Lagunas
de La Mata y Torrevieja
Este
espacio está catalogado como uno de
los humedales europeos de importancia internacional
TEXTOS
Y FOTOS: JOSÉ MARÍA GALIANA
13/09/2000
Cuando
despunta el verano, las lagunas de La Mata y Torrevieja se tornan
de color rosa. La explicación es el abundante número
de larvas de crustáceos y bacterias halógenas que
pugnan por sobrevivir en este Parque Natural, paraíso
de 3.700 hectáreas que, como las larvas y las bacterias,
también sobrevive a pesar de los incendios y de la presión
urbanística.
Desde
la carretera que une Bigastro y San Miguel de Salinas, el viajero
no puede evitar un cierto espeluzno al ver una laguna color de
rosa que, según la luz y la estación, llega a convertirse
en grosella. Es el Parque Natural de las lagunas de la Mata y
Torrevieja, situado en la vega baja del Segura, entre los municipios
de Torrevieja, Guardamar y Los Montesinos. A la par que las cercanas
salinas de Santa Pola y el Hondo, en Elche, está catalogado
como uno de los humedales europeos más importantes, razón
por la que forman parte de la llamada Lista Mar, relación
de espacios naturales elaborada a principios de los años
sesenta en Francia. Calificadas «de importancia internacional»,
según la convención celebrada en 1971 en Ramsar
(Irán), tiene la consideración de ZEPA (zona de
especial protección para las aves silvestres) y desde
1994 es Parque Natural.
La utilización actual de las lagunas se limita a la explotación
salinera, actividad comercial que nació con la ciudad,
en el siglo XVIII. No obstante, las salinas se aprovechan desde
tiempos remotos: hay constancia de que en 1321 fueron cedidas
por la Corona a Orihuela para que no fueran enajenadas, y de
que los vecinos, tras construir un acequión que las unía
con el mar, desistieron de pescar en ellas debido a su elevada
salinización.
Ramón Bastida ha trabajado cuarenta años en las
salinas. Aun jubilado, viene desde Santa Pola a dar de comer
a las palomas deportivas que guarda en la entreplanta del transformador
que hay en el apeadero de las Moreras: «Las salinas se
alimentan del agua del mar y, muy especialmente, de un yacimiento
de sal gema que hay en Pinoso, a 50 kilómetros de distancia,
por medio de un salmueroducto que desemboca en la laguna de La
Mata y luego se bombea a la de Torrevieja. Las salinas son propiedad
del Estado y se arriendan cada 25 años, generalmente,
a sociedades suecas y danesas. Acostumbran a decir que no son
rentables pero hace poco extrajeron en torno a un millón
de toneladas de sal».
Situadas en una zona deprimida y cerrada al mar, las lagunas
se comunican con el Mediterráneo mediante canales como
el del Acequión; el agua entra por gravedad e inunda la
laguna de La Mata que actúa como precalentador. A su vez,
las dos lagunas están unidas a través de otro canal,
de tal forma que el agua previamente calentada en La Mata pasa
a la laguna de Torrevieja, donde se extrae la sal una vez ha
cristalizado.
A la trascendencia de preservar la flora y la fauna allí
existente, hay que sumar el no menos importante mantenimiento
del humedal y las derivaciones agrícolas y ganaderas.
En ambas lagunas hay tarays y siemprevivas, y al sur de la Mata
se han repoblado áreas de eucaliptus y pino carrasco y
piñonero. Aunque la fauna está muy condicionada
por la salinidad, es reseñable la existencia de la artemia
salina, crustáceo que, junto a las larvas de los mosquitos,
es el fundamento de la alimentación del centenar de aves
censadas que constituye el verdadero tesoro de las dos lagunas.
La más atractiva es el flamenco rosado, que utiliza estas
salinas para reposar y alimentarse durante su paso migratorio,
habiéndose llegado a contabilizar 2.000 ejemplares, y
hasta 15.000, si se cuentan los del Hondo de Elche y los de las
salinas de Santa Pola, espacio protegido de 2.500 hectáreas
de superficie, y unos de los dos únicos lugares de Europa
donde se ha logrado que el flamenco rosa vuelva a nidificar,
junto a La Carmague, en el sur de Francia. En Santa Pola, según
la época, se ha llegado a estimar la presencia de 8.000
ejemplares que, acostumbrados al tráfico rodado, sólo
se alejan cuando advierten la cercanía del ser humano.
Los flamencos que ahora chapotean en las charcas del sureste
español vienen desde los humedales de Doñana (Huelva)
y Fuentedepiedra (Málaga), con los polluelos nacidos en
primavera (los flamencos crían en nidos formados con barro
en lugares que jamás se inundan). Vuelan y se alimentan
de noche, viven en colonias y forman grupos llenos de colorido;
si algo les alarma, alzan el vuelo al unísono, dan una
vuelta en torno a la charca y vuelven a posarse en ella. Anidan
en comunidad y si los padres advierten algún peligro picotean
a los pollos para alejarlos de la zona.
Se ha citado al flamenco como la estrella de estos humedales,
pero no hay que olvidar a una anátida de atractivo plumaje,
el tarro blanco, al que los egipcios, en la antigüedad,
consideraban un animal sagrado.
Vive, habitualmente, en las charcas del parque, salvo cuando
emigra al mar del Norte a renovar su plumaje; aunque se han observado
excepcionalmente nidadas de 16 polluelos, realizan puestas de
entre 8 y 11 huevos. Otra pequeña anátida perceptible
en el parque es el zampullín cuellinegro, que bucea para
obtener su alimento en las charcas de menor salinidad, y del
que se han obtenido censos de hasta 3.000 ejemplares durante
la migración.
Entre las aves que nidifican en estas lagunas destacan el aguilucho
cenizo, el charrancito, el chorlitejo patinegro, la avoceta,
con su llamativo pico curvado, la cigüeñela, habitual
acompañante de la avoceta, el fumarel cariblanco, el charrán
común y el cormorán, que seca sus alas en las motas
de las salinas. En la zona de monte y en la pinada se observan
alcaudones, tarabillas, cogujadas lavanderas y alcazolas, sin
olvidar las lagartijas colilarga, colirroja, cenicienta e ibérica,
la rana común, el sapo corredor, el conejo, la liebre,
la comadreja y el zorro.
El parque natural dispone de un centro de información
(frente a Torrelamata) y personal cualificado para atender al
visitante. Proponen una ruta en bicicleta de 5.200 metros de
longitud que discurre por la parte suroeste del parque y, a pesar
de que hay una rampa de ascenso un tanto elevada, es recomendable
llevarla a cabo porque se obtiene una vista completa del entorno:
desde el punto más elevado se ven las dos lagunas, la
pinada, el Mediterráneo y, en los días claros,
la isla de Tabarca.
Otro itinerario a pie cruza por el Altillo; desde allí
se consigue una amplia panorámica de la laguna de La Mata
y del Acequión, el canal abierto que une la laguna con
el Mediterráneo: sorprende ver aquí especies de
fauna y flora marina como cangrejos, algas, actinias, posidonias
y peces.
La tercera parada se hace en el Observatorio, punto que permite
estudiar las distintas aves acuáticas que conviven en
la laguna; algunas sólo se detienen a descansar y alimentarse
antes de proseguir viaje al norte de África, otras vienen
para invernar, y las hay que vienen a criar.
Preste atención y guarde silencio, pues tiene la posibilidad
de de ver gaviotas, cigüeñelas, flamencos rosados,
tarro blancos, chorlitejos, avocetas, charrancitos o zampullines
cuellinegro.
La Pinada es el último tramo: aquí hay carrizos,
planta típica que revela la existencia de agua dulce,
eucaliptus y pinos carrasco y piñonero, fruto de una repoblación
artificial.
Información
y otras actividades
Si
desea visitar el Parque Natural de las lagunas de Torrevieja
y La Mata recabe información y planos en el Ayuntamiento
de Torrevieja o en el propio parque. Uno de los mejores puntos
para observar las aves se halla a 2 kilómetros de Torrevieja,
entre las urbanizaciones de El Chaparral y Ciudad Quesada, frente
a la carretera de Los Montesinos. Por otra parte, en Torrevieja
puede visitar el museo del mar y de la sal, las eras de la sal,
el puerto deportivo, la antigua torre vigía de La Mata
y su embarcadero, el casino y la célebre Torre del Moro. |
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