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Lo
mejor de 2003 en Murcia
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Discos
Texto:
Jam Albarracín
07/01/2004
Continuando
con el repaso a lo más destacado de 2003 en Murcia,
hoy presentamos una relación de los mejores discos
publicados por artistas de nuestra Comunidad. Unos más
conocidos, otros no tanto, todos interesantes. Sin lugar
para la autocomplacencia o el palmeo dorsal. Los que están
se lo merecen y el que falta, huelga decirlo, es justo el
que hacía el número 16. Lástima. ¿Qué
vas a regalar(te) para Reyes? Consuma productos murcianos
o, como dicen los británicos, que de esto saben un
rato, support your scene.
1.
SECOND.
Pose (Pulpo Negro)
Pose
tiene todo lo que un gran disco debe tener: magníficas
melodías, buenos textos, sensualidad desbordante,
toneladas de sensibilidad y romanticismo del que eriza la
piel, precisión en unos arreglos tan brillantes como
comedidos, una lograda mezcla de contundencia y melancolía
y, acaso lo más difícil de encontrar, clase
a raudales. Doce canciones que van del acento glam-rock
de Accident o un Star glasses tan redonda como una maldita
bola de billar, a la catarsis de Different levels, la garra
de Behind the pose, las reflexiones en soledad de Sweet
caffeine o ese Smiling to camera que es pura elegancia pop.
Sensualidad y emoción con el grado de afectación
justo para convertirse en seducción.
2.
PARADE.
Inteligencia artificial (Spicnic)
Cada nuevo disco de Parade tiene la virtud de hacerme sentir
un privilegiado. Y casi me alegro, acaso mezquinamente,
de saber que el común de los mortales no podrá
apreciar el néctar que degusto. Los humanos somos
defectuosos y el grado de infelicidad suele ser proporcional
al de lucidez. Antonio Galvañ lo sabe y por eso diseña
su propia inteligencia artificial, tan brillante como mágica
e inimitable, que no obstante no puede reprimir el resbalar
de una lágrima, como el robot de portada. Pascal
Comelade, Sisa y el Lucio Battisti más grandioso
se asoman a unas partituras personalísimas y de belleza
sorprendentemente legal. Si Parade no existiera habría
que inventarlo. Y, créanme, no sabríamos.
3.
DIEGO CANTERO.
Descalzo (autoeditado)
Diego
Cantero se desmarca con un sensacional segundo álbum,
autoeditado, que, pese a su versatilidad formal, desprende
gran personalidad y un poderoso aroma de autor. Pinceladas
que van desde el swing (De lejos) hasta el funk y el raggamuffin
(Titulares sin noticia), la canción de autor más
clásica (la bella Utopía del deshecho), la
mezcla de samba y jazz fusión (Descalzo), el flamenquito
callejero (Qué diferente) o el pop-de-autor radiable
(Un par de buenos sueños, tremendo hit potencial).
Pero lo mejor, como siempre, está en lo menos tangible:
su enorme capacidad para emocionar. Hay una escena en la
que el gato besa al ratón.
4.
LOS LUNÁTICOS.
Con la música a otra parte (Santo Grial)
Al fin se hizo realidad el debut de dos de los más
grandes del rock murciano y nacional: Miguel Bañón
y Santiago Campillo. El álbum más esperado
de la temporada cumple sobradamente las expectativas. Se
trata de un disco de canciones algunas magníficas
(Chulo, En la playa, El rey de copas), todas perfectamente
argumentadas, que no obstante emana un inconfundible
sabor a rock and roll. Interpretado con tanta precisión
como ausencia de alardes, lo mejor de Con la música
a otra parte es que suena rotundamente real, cierto, creíble.
Huir de lo obvio distorsiones enmascaradoras, correrías
por el mástil para centrarse en el (complicado)
encanto de la sencillez.
5.
OCHIQUE-OCHENTA.
Kiss me before die or before I kill you (autoeditado)
Intuición, descaro, actitud, provocación y
sentido del humor son algunos de los ingredientes que manejan
con soltura las componentes de Ochiqueochenta, el grupo
femenino que más ha dado que hablar desde Hello Cuca.
Cercanas a eso que se ha dado en denominar electroclash
y que no es sino tecnopop con mucho morro y un acentuado
erotismo anti-barbie, Ochi Reyes y Carmen Espín visten
con camisas de frivolidad un fondo en el que el romanticismo
se desborda entre letras duras, afectadas, tristes y, sí,
también de alto contenido sexual. Con canciones tan
acertadas como Conjugación, su momento más
inspirado.
6.
ART SCHOOL.
Eleven days at T street (Rock On!)
Art
School regresan con nuevas camisas, nueva discográfica
y por supuesto nuevo álbum, Once días en la
calle T, los mismos bueno, fueron un par más,
pero 11 suena más galáctico que pasaron
durante su gira neoyorkina. Un disco su tercer larga
duración que si bien incide en las señas
de identidad del power-trío formado por Juanfra Godoy,
Jorge Izquierdo y Paco LaNuit, acaso lo hace desde unos
presupuestos formalmente más abiertos, variados y
frondosos (algún ramalazo soul, apuntes de obesidad
setentera, pop cuasi íntimo). Pero gaitas fuera,
los School son como Valentino Rossi, mejores cuanto más
rápidos y directos.
7.
VÍCTOR VALDÉS.
Pacífico (Pachita)
Víctor
Valdés fue guitarrista, cantante y compositor de
Unidad Psiquiátrica, uno de los mejores grupos murcianos
de la Nueva Ola en los ochenta que publicó un estupendo
único single (Holocausto nuclear), hoy pieza cotizada.
Cuando de modo inesperado cayó en mis manos este
Pacífico, mis expectativas se tornaron agridulces:
¿El paso del tiempo se mostraría cruel? ¿Sería
capaz de mantener su particular y encantador modo de articular
canciones pop? Pulsar el play y sobrevenirme una gran sonrisa
fue todo uno: Víctor continúa mostrando ese
singular talento para escribir canciones refrescantes de
irresistibles melodías.
8.
SCREW COCO.
Hémisphère (Pulpo Negro)
Screw Coco ha optado por desmarcarse de la evidencia. No
es que hayan inventado la pólvora, pero desde sus
canciones de rock personalizadamente alternativo ofrecen
un discurso positivista y melódico que huye de los
esquemas sonoros (calma tempestad) tan al uso. La
clave radica en ahuyentar los prejuicios, Juanma Fabregat
es un cantante expresivo y convincente a quien no hay por
qué comparar con Grego, el anterior vocalista. Los
Cocos han madurado y prefieren decantarse por la elaboración
y la intensidad antes que buscar el riff más duro
y adolescente. Más melódicos, menos metaleros
y con la pegada intacta.
9.
NUMB.
Greatest failures (autoeditado)
Pop
de corte británico, con influencias de Ocean Colour
Scene o los primeros Suede, bien asimiladas y esgrimidas.
Con el plus que supone contar con un extraordinario vocalista
(Rubén Molina) y un guitarrista (Felipe Nicolás),
cuyo sonido característico sin trucos, entre
la crudeza y la fragilidad aporta la dosis de singularidad
que toda banda necesita. Música conmovedora, melancólica,
elegante, apasionada, sensual y con una considerable dosis
de dramatismo y afectación bien entendidas que alcanza
sus highlights en la épica Life y en la excelente
Superparty, un gran single en potencia, melódicamente
impecable.
10.
MALDITA NEREA.
Cuarto creciente (Universal)
Un debut avalado por nombres de relumbrón Universal,
Warner Chapel, Rosa Lagarrigue para un grupo apenas
conocido. ¿Recelos? No después de escuchar
Cuarto creciente. La prueba del auricular dice que estamos
ante un grupo joven pero solvente técnicamente, que
se mueve en ese espectro amplio que es la cubeta del pop-rock
español, que Jorge Ruiz es un compositor muy interesante
y capaz de aportar una personalidad propia a unas canciones
de notable potencial comercial, entre las que destacaré
Se está haciendo tarde y el bonito dúo con
la actriz Lucía Jiménez de Te hablaré.
Un grupo con futuro.
11.
ANTONIO ARÁEZ.
Hay canciones (autoeditado)
El
título no miente, hay canciones, buenas canciones
bajo las que subyace un talento melódico importante,
en el álbum de Antonio Aráez. También
un componente de ternura que sobrevuela toda la grabación
y un narrador de voz cálida, profunda, notable, que
desgrana unos textos por momentos brillantes. Aráez
ha ido dejando atrás su faceta inicial como cantautor
de corte más clásico para ir modelando un
discurso actualizado y versátil, que alcanza sus
momentos álgidos en cortes como Vuelas, ese tremendo
bolerazo que es A veces y muy especialmente en ese dardo
en la diana que es El no a la soledad.
12.
PROYECTO JASS.
Cosas que nunca te dije a la cara (autoeditado)
José Antonio Sánchez Salas, alias JASS, debe
ser un crack. Eso es lo primero que uno piensa al escuchar
este su álbum de debut, un disco plagado de viñetas
callejeras, apuntes al natural, en los que su autor se carcajea
del mundo eligiendo para ello a un personaje infalible:
él mismo. Lo hace en formato de pop refrescante y
pegadizo, ligero y sonriente, totalmente apropiado como
vehículo sonoro de unos textos que se acercan tanto
al hiperrealismo que acaban resultando surrealistas. Miren
por donde, logra un doble objetivo: divertir y mostrar un
mundo tan absurdo como reconocible.
13.
BRONSON.
Amazing cucumber (CK Music)
Con la apreciable ayuda del guitarrista Curro Violero, Bronson
no es sino el alter ego musical de Toni Bernal, un músico
a quien si quisiera pecar de resultón calificaría
como el Beck murciano. Pero resultaría inexacto,
pues Bronson ni muestra el factor folkie del rubiales californiano,
ni tampoco el acento alternative rock de Eels y sí
un bagaje deudor de los Beatles más psicodélicos,
dentro de una música en la que conviven soul y electrónica.
El CD-EP es el premio por ganar el Murcia Joven de CastillaLa
Mancha, aunque lo ideal es completarlo con su demo previa,
más certera en su sabor artesanal de baja fidelidad.
14.
DAVID MOYA.
Sueñografía (Aladeriva)
Hay cosas que conviene contar-escuchar desde la distancia
corta, la única válida para emitir caricias.
Hay secretos que merecen ser contados al oído o el
aire traidor los distorsionaría. Hay discos que tienen
un algo de caricia y otro algo de secreto. Como este Sueñografía
en el que David Moya se desnuda y, claro, también
esto es preferible hacerlo sin cámaras, a no ser
que uno se apellide Izaguirre. Un disco el primero
de la productora Aladeriva, entorno Ítaca lindo
y cercano, grabado con poco presupuesto y arreglos limitados,
que no obstante o precisamente dice mucho acerca
de su autor.
15.
IRASSHAI.
Geisha (Sr. Guindilla)
Pertenecientes
a la activa escena del MMM (Murcia Metal Moderno), Irasshai
debuta con este miniálbum, premio a su triunfo en
el Mola Joven de su Molina natal. Conviene destacar el potencial
melódico de la banda, bien contrastado por su indudable
contundencia. La voz de Alberto guitarrista en Clom
se aprecia más limpia de lo habitual en el estilo,
lo que contrasta con las violentas rupturas y con una variedad
compositiva que les lleva a flirtear con el drumnbass,
a rapear con el ceño fruncido o a mostrar una atmósfera
inquietante que deviene en pop de la notable Geisha.
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