| Lluis
Llongueras
Peluquero
Texto: Carmen Barreiro. Fotos: Manolo S. Urbano 26/08/2002
Lavar,
secar, peinar y cortar ha pasado a la historia. Señores, ¡hay que
tirar los cepillos a la basura! Un buen corte, un buen producto y ¡chassss!
a la calle». El entusiasmo con el que Luis Llongueras habla de su profesión
es admirable. Y contagioso. Todo en él es superlativo.
Los
airosos gestos con los que acompaña esa vocecilla que los imitadores han
hecho tan popular, sus proyectos profesionales, pero, sobre todo, su capacidad
de trabajo. No descansa ni cuando duerme. «Tengo un bloc de notas al lado
de la cama para apuntar todo lo que me viene a la cabeza mientras estoy acostado.
Escribo en mayúsculas para enterarme de lo que pongo».
Y
es que Llongueras no sólo es peluquero. Su estudio de Barcelona es un resumen
de su vida profesional. Decenas de sensuales esculturas de cuerpos femeninos desnudos,
entre las que se esconde una cocina americana, una mesa de mezclas para componer
la música de sus desfiles, un gran despacho cuajado de libros en el que
prepara una extensa publicación sobre Gaudí, el estudio de fotografía
Un recorrido en el ascensor panorámico es un pequeño viaje
por la vida de este catalán, amante de los toros y el flamenco. Cada planta
de la casa es un pequeño universo temático en el que Llongueras
deja volar su «creatividad». «Cuando necesito descansar, bajo
al salón, me tumbo en el sofá y pongo una película. Para
mí, es lo más relajante del mundo».
Por sus manos
han pasado desde conocidísimas actrices hasta las Infantas o Ana Botella,
pero él defiende el estilo y elegancia de la mujer anónima. «Cada
persona necesita un corte particular, acorde con su trabajo y su forma de vida»,
insiste Llongueras, quien no duda en señalar que «si hubiese unas
Olimpiadas de peluquería, España se llevaría el oro. El nivel
es muy alto, incluso en las peluquerías de barrio».
En 1972,
Llongueras consiguió que el Ayuntamiento de Barcelona hiciese la vista
gorda para que le dejasen abrir la primera peluquería unisex de España.
Todo un hito, y también un escándalo, en aquella época. Desde
entonces ha llovido mucho, pero el sello Llongueras es inconfundible.
La
última locura de este catalán ha sido la creación de una
peluquería juvenil «fashion», en la que se mezclan las tijeras
con los ordenadores, las videoconsolas y las máquinas de refrescos. «Hay
que avanzar con los tiempos, renovarse continuamente para estar siempre a la última».
Lo dicho, admirable. |
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