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MÚSICA

DULCE PONTES
El primer canto.

Texto: JAM ALBARRACÍN
25/02/2000

Aquella no fue una semana más. Desde luego que no. Aquella semana Dios creó el mundo. Lo hizo con energía y precisión, con pausa y delicadeza, con cariño.



Tras tres años sin publicar ningún trabajo en solitario vuelve a los escenarios con el elepé ‘O primeiro canto’

Una semana incluso más decisiva que aquella de 1963 en que los Beatles publicaron su primer álbum. Agua y tierra, océanos y continentes, aire, libertad y sentimientos. Y vida, naturalmente. Andaba ya el planeta bien surtido de especies diversas cuando, sin previo aviso, se escuchó el primer canto. Un canto bellísimo que estremeció la creación. No se conoce con certeza quién fue su autor, pese a las arrogantes reivindicaciones del ruiseñor, pero el destino quedó marcado por la grandeza del sonido. Si la portuguesa Dulce Pontes hubiese existido, muchos pronósticos se hubiesen decantado a su favor. Existe ahora, acaba de publicar nuevo disco y el martes 29 lo presenta en el Auditorio y Centro de Congresos de Murcia. Su canto no fue el primero pero tiene el cierto, aunque intangible, sabor de la pureza.

O primeiro canto vio la luz el pasado mes de octubre, es el quinto larga duración de Dulce Pontes y el primero que entrega para su nueva compañía tras un silencio de tres años. Un silencio que lo fue sólo a título individual, pues en este periodo de tiempo y junto a sus compromisos de directo, Dulce colaboró en grabaciones de artistas como Andrea Bocelli o el gran Caetano Veloso. También asegura que fue un tiempo para la investigación musical, para la búsqueda de raíces sonoras y de instrumentos remotos como la moraharpa, el tambor océano o la valiha de Madagascar, todos presentes en O primeiro canto.
Un trabajo en el que la en su día denominada sucesora de Amalia Rodrigues –denominación elogiosa pero imprecisa, pues el fado tan solo es una fuente influencial más, aunque de peso– realiza un viaje cuasi antropológico que bebe de viejas danzas tradicionales, de lamentos de ultramar (ese lindo sollozo con forma de canción que es Velha chica, con la colaboración y la firma de Waldemar Bastos), de los coros de los cantares de esa devastada región portuguesa que es El Alentejo y, en definitiva, del mismo mar con sabor a nostalgia y sentimientos universales. Todo con esa limpieza sorprendente que caracteriza la voz (pura luz) y las canciones de Pontes.

Eurovisión salvó mi vida

No deja de resultar curioso conocer los inicios de esta magnífica cantante, hoy de reconocido prestigio y depurada técnica (por más que ella siempre presuma de «interesarme más por el sentimiento que por la técnica»), cuya exquisitez es marca de fábrica. Dulce era una jovencita de voz bien dotada que exprimía sus cuerdas vocales en la recreación de anuncios publicitarios para televisión, así como en un programa para las ociosas tardes de domingo, en el que interpretaba viejos éxitos en inglés del pop y el rock de los años sesenta y setenta. Vamos, como lo del programa de Carlos Tena y el presentador con tupé, aunque intuyo que menos patético. Y asómbrense, porque fue el Festival de Eurovisión quien hizo que se la escuchara por primera vez en el resto de Europa. Gracias a tan denostado festival nació tan distinguida estrella de voz de brisa y emociones quebradizas. Caminos insondables, una vez más.

A partir de ahí llegó su primer álbum en el 92, Lusitana, y un segundo de título Lágrimas que supuso su descubrimiento internacional. Participación en el concierto del 52º aniversario de naciones Unidas, en el de Amnistía Internacional en Nueva York, la selección de una de sus canciones, A cançao do mar para el filme Primal fear (aquí traducida como Las dos caras de la verdad) de Gregory Hoblit y con el guapetón Gere de protagonista, la grabación de A brisa do coraçao con el mismísimo Ennio Morricone... La fama, en definitiva.

El doble en directo A brisa do coraçao (95) y Caminhos (96) preceden a su reciente O primeiro canto (99), un disco del que ya hemos hablado y que constituye el más exquisito bocado de su sabrosa discografía. Un trabajo que también contiene otras lustrosas colaboraciones como las del saxofonista Wayne Shorter, la cantante Maria Joao, el percusionista hindú Trilok Gurtu y hasta nuestro acordeonista Kepa Junkera y su trikitixa nerviosa. Un disco que presenta en Murcia y que supondrá una buena oportunidad para degustar esa voz que amenaza a la gravedad cuando surge de la garganta de Dulce Pontes. Portugal a la Eurocopa.