| Tramperos
de Madrid TEXTO:
JAM ALBARRACÍN 07/01/2002
Me
sigo considerando músico. Puedo hacer cine o televisión, pero en
el fondo lo mío es irme por los bares a cantar con Reverendo». Quien
así habla no es otro que Chechu Monzón, más conocido como
El Gran Wyoming. Y es que, antes de convertirse en el presentador de gran éxito
y verborrea incontenible que hoy todos conocemos, Wyoming fue tallando una dilatada
carrera cincelada a golpes de osadía y riffs de guitarra. Siempre
con la compañía inseparable de El Reverendo al piano y que ya supera
los 25 años juntos.
Motivo por el que hace unos meses vio la
luz Antología 1975-2000, el disco que les ha llevado a iniciar una gira
que el miércoles 9 de enero abre una interesantísima programación
en el Auditorio de Ceutí. Invadamos la trastienda y conozcamos algunas
curiosidades de Wyoming y Reverendo.
Mil novecientos setenta y cinco. El
hermano mayor de Wyoming, conocido como Seju y a la postre su introductor en esto
de la guitarra, ingresa en el grupo Desmadre 75. Efectivamente, los de Saca el
güisqui, cheli. El teclista de tan singular combo no es otro que un tal Ángel
Muñoz-Alonso, ya entonces conocido como El Reverendo. Pero resulta que
éste tenía también paralelamente un grupo de rock sinfónico
que se hacía llamar Paracelso, así que cuando uno de los guitarristas
de la banda decidió abandonarla y ante la inminente necesidad de montar
un repertorio de rock para unos bolos contratados, Reverendo se acordó
del desvergonzado y melenudo hermano de Seju, con quien había compartido
alguna velada en plan vacilón. Así fue como José Miguel Monzón
entro en el grupo que desde entonces pasó a tener una doble denominación:
Paracelso, cuando hacían rock conceptual-sinfónico y Paracelso con
El Gran Wyoming cuando optaban por el rocknroll desvergonzado y pasado
de vueltas.
El asunto es que la faceta menor fue la que alcanzó
mayor relevancia, hasta el punto de que se alzaron con el triunfo en la primera
edición del trofeo rock Villa de Madrid, por encima de unos entonces novatos
Mermelada y Kaka de Luxe (el grupo nodriza de la Nueva Ola, de donde saldría
el germen de Alaska y Los Pegamoides, Paraíso y Radio Futura). Estamos
en 1978 y el premio consistió en 70.000 pesetas y un elepé que teóricamente
era para ellos pero que finalmente resultó compartido por todos los finalistas.
Ahí incluyeron El rock del trapichero. Al año siguiente volvieron
a presentarse, cambiando el nombre por el de Gran Wyoming y su Banda... y volvieron
a ganar. Antes de la disolución de Paracelso, aún llegaron a incluir
tres temas en el cuarto volumen de Viva el Rollo, aquella colección de
Chapa Discos que dirigiera el singular Mariscal Romero, en concreto El exhibicionista,
La titi del Rastro y Devomanía.
DE LA PROSPE A LA AURORA
Aquellos
son los tiempos del increíble Ateneo de la Prosperidad, un espacio multicultural
autogestionado en el madrileño barrio del mismo nombre en el que ensayaban
desde grupos de teatro o marionetas hasta bandas de rock (La Romántica
Banda Local, Paracelso) y los grupos que darían vida a La Movida Madrileña,
desde Los Zombies a Aviador Dro o los citados y efímeros Kaka de Luxe.
Un espacio de algún modo alegal que funcionaba de maravilla hasta que alguna
mente cuadriculada decidió que procedía ordenar, encasillar, legislar
y al fin eliminar la creatividad.
Esto explica el final de Paracelso y
el nacimiento del tándem Wyoming-Reverendo. Prepararon un repertorio y
comenzaron a esgrimirlo por baretos, hasta que llegaron a La Aurora y allí
se quedaron... ¡por espacio de ocho años ininterrumpidos! La labia
ágil y la mente en continua ebullición del osado Wyoming comenzaron
a tejer su capa de creador polifacético. Entre bolo y bolo iba aceptando
propuestas: un guión por aquí, un corto por allá, un artículo
o un prólogo por acullá. Como eso de cantar todos los días
cansa lo suyo, Monzón desarrollaba cada día más su faceta
por otro lado me temo que innata de showman singular. Y en éstas
llegó la televisión, primero en pequeñas apariciones que
nunca pasaban desapercibidas, hasta desembocar en el personaje de enorme popularidad
que hoy conocemos.
Hace unos años y junto a colegas como Pablo Carbonell,
Javier Krahe, Pepín Tre, Santiago Segura y Carlos Faemino, creó
18 Chulos, compañía discográfica nacida con el fin de publicar
discos de algunos de estos autores, así como de algún nuevo talento
por descubrir, como fue el caso del cantaor Dieguito El Cigala. Y ahí es
donde ha visto la luz Antología 1975-2000, el doble disco que recupera
algunas de las interpretaciones más emblemáticas de la dilatada
trayectoria de Wyoming y Reverendo. Desde Tramperos de Connecticut o Con la mano
entre las piernas, hasta otras como Scantimplax, Nunca como entre bebidas o sus
revisiones de Sunny afternoon (The Kinks) o El hospital (Alaska y Los Pegamoides).
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