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Lydia Delgado


Texto: Carmen Barreiro
Fotos: Maite Bartolomé
18/10/2001

La delicadeza y el ritmo acompasado que acompañan cada uno de sus gestos la delatan con facilidad. La diseñadora Lydia Delgado no puede disimular sus inicios profesionales como bailarina en la compañía de ballet clásico del Gran Teatro Liceo de Barcelona.

Y es que esta catalana, que se introdujo en el frenético mundo de la moda de la mano de Antonio Miró, apuntaba maneras desde la cuna. «Siempre he tenido un especial interés por todo lo creativo», explica Lydia, quien proximamente recibirá el prestigioso premio T de Telva, que la reconoce como la mejor diseñadora del año.

Tras su exitoso paso por el salón Gaudí de Barcelona, donde presentó una colección otoño-invierno 2001 inspirada en el arte abstracto y el cine de principios del siglo XX, la profesional catalana atraviesa una etapa más sosegada. «Ahora necesito tiempo libre para soñar, para pensar en nuevos diseños y buscar imágenes e historias que me inspiren», confiesa. Lejos, en cualquier caso, de los desfiles, que son «puro vértigo. En apenas veinte minutos te juegas todo el trabajo que, durante varios meses, ha hecho muchísima gente», asegura.

Y su nueva casa, situada en la parte antigua de la ciudad condal, es uno de esos lugares donde Lydia invoca a las musas de la creación. Unas musas que, en ocasiones, cambian la aguja y el alfiler por el lienzo y el pincel. No en vano, la pintura es otra de sus grandes pasiones. «Una amiga mía, pintora de las buenas, me dice que voy por buen camino. A ver si es verdad», suspira. Interés no le falta.

Dos grandes óleos que llevan su firma al pie presiden el luminoso salón de su vivienda, en el que destaca, además de una gran chimenea blanca, su gusto por los pequeños detalles. «Me encanta hacer bodegones. Mezclo joyas exóticas, frascos de perfume, pequeñas piezas de porcelana…», reconoce con cierto pudor. En la habitación contigua, numerosos botes de pintura de todos los colores conviven con los bocetos sobre los que está trabajando la diseñadora catalana.

Perfeccionista hasta el límite –«cuando empecé en este mundo de la moda estaba más pendiente de todo lo que me rodeaba, pero con el paso del tiempo he aprendido a delegar y me siento libre»–, Lydia Delgado ha logrado crear un estilo muy personal. Pese a que se siente muy influida por la forma de vida londinense, hay algo en sus colecciones y cuadros que rezuma cierto gusto francés. Siluetas lánguidas y etéreas se mezclan con destellos de vanguardia, propios de la capital del Támesis.

De momento, la próxima temporada, teñida en tonos intensos, estará marcada por el glamour de tejidos como el tul, la gasa o el terciopelo. Toda una propuesta.

 

 
 

        


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