Evasión


   
  

LA PORTADA

ESPECTÁCULOS

CINE

MÚSICA

LITERATURA

EXPOSICIONES

VARIOS

CURSOS

CONCURSOS

RUTAS

REPORTAJES

   

REPORTAJES

Secreto radiactivo

La central de Trillo estrenará el próximo año
un polémico cementerio de residuos
nucleares de alto riesgo

 

Texto: Mercedes Cuesta
25/07/2000

MSupera las cien toneladas de peso, su altura es de cinco metros y su diámetro de más de dos. Sin embargo, ha conseguido permanecer en silencio hasta convertirse en uno de los secretos mejor guardados de los últimos años. Por fin ha salido a la luz: se trata del primer cementerio de residuos radiactivos de alta actividad (RAA) que, en esta década, se instalará en España.


Ha sido concebido para acoger veintiún elementos de combustible desechable, procedentes del reactor de la central nuclear de Trillo. Dada su comprometida carga, que permanecerá activa durante miles de años, ha sido necesario dotarlo con un blindaje neutrónico para eliminar cualquier riesgo de fuga. Una vez cumplida esta condición, el contenedor ya tan sólo se encuentra pendiente de superar las últimas pruebas de fugas, realizadas con gas helio, y podría estar terminado el próximo mes de junio.

Todo parece indicar que quedará ubicado en un espacio situado en la zona externa de la central manchega, junto a la pared lateral del edificio que alberga el reactor, aunque aún se desconoce el lugar exacto. En esta instalación, destinada a la producción y regulación de escisiones nucleares, se produce, anualmente, una recarga de combustible que origina el cambio de 44 componentes con RAA. Todos son introducidos en una piscina situada en el interior del recinto durante un período de cinco años.

Ahora bien, los cementerios nucleares no se habilitan a cielo abierto, ni siquiera se entierran. Al contar con plomo, el riesgo en caso de soterramiento sería demasiado elevado. Por eso, el destino final del que recogerá las basuras de Trillo apunta a un almacenamiento geológico profundo.

La primera carga, se supone, se efectuará en octubre, con componentes que llevan más de una década enfriándose. De esta forma, se cumplirán, de una vez, las disposiciones del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP). Firmado en 1970, el texto descarta el procesamiento del combustible radiactivo, para evitar la producción de plutonio, al tiempo que obliga al almacenaje de los RAA.
Los plazos, no obstante, pueden verse comprometidos, si los grupos ecologistas cumplen sus amenazas. Advierten que impedirán la apertura del cementerio nuclear y, de hecho, ya preparan movilizaciones.

Las inminentes protestas se vendrán a sumar a las que ya han llevado a cabo contra la central de Trillo y que, de alguna manera, han dado como resultado el controvertido contenedor. Al solicitar del Ayuntamiento alcarrense la modificación de las normas urbanísticas que paralizaban la instalación del cementerio nuclear y, a la vez, provocar el cierre anticipado de la planta en el 2003, motivado por el excesivo almacenamiento del combustible gastado en la piscina interior, el Consejo de Ministros autorizó, por decreto, el 31 de julio de 1999, la construcción de un almacén de residuos radiactivos de alta altividad junto al reactor.

Policías enfermos
De esta forma, la central podía alargar su vida operativa 22 años más, siempre y cuando se invirtieran 3.000 millones de pesetas en la habilitación de un almacén con espacio para ochenta contenedores de RAA. El coste de cada uno de ellos, que es de 250 millones de pesetas, será asumido por la fabricante Enresa, que percibirá, a cambio, el 0,8% del beneficio obtenido por los recibos de la luz.
Tanto el alcalde de la localidad manchega como el de los municipios limítrofes parecen estar de acuerdo con la fórmula de almacenamiento –ocasione o no riesgos–, siempre que, a cambio, se negocien compensaciones económicas. Enresa insiste en que el acopio del combustible nuclear no implica ningún peligro para las personas: aduce que está diseñado para emitir, como máximo, la cuarta parte de la dosis permitida, que es de doscientos milirem.

No obstante, la experiencia con policías alemanes que custodiaban un contenedor lleno de basura radiactiva en Görleben demuestra que las amenazas a la salud son cuantiosas. Basta saber que ya los trabajadores expuestos a tan mínima radiactividad han quedado incapacitados.