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Feria de Arte y Antigüedades de Madrid
En un tiempo en que la guerra castiga al mundo y abre boquetes en las Bolsas por donde caen en picado los capitales, las antigüedades resurgen como «el mejor negocio. Garantizan una revalorización mínima anual del 15%; eso no lo da ninguna acción», asegura el presidente de Feriarte

Texto: Montserrat Lluis / Fotos: Fotoprensa
05/11/2001

Si aún tiene alguna rubia escondida en el armario o camuflada entre las sábanas, sáquela antes de que la descubra el euro, y corra con ella al parque de exposiciones Juan Carlos I de Madrid. Podrá cambiarla por una de las 16.000 piezas que se exponen y venden hasta mañana, con motivo de la Feria Internacional de Arte y Antigüedades, Feriarte.

Aunque el valor de cada una es proporcional a la longitud de su pasado, constituyen certeras inversiones de futuro. El presidente del certamen, Antonio Serrano, garantiza una revalorización mínima anual del 15%, más un plus de goce estético e histórico imposible de tasar.

Muebles para todos los ambientes, desde bancos de misa a tronos reales; de los dibujos a lápiz de las lámparas de La Granja a los óleos de Sorolla; relojes que marcan el paso del tiempo para todos, menos para ellos; fastuosas joyas que hoy brillan en las joyerías, pero por su ausencia; alfombras, tapices, esculturas, cerámicas, armas, instrumentos musicales… han derramado todo su arte por los 2.500 metros cuadrados de la muestra.

Consolidada como la más selecta del país, cumple 25 años, pero casi ni se atreve a celebrarlos. Qué es un cuarto de siglo al lado de vestigios egipcios de más de dos milenios, de una cabeza en mármol de Trajano, sólo doscientos años menor que Jesucristo; o de una Virgen Dolorosa que lleva sufriendo desde 1530. La más joven de las obras pasa de la centuria, por ser ésta la edad mínima exigida para entrar en el selecto círculo de las antigüedades. Ahora bien, los marchantes insisten en que una reliquia no sólo vale su tiempo en oro. «Tanto o más importantes» devienen su rareza, calidad, conservación y, por más que exaspere a los profesionales, las modas.

«Son el reflejo de la falta de criterio del comprador», opina José Antonio Cámara. El reconocido anticuario madrileño debe admitir, no obstante, que las tendencias existen y que lo que se lleva esta temporada es Carlos IV. El siglo XVIII español está de rabiosa actualidad y, en general, todo el arte europeo desde Luis XVI al siglo XIX. De ahí el interés suscitado en la feria por los recargados gabinetes, consolas, librerías o sillerías. Macizos. De roble, caoba, nogal, pino, abedul, palosanto, limoncillo…o combinando varias de estas maderas. Solemnes. Acicalados con marfil, piedras preciosas, plata o bronces… el Neoclasicismo ha sabido cautivar al olvido para lograr su indulgencia.

Escasez de obra buena

Vajillas, diamantes engarzados al gusto isabelino, tallas religiosas y alfombras orientales disfrutan también de su segunda juventud. De hecho, y aunque los anticuarios se quejan en voz baja de la falta de clientela, con frecuencia les resulta más complejo hallar vendedor que comprador de estos enseres. «Vivimos una época de escasez de obra buena», confiesa Jaime Xarrié. Aunque Barcelona y Madrid se reparten quince subastas semanales, «todo ha dado mil vueltas». Tampoco en las casonas rurales se desempolvan ya antiguallas dignas de pasar del desván al museo. «El que se desprende de algo es porque está muy ‘apuradillo’. De lo contrario, espera al euro», insiste el experto catalán.

Sí pensaba que intentarían adelantarse a la moneda única los propietarios de dinero negro. «Pero apenas se ha notado, porque el que no se ha desprendido de él a estas alturas es porque lo que colecciona son billetes, no antigüedades». Mayores esperanzas ha depositado el gremio en la incertidumbre abierta tras los atentados del 11 de noviembre. En Nueva York, ya se han batido récords en subastas y, en España, se empieza a adivinar también cierto repunte.

Todo ello porque, en épocas de guerra, cuando en la Bolsa sólo se gana para sustos, el capital se refugia en la paz que proporciona el arte. Y en su rentabilidad. El presidente de Feriarte está convencido de que el suyo es «el mejor negocio que existe. Ningún mercado de valores te da iguales beneficios».

En el parque Juan Carlos I se ofertan participaciones desde 5.000 pesetas, en forma de cajitas, anillos, dedales o cucharillas. Pero esas no son las que más rentan. Los valores más seguros nunca cambian de titular por menos de un millón. Y no de reales. Sino de pesetas. E incluso euros.

 
 

        


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