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Una esquela alegre

Los supervivientes de la ‘Movida’ cultural que revolucionó España en los años 80 recuerdan sin tapujos aquellos tiempos indómitos, veloces y, a veces, mortales

Texto: Carlos Morán / Fotos: Agencias
06/11/2002

Las cosas iban tan deprisa en los años de la Movida que nadie se acordó de hacer un alto para documentar lo que estaba ocurriendo. «Disfrutamos tanto que no tuvimos tiempo, (...) tampoco lo necesitábamos». La explicación es de Pedro Almodóvar, seguramente el máximo patrón de la alocada fábrica cultural que revolucionó la España de finales de la década de los 70 y principios de los 80. El manchego, antes de convertirse en uno de los cineastas más reputados del mundo, formó dúo musical con una loca llamada Fabio McNamara. Ambos salían a escena cubiertos de rulos y con las piernas enfundadas en medias rasgadas. Y se ponían a berrear. Todo muy ordinario. Y megadivertido, tía.

Imposible que alguien quisiera hacer de notario para dar fe de tales sucesos. Un papel demasiado aburrido. Han tenido que pasar dos décadas para que los supervivientes del fenómeno comiencen a reconstruirlo con rigor y perspectiva.

Rafa Cervera, periodista y testigo privilegiado de aquellos años indómitos, acaba de hacer su aportación: un libro titulado Alaska y otras historias de la Movida (Plaza y Janés). Pese a lo que pudiera parecer, no es una biografía de la cantante hispanomejicana Olvido Gara. Es un fresco del fenómeno hecho con las confesiones –inéditas y muy actuales, por lo general– de los interesados: Alaska, el difunto Carlos Berlanga, Almodóvar, la televisiva Paloma Chamorro... No hay afán enciclopédico. Los datos y las fechas son secundarios. Lo importante son los seres humanos, sus alegrías y sus miserias. «No es un libro musical. La idea era que fuera un libro muy humano. Mi intención era descubrir las personas que hay detrás de los personajes. Quería contar todas esas cosas que normalmente no se cuentan en las biografías de las estrellas del pop: cómo se relacionan con sus familias, a quién quieren, a quién no quieren...», explica el autor.

Los entrevistados no tienen pelos en la lengua. Hablan con toda crudeza de sus facetas más tenebrosas. «He tenido la suerte de que han sido muy sinceros. Dicen muchas cosas que, normalmente, los artistas del pop no dicen, se las callan y así parece que todo es bonito siempre. En este caso no ha ocurrido eso. Ellos leyeron el libro antes de su publicación y no quitaron una coma», se congratula Cervera.

«Soy drogadicto»

He aquí un ejemplo que no necesita más comentario. La declaración es de Carlos Berlanga, cantante, guitarrista y compositor de Alaska y los Pegamoides y Alaska y Dinarama. «Yo soy drogadicto, ya debía serlo en el útero materno. Empecé con el Valium, que me ha ido siempre de perlas. A la primera raya de caballo me invitaron Eduardo (Benavente) y Ana (Curra) –sus compañeros en Alaska y Pegamoides–. No me he pinchado en la vida, pero he estado fumando chinos –cigarrillos de heroína– y chinos y después de la mili me enganché definitivamente. El caballo es una sustancia que detesto. Y detesto también estar enganchado. Las drogas te afectan muchísimo, son algo satánico. Cuando me metí en esto era la época de probarlo todo. Era consciente de lo que hacía... Me encantan las benzodiacepinas».

Hasta cuando hablaba de los temas más serios, Berlanga –hijo del director de cine– se permitía alguna frivolidad. Era así y así murió el día 5 de junio de este año. Su hígado no resistió más. Los tiempos veloces se cobraban una nueva pieza con dos décadas de retraso.
Antes que él se habían ido otros: Eduardo Benavente –que falleció en un accidente de tráfico en mayo de 1983, justo cuando su grupo, Parálisis Permanente, comenzaba a triunfar–; Enrique y Juan, dos pintores conocidos como Las Costus –al primero lo mató el sida en mayo de 1989 y el segundo se suicidó un mes más tarde–; Toti Árboles –batería de Dinarama y Parálisis–, muerto por sobredosis en 1992... Pero no todo son visitas al cementerio.

La invención de ‘petarda’


La Movida, como ya se ha dicho, fue jolgorio en estado puro. Por el libro de Cervera circulan personajes insólitos que son una demostración de ello. Es el caso de Vicenta, una especie de ama de llaves de la acomodada familia Canut –varios de cuyos miembros estuvieron en la gestación de todo aquello–. Esta buena señora, además de muchas otras cosas, tuvo el genial acierto de patentar la palabra petarda, una de los mejores regalos lingüísticos que hizo la Movida a la sociedad española recién liberada del corsé franquista.

También son importantes en la trama la mamá –América– y la abuela de Alaska, doña Caridad, que reñía y polemizaba con Fraga cada vez que éste salía por televisión. Ambas asistieron, entre asustadas y emocionadas, a la espectacular metamorfosis que sufrió su niña, que paso de ser una colegiala modosita a convertirse en la musa de la modernidad más rampante.

Pegamoides y Tejero

El libro también da respuesta a algunas incógnitas sabrosas. Por ejemplo, ¿qué hicieron Alaska y los Pegamoides el día del intento de golpe de estado de Tejero? La verdad: se comportaron como unos cobardicas.

«Si esto prospera, nos vemos todos dentro de unos días en Londres. Qué poco solidarios, otros hubiesen dicho: ¡a las barricadas! Pero nosotros, a buscar un avión rápidamente...», desvela Olvido a Cervera.

Éste último asegura que ahora los tiempos «son más aburridos, más conservadores y más inciertos: hace 20 años, las cosas parecían más optimistas, había una gran euforia».

También es cierto, tal y como advierte Almodóvar en el prólogo del libro, que «muchos de los que vivieron aquellos años de extrema libertad lo pagaron con su vida».

Ése es el resumen: nunca la cara y la cruz estuvieron tan cerca como entonces. Hubo es
«Después no ha habido nada igual ni volverá haberlo. Lo que originó la Movida fue la recuperación de la libertad, la muerte de un dictador que nos puteaba a todos», concluye Cervera.

Había que morir o vivir para contarlo.

JESÚS ORDOVÁS / PERIODISTA RADIOFÓNICO

«La ‘Movida’ tuvo apoyo; ahora
hay represión»

C. Morán / Granada

Jesús Ordovás fue el altavoz de la Movida. Desde el puente de mando del legendario ‘Diario Pop’ de Radio 3 –que sigue dirigiendo y presentado– convirtió en éxitos las maquetas de Siniestro Total, Parálisis Permanente, Nacha Pop o Radio Futura. Recientemente, publicó La Revolución pop, un libro en el que ahonda en los secretos de aquellos tiempos.

–Alaska y otras historias de la Movida, Corre Rocker, su Revolución pop... Se amontonan los libros sobre aquellos años de colorines, creatividad y ojeras. ¿Tiene una explicación para la revitalización de la Movida?
–Todo esto responde a que han pasado 20 años y hay muchísima gente joven que se interesa por aquella época. Y sólo tienen rumores y datos dispersos. Se hacía necesaria una crónica completa y bien hecha. Y nadie mejor para hacerla que la gente que la conocimos.

–¿Y este revival no se parece un poco a Cuéntame en versión pop?
–No creo. Cuéntame tiene otra perspectiva. En nuestro caso también hay dosis de autocrítica... Contamos detalles de algo que ha sido desvirtuado, manipulado y prostituido con el paso del tiempo. Además, es una época reciente. No cabe la perspectiva de abuelos que hay en Cuéntame. Todos los que estamos hablando de la Movida estamos muy vivos y muy coleando. Yo salgo a bailar todas las noches. Somos gente que seguimos metidos en el meollo.
–¿Qué queda de todo aquello ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?
–No hay nostalgia para nada. Aunque haya gente de ahora, como Meteosat, que son fans de aquella época, yo creo que hoy no hay mucha diferencia con lo que ocurría entonces en cuanto a conciertos, salas, etc.

–Hombre, reconocerá que entonces pasaban cosas francamente alucinantes. Por ejemplo, usted narra en su libro un desternillante viaje en tren, pagado con fondos públicos, para hermanar la Movida madrileña con la de Vigo.
–Es cierto, esas cosas ya no las hay, ja, ja, ja...

–Los vagones salieron de la capital preñados de músicos, pintores y locos... ¡Y había barra libre!
–Sí, sí... Hay algo que distingue a aquella época de ésta: entonces, el Partido Socialista se volcó con la Movida... En la radio pública se retransmitían conciertos que duraban toda una noche. Era algo épico. La televisión también se volcaba... y los ayuntamientos y los alcaldes... Ahora es todo lo contrario: se vuelcan para reprimir. Lo que ha cambiado es la actitud: antes se apoyaba y ahora hay represión... No hay un duro y encima te cierran el local. La cosa está muy represiva en todas las grandes ciudades. Empezando por la ley ‘antibotellón’.

–En aquel tiempo, usted era una especie de Rey Midas: todo lo que ‘pinchaba’ en el ‘Diario Pop’ se convertía en un éxito inmediato...

–Es que el material era muy bueno... Un día venían Alaska y los Pegamoides; otro, Parálisis Permanente y al siguiente, Radio Futura o Nacha Pop...

 
 

        


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