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Amparanoia
«Me
muevo al margen de la industria»
Texto:
Josu Olarte
05/05/2003
Con
su anterior trabajo, Somos viento, Amparo Sánchez,
Amparanoia, logró el apoyo de la multinacional Emi
para proyectar a la aldea global las virtudes de su charanga
festera, solidaria y reivindicativa, aliñada con
latidos afrocaribeños y norteños y los aires
morunos y mediterráneos.
En
lo musical, el disco llegó marcado por los Balcanes,
por espectáculos tan vitalistas como El tiempo de
los gitanos y por recicladores de las músicas eslavas
de bodas y funerales como Goran Bregovic (a quien versioneó
en Tu ausencia); y en lo sentimental, por sus visitas a
Camagüey, región cubana de la que procede el
percusionista, músico y padre de su segundo hijo,
Muñeco, y a México su propio título,
Somos Viento, estaba tomado del emotivo comunicado que el
subcomandante Marcos leyó en la monumental plaza
del Zócalo de México DF en el final de la
caravana zapatista, acto al que asistió Amparo.
Su
primer contacto con el país azteca se había
producido meses atrás para, por intermediación
de Dani, de los barceloneses Macaco, participar en la grabación
del álbum Cybertornic Chilango Power de Los de Abajo,
banda mexicana apadrinada por el ex Talking Head David Byrne.
Apoyada en una fanfarria variopinta de músicos procedentes
de Venezuela, Colombia, Madrid, Cataluña, Magreb
y Moldavia, y con la producción de Kaki Arkarazo,
Amparo ya coqueteó en aquel álbum con los
samplers y las programaciones house.
El germen
En esa visión de la fusión sin fronteras y
el buen rollito mestizo que pasa las raíces por los
cables es en la que ha decidido ahondar en su nuevo disco,
que el lunes verá la luz. Porque de Enchilao, además
del tono más intimista de sus soflamas concienciadoras,
lo que llama la atención es el groove electrónico
que planea sobre unos temas de extraccción eminentemente
popular, que Amparo sitúa «en tierra de nadie»,
tal y como proclama en Si fuera.
Si el germen de Somos viento estuvo en la charanga que,
en plena transición, Amparo montó hace tres
años con el grupo La Vacazul, Enchilao ha nacido
«de una deuda que teníamos con la música
electrónica. En estos tres años, la hemos
bailado y escuchado mucho y queríamos probar por
ahí y ver lo que podíamos aportar. El álbum
ha surgido de las bases y programaciones que Muñeco
ha ido creando a partir de mis melodías y letras.
Es un disco que hemos compartido al 50%, pero igualmente
imprescindible y enriquecedora ha sido la aportación
de todos y cada uno de los colaboradores. Lo hemos grabado
de una manera muy natural y familiar; en casa. Durante seis
meses, Muñeco y yo fuimos creando las canciones y
produciendo. Invitábamos a músicos habituales
de Amparanoia y a otros amigos a pasar por casa y compartir
el enchilao», explica Amparo.
Pal campo
La casa es la que Amparo tiene en Guadalix de la Sierra,
pueblo de las afueras de Madrid al que se mudó hace
un tiempo, huyendo de esas urbes agresivas y amargas a las
que dedicó el tema de su anterior disco En la ciudad.
Los músicos son el heterogéneo y universalista
combo en el que Amparo se apoya y que, entre otros, integran
los veteranos Muñeco (piano y percusión) y
José Alberto Varona, las cubanas Carmen Niño
(bajista) y Cari Da (piano y coros) y el búlgaro
Vesco Kunchev (viola), que aporta el toque balcánico.
«Cuando tienes un proyecto personal, es bueno que
los músicos con los que trabajas vayan variando;
eso ayuda a que la música también se mueva.
Vivo en Guadalix porque me gustan las comunidades pequeñitas.
Estoy cerca de Madrid, por mi trabajo, pero sueño
con volver a vivir en el Sur, aunque, de momento, no puedo.
El pueblo aporta tranquilidad, la naturaleza. Allí
puedo descansar y estar con mi familia cuando vuelvo de
viaje. Ademas, cada vez tenemos más pandilla y amigos
que dejan la ciudad y se vienen pal campo.
Acorde con su carácter híbrido, Enchilao combina
coplas de sabor populares y espíritu reivindicativo
solidario sobre comedidos colchones electrónicos.
Amparo ha contenido sus sonidos festeros en beneficio de
una mayor sutileza rítmica, que remite a México
y el sur de Estados Unidos (esas guitarras slide), Jamaica,
el dancehall reggae con sampleo del Wailer Carlie Barret
de Camaleon, el omnipresente tres cubano de temas como Iluminando,
al bolero sintético de Dont leave me now, al
house latino de Pregonando y Pueblo Joven o al rap italiano
de No Voglio.
Mirar hacia dentro
«En cuanto a música, Cuba está muy presente
en las melodías y el sentimiento. Las letras son
un mirar hacia dentro y comunicar lo que siento en estos
tiempos que nos toca vivir, donde se retrocede en libertades
y en derechos humanos, donde nos quieren justificar las
guerras, donde las catástrofes unen a la gente y
los estudiantes vuelven a salir a la calle». En ese
consenso de lo políticamente correcto que es el pop
español, se agradece que alguien ponga música
y mensaje en un plano de igualdad. «Me sorprende la
reacción del Gobierno contra los actores que se posicionaron
contra la guerra, pero, a la vez, me alegra que hayan mostrado
su verdadera cara: el fascismo».
Mención aparte merece en Enchilao la versión
electrobrasileira del clásico Dos gardenias, un tributo
a Antonio Machín en forma de bossa sintética
a la manera de proyectos modernos de groove brasileño
como Suba, Bossacucanova o Zuco 103. «Nos pidieron
una versión de Dos gardenias para Toda
una vida, la película-documental sobre la vida
de Machín. La idea nos encantó, pero apostamos
por darle ese toque diferente y utilizamos bases brasileñas,
voces africanas... Queríamos que se reconociera que
es una versión del siglo XXI», aclara Amparo.
Aunque desde una sensibilidad más contemporánea,
con ese homenaje de encargo a Antonio Machín, Amparanoia
cierra de alguna manera el círculo creativo que,
tras sus inicios bluseros como Amparo & The Gang, emprendió
en el 97 desde Malasaña con El Poder de Machín
y continuó dos años después con Feria
Furiosa, álbumes iniciáticos que la consagraron
como uno de los espejos en que habrían de mirarse
los conversos al buen rollito (por entonces, su grito de
guerra) y los crecientes hijos bastardos de Manu Chao.
Ahora, Amparo matiza las connotaciones de un palabro (el
dichoso mestizaje) que siempre se le aplica y que, de puro
recurrente, ha dejado de tener significado. «No busco
estar dentro de ningún estilo, ni existe ninguna
etiqueta que me defina; no hay estilos, sólo infinidad
de músicas del mundo que me animan a no dejar de
investigar». El problema es que beber de aquí
y de allá sin caer en el pastiche o en el puro turismo
musical requiere criterio y conocimiento. «Nos lo
planteamos y, si nos gusta y suena bien, lo hacemos. Si
no es así, buscamos en otras fuentes... La música
es tan grande, que te deja mucho espacio si estás
en comunicación con ella. Eso es lo que vamos descubriendo
y aprendiendo después de cuatro discos; nada es forzado,
todo fluye y explota, ja, ja».
Gira europea
Aunque con el apoyo de una multinacional, Amparo prefiere
no sumarse al baile de cifras y coyunturas que tanto se
estila hoy. Elude entrar a decir cuántos discos vende,
cuál es su techo comercial o si los álbumes
siguen siendo simples coartadas para seguir echándose
la carretera y la manta a la cabeza. «Yo voy al margen
de la industria musical, y soy feliz por poder hacer los
discos que quiero con las letras que nacen de mi interior.
Los temas nuevos y las viejas historias se unen para el
directo».
Unos directos que ya se agolpan en el itinerario de Tour
Enchilao. Un calendario aún abierto que comenzará
el día 11 en Bélgica y que, hasta septiembre,
discurrirá por festivales y salas de conciertos de
Alemania, Holanda, Italia, Francia y España (La Mar
de Músicas y Espárrago Rock).
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