Café
Quijano
"Somos
latinos heterodoxos"
Texto: J. Olarte
05/05/2001
Comenzaron
en un bar de León como boleristas abiertos a la música
afrocubana y a toda la tradición melódica mexicana,
un universo en el que fueron introducidos por su padre, un ferroviario
apasionado por la música, que alternaba su trabajo en
la Renfe con las verbenas de su orquesta, una academia de guitarra
y un negocio de hostelería.
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El
trío de los hermanos Quijano presenta su ambicioso nuevo
álbum, La taberna del Buda. «Proponemos
un sonido diferente», aseguran |
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Hace tres años debutaron con un romántico disco
homónimo que se vendió razonablemente. Después,
se calzaron largos trajes habaneros de tres piezas y dieron la
campanada con La Lola, una pieza impulsada por una guitarra rockera,
que elevó hasta el medio millón de copias las ventas
de la Extraordinaria paradoja del sonido Quijano, álbum
que les propuso para todos los galardones posibles, incluida
una nominación a los Grammy en la categoría de
«mejor álbum latino del rock alternativo».
A su padre e «instructor musical» le dedican ahora
su nueva entrega, que enfrenta las guitarras con las percusiones,
los metales y las armonías, infectando el latido afrolatino
con la energía del rock. Tras grabar con el rey del bolero
blandiblú Armando Manzanero, y acompañar a Inés
Sastre en Torrente 2, Manuel compositor principal de 33
años, Óscar (31) y Raúl (29) se fueron
a los estudios West Lake y pusieron sus canciones «de apariencia
sencilla» en manos del productor Humberto Gatica (Michael
Jackson, Celine Dion) y el arreglista vocal Kenny O'Brien (Christina
Aguilera, Luis Miguel).
Además, contaron con un dream team de músicos de
estudio formado, entre otros, por el batería Vinnie Colaiuta,
el bajista Abram Laboriel y el guitarrista Michael Landau, que
han acompañado a Michael Jackson, Sting, Rod Stewart,
Phil Collins y Santana. A ellos se unió el mismísimo
David Foster, Rey Midas del pop, que incluso toca el piano en
el bolero Qué le debo a la vida.
Defiende la «experiencia» que ha supuesto este tercer
disco (a la venta el 28 de mayo) un Raúl Quijano en viaje
de vuelta a León junto a sus hermanos, tras acudir al
torneo de tenis Conde de Godó. «Venimos de ver a
Carlos Moyá. Somos muy aficionados al tenis; los tres
le pegamos bastante y Óscar llegó a dedicarse de
forma casi profesional. Desde entonces, mantenemos una gran amistad
con Carlos y su familia».
El disco abunda en la línea del anterior. ¿Tratáis
de explotar el filón abierto con La Lola?
Va un paso más allá. Es una evolución muy
lógica e interesante, ya que mantenemos una base latina
en forma de composición, armonías y percusiones,
y hemos añadido sonidos más eléctricos.
Amamos la música tradicional cubana y mexicana, pero somos
gente de nuestro tiempo con una mente abierta. Sin traicionar
nuestros orígenes, queríamos lograr un sonido latino
y con la energía del rock.
¿Es esa la famosa Extraordinaria paradoja
del sonido Café Quijano?
Es la heterodoxia. Somos una banda latina heterodoxa. Hacemos
música caribeña con distintos matices, mezclando
estilos diversos: ponemos un tumbao cubano a un tema de estructura
pop, damos sabor latino a una pieza de aire funky, combinamos
soul y rock con ritmos latinos más puros
Las canciones
son sencillas en apariencia, pero cada una posee una atmósfera
diferente. Desde Brasil, por ejemplo, empieza con percusiones
brasileñas para luego dar con la medida del rock y, más
tarde, caer en una medio bossa con guitarra.
¿A qué alude el título La taberna
del Buda?
Lo dedicamos a nuestro padre, gran amante de la música;
le llamamos así cariñosamente porque es calvo,
bajito y regordete. Nos inculcó la afición a la
música latina. Nuestro primer contacto publico fue tocando
en un bar con nuestro padre.
Habéis grabado con una producción de lujo.
¿Hay una apuesta por vuestra internacionalización?
Es la apuesta de Warner. Lo que ocurrió el pasado año
en Latinoamérica y la nominación a los Grammy latinos
casi obligó a que la producción se enfocara especialmente
hacia el mercado exterior. Cuando te ofrecen a arreglistas como
David Foster y a productores como Humberto Gatica y Kenny O'Brian,
no puedes dejar pasar la oportunidad. Gatica nos puso en bandeja
a músicos que han tocado con los más grandes. Es
como tener a Ronaldo y Rivaldo en la misma delantera.
¿No se corre el peligro de perder la identidad trabajando
con músicos y productores del pop más estandarizado?
Lo positivo de trabajar con esa gente es que son buenos para
todo: lo mismo para interpretar que para respetar tus ideas.
No han intentado llevarnos a su terreno. Los músicos no
tenían ganas de añadir punteos de guitarra con
diez mil notas para justificarse. Han respetado en gran parte
la maqueta previa que les entregamos. Manuel, que es el arreglista
principal, veía las cosas muy claras, mientras David Foster
decía que no tenía nada que añadir. Respetar
las ideas iniciales les hace más grandes.
¿A qué se debe vuestro éxito en Latinoamérica?
Nuestra mejor arma es que somos trabajadores incansables. Estamos
aquí para quedarnos, así que hemos hecho mucha
promoción. Hemos tocado con las mismas ganas en la fiesta
de la Academia que entrega los Grammy que en la radio más
pequeña del país más diminuto. Proponemos
un sonido diferente, a medio camino entre el pop y la canción
latinomericana tradicional. No copiamos sus modelos: metemos
elementos afrolatinos, pero no en estado puro. Hacemos armonías
diferentes y nuestras voces son más mesetarias, españolas.
Eso nos hace un poco únicos.
¿Cómo fue vuestro comienzo?
Fue un poco casual, porque Óscar iba para tenista y Manuel
se dedicaba a la importación de Harleys y coches antiguos
desde Miami y el Caribe. Él vivía muy de cerca
la música de la zona. Cuando la cosa dejó de ser
negocio con la subida del dólar, comenzamos a cantar en
el Mambolero, uno de los dos bares que tenemos en León.
Poco a poco, comenzamos a reunir canciones y a tener un público
más numeroso. Un día, decidimos alquilar un teatro
y ofrecer nuestro primer concierto amplificado, que fue un éxito.
Pusimos en circulación una maqueta y Warner nos fichó.
¿Cómo surgió vuestra aparición
en Torrente 2?
Tanto Carlos Moyá como nosotros vimos tantas veces Torrente,
que nos sabíamos los diálogos de memoria. Un día
nos encontramos con Santiago Segura, alucinó y nos dijo
que teníamos que estar en la segunda parte. Así
que Moyá y nosotros hemos entrado en el mismo paquete. |