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Julián Gorospe

Director del equipo ciclista Euskaltel-Euskadi

Texto: Carmen Barreiro / Fotos: Maite Bartolomé
04/11/2002

No hay duda de que es la casa de Julián Gorospe. Nada más cruzar el portalón de entrada, dos inconfundibles coches del equipo Euskaltel-Euskadi, pintados con el característico naranja eléctrico que distingue al equipo vasco, llaman la atención del visitante. «Pues hoy hay pocos. Cuando nos juntamos todos, el jardín parece el pelotón del ‘Tour’ de Francia», bromea Gorospe, su director deportivo.

Otra de las particularidades que evidencian que se trata de la casa de un deportista son los inmumerables trofeos que llenan las escaleras de su vivienda, un luminoso chalé situado en lo alto de un monte a las afueras de Iurreta (Vizcaya). «Me gusta vivir aquí.
Tienes todas las ventajas de estar apartado del casco urbano y, al mismo tiempo, vives relativamente cerca de la ciudad», explica la perla de Mañaria, nombre con el que bautizaron a Julián en su etapa de ciclista.

Este vizcaíno siempre ha apuntado maneras. De joven promesa del ciclismo vasco pasó a ser uno de los destacados profesionales del pelotón nacional. Aunque no ha ganado ninguna de las tres grandes carreras del mundo del ciclismo –Tour, Giro y Vuelta–, el palmarés de Gorospe incluye más de una treintena de victorias en grandes etapas. Gregario de lujo del navarro Miguel Indurain, su retirada del ciclismo en 1994 coincidió con la de otro de sus antiguos compañeros del equipo Banesto, Pedro Delgado. En una semana, el ciclismo español despidió a dos de los hombres más carismáticos de la generación del 60.

Con cerca de 500.000 kilómetros en sus piernas, Julián ha cambiado el sillín de la bicicleta por el asiento del coche oficial del Euskaltel-Euskadi. «Tenemos un equipo competitivo. ¿Lo mejor? El grupo que hemos logrado componer. El ciclismo es un deporte muy sacrificado. Se sufre como corredor y se sufre como director», reconoce.

Ahora, sigue las carreras por televisión. «Su rincón preferido de la casa es el saloncito que hemos instalado en la cocina. Se pasa horas viendo ciclismo», confiesa su mujer. De vez en cuando, todavía se acuerda de la bicicleta y se va a hacer «unos kilómetros» para mantenerse en forma. A las que no ha logrado convencer es a sus hijas, que se han decidido por el baloncesto. «Todavía son pequeñas, pero no lo hacen nada mal. No les gusta perder ni en los entrenamientos». De tal palo…

 
 

        


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