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Árboles de leyenda

Una ONG prepara un listado con más de 5.000 árboles singulares, unos ejemplares con nombre propio


Texto: David Guadilla. Fotos: Susana Domínguez
24/06/2002

Algunos tienen más de 1.000 años. Nacieron durante una época en la que, de haberse tomado una fotografía aérea de la Península Ibérica, la imagen resultante hubiese sido prácticamente monocromática: un intenso color verde extendido sobre la tierra, producto del bosque sin fin que brotaba desde el Cantábrico hasta Tarifa, y sobre el cual se decía que saltaban las ardillas trasladándose de costa a costa sin necesidad de rozar el suelo.

En aquellos días, el acebuche frente al que paran cada año los fieles durante la procesión del Rocío en Huelva no tenía nada de particular; un ejemplar común dentro del bosque que crecía por la comarca. Hoy, prácticamente, es un superviviente; un caso singular necesitado de engrosar un listado de especies protegidas. Un milenio después de su aparición, forma parte de los firmes candidatos a ingresar en el proyecto Árboles, leyendas vivas, ideado por la organización Bosques sin fronteras.

La cifra de árboles que pueblan España parece grandiosa: 12.000 millones de ejemplares; 680 millones de encinas, 452 de pino carrasco, 226 de hayas, 113 de castaños, 75 de alcornoques... Alrededor de un centenar de especies repartidas por todo el territorio, de las cuales, cerca de un 30% se halla en los archipiélagos balear y canario, dos zonas extremadamente ricas desde el punto de vista biológico.

Pero, en realidad, son números a la baja. Aquella ficticia imagen a vista de pájaro presenta al principio del siglo XXI un tono diferente: el ocre de unos campos cada vez más yermos borra paso a paso el verde de una vegetación en claro retroceso. «Soy bastante pesimista respecto a la situación de los bosques en España», explica Susana Domínguez, directora de este proyecto, patrocinado por la obra social de Caja Madrid, la Fundación Biodiversidad y Repsol.

Los bosques ocupan actualmente el 28% de la superficie total en España. La comparación con los países de nuestro entorno ofrece resultados para todos los gustos; los que tienden al optimismo miran al Reino Unido o a Irlanda, donde el terreno cubierto de árboles apenas ronda el 10%. Los más escépticos observan con envidia a Alemania y Francia, con el 30%; Portugal, 35%; o Italia, con el 29% –eso, sin contar países como Suecia, con el 82% de su territorio arbolado–.

Sobre un mapa con escasas zonas vírgenes –el daño se extiende por todo el país, aunque el sur y el Levante son las zonas más maltratadas–, siguen sobreviviendo casos únicos que, por su edad, dimensiones, emplazamiento, etc, Bosques sin fronteras quiere dar a conocer. Y proteger.

Tres fases
El proyecto Árboles, leyendas vivas, consta de tres fases, que irán realizándose en otros tantos años. La primera etapa consiste en elaborar un catálogo que recogerá la información genética de más de 5.000 ejemplares. Se creará un inventario con muestras de germoplasma, que serán trasladadas a un centro de mejora forestal dependiente del Ministerio de Medio Ambiente, entidad que también colabora con este programa.

Posteriormente, se creará un banco de semillas para poder reproducir los ejemplares y crear un vivero educativo. El último año servirá para dar a conocer el trabajo desarrollado a través de una exposición fotográfica. «Recibimos la información de muchos sitios. Nos llaman y dicen: ‘Aquí hay un árbol desde hace generaciones’. Cualquiera puede aportar su granito de arena y decirnos dónde hay árboles singulares», informa la directora de la iniciativa.

El objetivo: dar la vuelta a una situación que algunos califican ya de dramática. Urbanizaciones de lujo en plena sierra, construcción de carreteras y autopistas que acaban convertidas en cuchillos que cortan cualquier desarrollo forestal, contaminación ambiental, incendios intencionados, entre otros factores, se confabulan para reducir la masa arbórea. Y eso que, desde hace unos años, se aplican medidas de prevención. El problema, sostiene Domínguez, es que se hacen políticas «a corto plazo». A su juicio, un ejemplo son las repoblaciones. «Se gastan un dineral en replantar nuevos ejemplares, se saca en los medios de comunicación, pero al año se han secado. A veces, es por una mala plantación, pero, en muchos casos, se deja el árbol sin atención, no se limpia, no se hacen clareos y en poco tiempo está plagado de parásitos», explica.

Más información:
leyendasvivas@leyendasvivas.com

 
 

        


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