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Elena Benarroch

Cómico


Texto: Carmen Barreiro. Fotos: M. Bartolomé
18/02/2002

Con poco más de 20 años, Elena Benarroch abrió su primera tienda en Madrid. Su objetivo no era otro que «investigar en la materia prima y llevar al límite las posibilidades de las pieles». Y así lo hizo. Mi casa está pensada para ser disfrutada con los amigos.

Unos meses más tarde, un divertido jersey rosa de visón con cuellos y puños de punto logró deslumbrar y conquistar a un público que, a partir de entonces, aprendió a ver la peletería como algo más que un simple objeto de estatus social. Odia la palabra peletera, «porque suena a rancio». «Prefiero hablar de diseño de materia prima», ataja convencida.

Elena Benarroch se ha convertido en uno de los referentes mundiales de la moda en piel. Tanto es así, que algunas de sus clientas han llegado a decir que «tener algo firmado con las iniciales, casi en oro, de EB alimenta las codicias más secretas del género femenino». Un lujo que no está al alcance de todos los bolsillos, pero que la diseñadora melillense ha logrado introducir en los armarios de las más jóvenes. «Algún día me inventaré un nombre para referirme al visón. La sola pronunciación de esta palabra echa para atrás a mucha gente», reconoce, mientras muestra su última y juvenil colección, que tiene como musa y modelo a su hija Yaël.
En su tienda madrileña, es habitual encontrarse con personajes tan dispares como Chavela Vargas, Isabel Preysler, Melanie Griffith o Pedro Almodóvar. Y es que Elena es la anfitriona perfecta. Su casa, una amplísima vivienda «pensada para disfrutarla rodeada de mi gente», es el centro de reunión de toda la prole.

«La hemos diseñado para recibir a los amigos. Por eso el salón y la cocina son tan grandes», explica. La afición por el arte, que comparte con su marido, el escultor y pintor Adolfo Barnatán, y sus dos hijos, está presente en cada uno de los rincones de la casa. Cuadros, esculturas y muebles de diseño se integran a la perfección en las luminosas estancias de la vivienda. «No sólo hay que disfrutar del arte, también es importante aprender a vivir con él», insiste.

«Cacharrear» en la cocina es su otra gran pasión. Sus amigos lo saben y lo disfrutan a menudo. Las reuniones gastronómicas en casa de los Barnatán Benarroch son habituales y casi tan famosas como sus abrigos. «Haciendo pasta italiana soy única», sentencia con una gran sonrisa.

Suena el móvil. «Es Pedro Almodóvar. Hoy viene a cenar con Loles León y Bibiana», anuncia, mientras telefonea a sus hijos, Jaime y Yaël, para que se unan al festín. Lo dicho, buen provecho.

 
 

        


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