono: 968 36 91 00. Fax: 968 36 91 11
lectores@la-verdad.com