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Rosario Festival
Blues de medianoche

Texto: Jam Albarracín
25/11/2003

Una buena melodía que no va acompañada de una buena letra se queda en algo agradable para silbar. En cambio una buena letra convierte la melodía en canción con mayúsculas, le da el alma». De modo tan conciso como rotundo explica José Ignacio Lapido los motivos por los que cuida de manera tan especial las letras de sus canciones. No podría estar más de acuerdo y a la prueba del algodón me remito: todavía hoy, cada vez que pincho un disco de 091 o de Lapido en solitario, un escalofrío me recorre la medula, la piel se me eriza y nada vuelve a ser igual –por fortuna– hasta que transcurre un buen rato tras el cese de la música. El poeta y compositor granadino vuelve a deleitarnos en Murcia, con su rock poderoso, de existencialismo urbanita («la calle es un referente poético de primer orden en mis letras») y abrumadoramente emocionante.

Hablar de José Ignacio Lapido siempre resulta grato, hacerlo con él, directamente un placer. Porque, no me cansaré de repetirlo, el que fuera guitarrista y compositor de los magníficos 091 es una persona tan encantadora como de brillante lucidez. Y que presenta un bagaje de 11 álbumes (ocho con su anterior grupo y tres en solitario) a los que el paso del tiempo, no sólo apenas ha corroído, sino que incluso los ha hecho aún más grandes. En qué pocas ocasiones ocurre esto... Bien, pues José Ignacio viene a tocar a Murcia y lo hace sin someterse a la dictadura del marketing. No hay disco nuevo -el último es Música celestial (2002)–, simplemente ganas de disfrutar tocando en directo. Dios se lo pague. Así que aprovecharé para preguntarle en público algunas cuestiones que ya me contó en privado. No voy a perder el tiempo en preguntarle acerca del fenómeno OT o de la crisis de la industria... (me corta) «Pues no creas que antes era mucho mejor, eh. Cuando le fuimos a proponerle a los de Zafiro que nos produjera Joe Strummer, nadie sabía quien era. El A&R se fue a Discoplay a comprar discos de los Clash a ver como sonaban».

SPANISH BOMBS IN GRANADA

Ahí quería llegar. Mientras a Farmacia de Guardia nos producía Ñete, de Nacha Pop (todo mi cariño), a 091 os producía nada menos que Strummer. Siempre quise odiaros un poco por esto, pero me gustabais demasiado. Pero vamos, cuenta lo de Joe, que es dinamita. «Lo conocimos aquí en Granada, en el Silbar, que es el sitio al que íbamos en esa época porque José Antonio (cantante de 091) trabajaba poniendo copas. De pronto llega Tacho (el baterista) con un tipo con una pinta muy fea, rapado y medio hippioso, con una libretilla: ‘oye, que aquí hay un guiri que dice que escribe y que quiere enseñarte unas letras’. Yo pensaba que sería un pesado, pero el caso es que su cara me sonaba. Hasta que le dije a Tacho: ¡Tío, se parece mogollón a Joe Strummer!».

«Spanish bombs in Andalusía, yo ta cuerda oh ma corasooon». Y os hicisteis amigos. Cierto es que Mr. Clash tenía una novia malagueña, Palm Olive, que tocó la batería en las demoledoras The Slits. «Claro y Palm Olive vivía en Granada con un amigo nuestro que había estado viviendo en Londres en el 76 en un squat por el que paraban Strummer y ella. Cuando se hartaba de los Clash venía por aquí a perderse. Nos hicimos amigos y una de las veces se vino al estudio donde estábamos maquetando, le gustaron las canciones y ya le tiramos los trastos». Una curiosidad, ¿cobró mucho por producir «Más de 100 lobos?» «Qué va, no quería cobrar. Es más, puso dinero de su bolsillo para tener más tiempo para mezclas. Él estaba acostumbrado a grabar más pausado, al modo inglés. Aquí entonces ya sabes como íbamos, con la moto puesta».

ESCUPIR CONTRA EL VIENTO

Hoy por fin parece que el reconocimiento hacia 091 es real. Se han publicado dos discos de homenaje al grupo y el propio José Ignacio, columnista en un diario de su ciudad, ha recibido la nominación como uno de los 100 granadinos más influyentes del siglo XX. Sin embargo en su momento el éxito comercial se resistió a pasar de ofrecer su vertiente más moderada. «A raíz de la publicación de Doce canciones sin piedad nos dimos cuenta de que eso sería una constante, si esas canciones no cuajaban mayoritariamente ninguna nuestra lo haría. La constatación fue con Tormentas imaginarias, ya en el 93. Nunca he entendido a la industria, pero aquello era flagrante. Si con este disco no apostaban... ¿Qué diablos querían de nosotros? Por supuesto que no íbamos a hacer el ridículo haciendo playbacks para los 40 Principales, como nos propusieron. Quizás eso les molestó, pero no estábamos para esas tonterías. Sin promoción, el disco vendió unas 20.000 copias, una cifra bastante respetable, no obstante».

Sin embargo vuestros seguidores, y particularmente los tuyos, no han dejado de crecer y mantener su fidelidad. En una activa lista de correo electrónico en torno a tu figura incluso creo que se prepara un tercer disco de homenaje. Y bueno, no es extraño encontrar colegas de profesión que no escatiman elogios. También fue un tanto así entonces, al menos por lo que me toca. «Sí, la crítica siempre nos trató bien, tocábamos a menudo, pero... No quisiera que sonara arrogante, pero si lo piensas bien, un grupo como nosotros, con las letras que cantábamos, haciendo el rock que hacíamos, era casi imposible que triunfara en un país tan jodidamente hortera como España». Oye José Ignacio, que he disfrutado mucho con la conversación, pero se me acabó el espacio. Y no hemos hablado de tu último disco ni nada. «Al diablo con el marketing. No voy a Murcia a hacer promoción, voy a tocar rock and roll».

 

    

 

        


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