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El belén de Salzillo
Son auténticas esculturas, pequeñas obras de arte talladas por las mismas manos de quien alumbró imágenes y grupos tan universales como San Juan, La Cena, El beso de Judas o La Oración en el Huerto. Joyas menudas que no exceden los 35 centímetros e inspiran, si cabe, una mayor ternura y admiración


Texto: José María Galiana
02/01/2002

Los artesanos belenistas de la Región han mostrado estos días en la Alameda Alfonso X sus trabajos, en un nuevo intento por reivindicar el valor de la tradición, patrimonio que en las últimas décadas se ha visto menospreciado. No es la primera vez, y se abren las carnes sólo de pensar que, en 1914, el Belén de Salzillo se expuso en el Museo Arqueológico Nacional para proceder a su venta (en 165.000 pesetas se fijó el precio).

Por ventura, el marqués de Corvera, presionado por Isidoro de la Cierva y Andrés Baquero, accedió a devolverlo a la ciudad donde se esculpió, previo pago de 27.000 pesetas, cantidad que hizo efectiva el Museo de Bellas Artes de Murcia.

El desarraigo conduce a la ignorancia. Antes aún, en 1875, Ramón Chico de Guzmán escribía en el periódico local La Paz: “Pocos españoles, a excepción de los hijos de Murcia, conocerán al modesto escultor cuya vida tranquila se deslizó siempre sin salir de los muros de la bella ciudad que le vio nacer. El escultor Salzillo es una gloria de nuestra patria; si hoy no está a la altura de Alonso Cano y Berruguete no es culpa suya; la desidia de sus conciudadanos, el abandono de sus compatriotas que han escondido esas joyas y han ocultado esas maravillas, es únicamente responsable del olvido en que yace su nombre”.

Los estudiosos del universal imaginero estiman que Salzillo disfrutó más haciendo el belén que las imágenes de gran tamaño, y lo cierto es que alguna de las 480 piezas de pequeño formato que lo integran, fueron el germen de las que desfilan por la ciudad en el amanecer del Viernes Santo.

El primer belén del que se tiene constancia se conserva en Italia y data del siglo XIII. La tradición belenística comenzó a arraigar en España a partir del XVI y su principal valedor y divulgador fue Carlos III, hijo de Felipe V y rey de Nápoles, quien en 1759, a la muerte de su hermanastro Fernando, heredó la corona española y transmitió a la corte algunas de las costumbres y tradiciones de su reinado precedente, sobre todo las representaciones de belenes o presepi napolitanos, uno de los amores compartidos con su esposa: en el castillo Sanmartino de Nápoles y en otras ciudades italianas se conservan varios de los belenes que, por encargo de Carlos III, realizó Giusepe Sanmartino, el imaginero italiano de más prestigio.

Medio siglo antes, en el año 1707, llegó a Murcia Nicolás Salzillo, un modesto imaginero napolitano que estableció su taller en la calle de Las Palmas, a la espalda del convento de Santa Isabel. Su muerte, 20 años después, obligó a su hijo Francisco a abandonar el convento de Santo Domingo donde había ingresado como novicio, para hacerse cargo del taller paterno. De aquella etapa de aprendizaje son manifiestos los rasgos e influencias del barroco italiano heredados de su padre, aunque ya se advertía en el joven escultor la originalidad de su policromía y especial predilección por el pequeño formato. En algunos casos, las figuras del belén superan en realismo, movimiento y calidad a las esculturas, a pesar de que Salzillo les dio el mismo tratamiento. Debió hacerlas por placer, en esos momentos de sosiego e inspiración que mueven al artista a la creatividad. A causa de la influencia paterna se ha aceptado la posibilidad de que muchas de esas figuras las hiciera Salzillo como bocetos o simples ejercicios de modelado y decoración. Lo evidente es que algunos sayones del paso de Los Azotes, y los soldados de La Caída y de El Prendimiento son los mismos que los sicarios de Herodes y los miembros de su guardia personal. Por otra parte, la policromía de las piezas de este admirable belén es igual a la utilizada en las obras de gran formato. Las figuras se realizaron con materiales mixtos -arcilla, madera y paños encolados-, pero la policromía se llevó a cabo con ricos estofados, una técnica del siglo XVIII a base de pan de oro y temple. Asimismo, hay que citar el acabado de las carnaciones, de gran fineza, que recogen hasta los mínimos detalles.

Se desconoce el tiempo que el imaginero murciano empleó en su realización, no así el año de comienzo, en 1776, a resultas de un encargó de Jesualdo Riquelme, amigo del escultor que había heredado el paso de la Caída. El belén pasó después a ser propiedad de Antonio Riquelme, de la marquesa de Salinas y del precitado marqués de Corvera. Cabe precisar que Salzilo no fue el autor de todas la piezas; los 13 grupos de de la degollación de los Inocentes, fueron obra de Roque López, su discípulo predilecto, y otras figuras de menor relieve salieron de las manos de sus auxiliares, lo cual no significa que el maestro no las supervisase, retocase y diera el visto bueno.

En 1945, José Sánchez Moreno, autor del libro Vida y Obra de Francisco Salzillo, cifró el belén en 556 figuras -166 de ellas humanas- y 8 edificios, de los cuales sólo se conservaban en buen estado el templo de Jerusalem, la Posada y el Palacio de Herodes.

La Murcia del XVIII

Hay un hecho que no debe pasar desapercibido. Las figuras del belén de Salzillo constituyen una representación excepcional de los hábitos y costumbres de la Murcia del silgo XVIII: los instrumentos de los músicos, las camisas y calzonas de los pastores, las cestas, repletas de granadas, naranjas y limones, son las propios de esa época.

Coincidiendo con el comienzo de la presidencia de España de la CEE, los grupos más significativos grupos se han trasladado a Bruselas para su exposición (Nacimiento, Visitación, matanza, sueño de San José y Anunciación). El resto puede verse en el Museo Salzillo en horario de mañana y tarde. Componen el belén las siguientes figuras: Visitación, Anunciación, el sueño de San José, grupo de la posada, nacimiento, Purificación, Reyes Magos, Huída a Egipto, 15 figuras de Herodes y su guardia, 13 grupos de la degollación de los Inocentes, arrieros, honderos, gañanes, bailarinas, cazadores, hilandera devanando, vieja hilando, dos viejos frente al hogar, un borracho, dos niños pastores, vieja cebando animales, ángel anunciador, viejo ordeñando una cabra, viejo curtidor, viejo con mortero, pastor cargado, viejo bebedor y joven escanciando, dos agricultores, aguador, pastor, perro, leñador, campesino con un cabritillo al hombro, matarife, frutero con carrito cargado de capachos, dos mendigos remendados, mujer que ordeña, hombre con un pez en la mano, mujer amamantando a un niño, pastor amasando, hombre con alforjas, 24 figuras de gente en el mercado en torno a un individuo que lee un romance, organillero y desollador tirando de la piel de un cabritillo pendiente de un árbol.

Todos lucen los ricos estofados sobre panes de oro utilizados por Salzillo y sus auxiliares, la policromía de tonalidades claras y atrevidas: los calzonas azules y rosa de los sicarios de Herodes, la expresividad de las figuras, la dulzura de los rostros, la capacidad de emocionar de su vasta y excepcional obra, declarada patrimonio de la humanidad. De Salzillo se ha dicho que es el más destacado en un siglo de poca fortuna para la escultura. Para Hans Stegmann fue “el único escultor que realmente interesa de todos los del siglo XVIII”, y el marqués de Lozoya avaló su obra expresando que “no ha sido superada en la historia de la escultura barroca”.

El belén de Salzillo no es un nacimiento popular sino una serie de obras de arte que el espectador debe ver individualmente para apreciar su verdadera dimensión. En él se detectan las características del nacimiento español, diferente de su antecesor, el italiano, pecualiaridades que se refieren, básicamente, al tratamiento de las figuras como si fueran imágenes de gran tamaño -policromadas y estofadas como tales-, y el carácter narrativo que trata de reproducir los escenarios reales de la vida de Cristo.

DATOS

BELENES DE OBLIGADA VISITA.
EMPLAZAMIENTO Y HORARIOS

El Museo Salzillo, donde se muestra parte del belén del titular, está en la paza de San Agustín, número1 (tel. 968/29 18 93). El horario de visita es, por la mañana, de 9.30 a 13 horas, y por la tarde, de 16 a 19 horas. El belén municipal, instalado por la peña La Pava en el patio del Palacio Episcopal, puede visitarse durante todo el día, pero a las 21 horas se cantan aguinaldos y villancicos tradicionales. Belén viviente de El Raal.;en su escenificación intervienen más de un centenar de vecinos de la pedanía murciana. Por la tarde, de 18 a 21 horas. Belén de Casillas, de gran arraigo, muestra imágenes en movimiento. De 10 a 14 horas y de 15.30 a 21. Belén de España, en la plaza del Ayuntamiento de San Javier. Ocupa 600 metros de superficie. Belén municipal de Cartagena. Instalado en la plaza de San Francisco. De estilo tradicinal, cuenta con imágenes de Manuel Nicolás Almansa. Belén de la Federacion de Peñas Huertanas; se puede ver en la sede de la federación, avenida Primero de mayo. De 10 a 14 horas y 17 a 23.

 
 

        


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