Elo
la ciudad perdida
El
Tolmo de Minateda preside el fértil y espacioso valle
de Minateda y Agramón. A sus pies, sobre la vía
romana que enlazaba Cartago Nova y Toledo, está la N-301,
y unos metros hacia el norte se trabaja en la autovía
que unirá la Venta del Olivo y Hellín. Su valor
estratégico y la dificultad del acceso contribuyeron a
que este abrupto peñasco fuera habitado desde la prehistoria
y lo amurallaran iberos, romanos, visigodos y musulmanes.
Texto
y fotos: José María Galiana
24/10/2000
Hasta
fechas muy recientes se desconocía la localización
exacta de la legendaria ciudad de Elo, sede episcopal visigoda
edificada en el siglo VII, y una de las más ricas y cultas
poblaciones de la cora de Todmir destruida por Abderramán
II tras la fundación de Murcia, entre los años
825 y 831.
Algunos arqueólogos la suponían en los primeros
pliegues de la sierra de la Fuensanta, quizá por la basílica
de traza visigoda que el profesor Mergelina descubrió
en 1934 en el Llano del Olivar, a unos 500 metros de Algezares,
sobre un cabezo aterrazado desde el que se domina todo el valle
del Segura.
La
edificación disponía de tres naves separadas por
arcos y columnas; la central, más ancha, lucía
en su extremo sur un ábside semicircular, y a la nave
lateral se adosó un baptisterio de ocho metros de diámetro
y una piscina poligonal con cuatro escalones para bautizar a
los catecúmenos, siendo lo más destacado del conjunto
la riqueza y profusión de cancelas y celosias caladas.
Además, en las inmediaciones, se encontraron 60 monedas
de los emperadores Constantino I, Constancio II, Juliano II,
Constante, Valentiniano y Valente, datadas en el segundo tercio
del siglo IV d. C.
Abelardo Merino, autor de Geografía histórica de
la provincia de Murcia, tras una elocuente descripción
de la Cora de Todmir cuya capitalidad pertenecía a Murcia,
sitúa a Elo en el monte Arabí (Yecla): «Esta
Mancha, tendida por buena porción de Albacete; las sierras
de la cuenca alta y media del Segura; las márgenes del
Guadalentín, con sus ramblas; el valle de Ricote; la huerta,
que ceñía a Orihuela y a Murcia; el valle del Vinalopó;
las montañas de Alicante y la marina tendida desde Denia
al Almanzora, eran el marco donde encuadraban, en la cora de
Tudmir, ricas y populosas ciudades, fortalezas inaccesibles y
pintorescas alquerías.
Entre estos centros de población destacaba, por su antigüedad,
la venerable Elo. Destrozados sus ricos edificios por el furor
de los bárbaros o por las armas de Leovigildo, volvió
bien pronto a levantarlos, según lo exigían, de
consuno, los recuerdos y la posición geográfica».
Un poeta, Abul Hasan Hazxim, glosó la belleza de Elo en
una de sus casidas: Deleitable morada de bellas y de literatos,
/ mansión de la hermosura, / punto de reunión de
todo cervatillo o mancebo enamorado / y de todo pretendiente:
lugar donde ojos tiranos / suspenden y extasían el corazón.
El Monastil (Elda), e incluso el Cabezo de las Roenas (Cehegín),
sede episcopal de Begastri, también se barajaron como
posibles emplazamientos de Elo, aquella ciudad levantada sobre
un cerro, espléndida y misteriosa, dominada por un templo
de vírgenes y hierofantes.
Ha sido ahora, durante la campaña que arqueólogos
albacentenses y alicantinos están llevando a cabo en Minateda
(Hellín), cuando se ha impuesto la hipótesis de
que la ciudad de Elo ocupaba la cumbre del Tolmo de Minateda,
una meseta de 10 hectáreas de superficie situada junto
a la carretera N-301, en el tramo comprendido entre la Venta
del Olivo y Nava Campana, a 8 kilómetros de Hellín
y a 76 de Murcia, junto al arroyo o rambla de Tobarra.
Para ello han sido determinantes el hallazgo de una inscripción
monumental dedicada al emperador Augusto en el año 9 a.
de C., que conmemora la concesión a la ciudad del estatuto
municipal con el nombre de Ilunum (la Ilunum de Ptolomeo), y
la exhumación de una basílica de época visigoda
considerada uno de los edificios más importantes del yacimiento
y de todo el Sureste peninsular.
Los primeros trabajos arqueológicos realizados en el tolmo
se deben al abate Breuil -autor del libro Las pinturas rupestres
del monte Arabí-, como continuación del estudio
de las pinturas rupestres localizadas al otro lado del valle,
cerca de Minateda, en un abrigo rocoso que muestra numerosas
representaciones de arqueros en lucha, bóvidos, cabras
montesas, felinos, figuras y signos esquemáticos.
Declarado BIC (Bien de Interés Cultural), los restos más
antiguos del tolmo pertenecen a la Edad del Bronce, aunque es
en época ibero romana, durante los siglos V y IV a. de
C., y a comienzos de la Edad media, cuando se documentan mayor
numero de testimonios. La ciudad abarcaba toda la meseta, y a
ella se accedía por la vertiente oeste, siguiendo una
depresión del terreno conocida por el Reguerón,
una especie de ramblizo en cuya desembocadura se levantaron las
sucesivas murallas y puertas de la ciudad. Estas construcciones
responden a técnicas de edificación muy diversas,
siendo la más antigua una muralla de varios metros de
grosor realizada en torno al siglo III a. de C. A medida que
se asciende por el Reguerón, a la izquierda, se encuentra
la zona norte, limitada por un acantilado que la haría
inaccesible de no ser por una abertura que permite el paso, y
es que el farallón queda cortado por una escarpada pendiente
rocosa formada por la erosión, que se aprovechó
para habilitar una escalera de altos y estrechos peldaños
por los que, hasta fechas no muy lejanas, se subía a la
meseta, experiencia nada recomendable.
Lajas de calcarenita
El camino de tierra, de suave ascensión y bien delimitado,
serpea entre lajas de calcarenita y breñas peladas y superpuestasque
se asoman al espacioso valle de Minateda y Agramón. A
lo largo del paseo puede verse la arquitectura de la basílica,
la acrópolis, la necrópolis, la recreación
de una almazara, dos accesos con escaleras esculpidas en la roca
y un ramal de la vía romana que enlazaba Cartagena, capital
administrativa de la provincia bizantina de Spania, y Toledo,
capital del reino visigodo.
No hay arbolado en este tolmo gris y solitario, pero el aire
ha cubierto de tierra algunas piletas u oquedades que el hombre
talló en las calcarenitas del mioceno, roca de gran dureza,
entre arenisca y caliza, que recuerda las del monte Arabí,
y en ellas crecen plantas aromáticas que estimulan el
olfato por su frescor, y hacen más grato y ameno el paseo.
En el corazón de la meseta, protegidas por una valla metálica,
los arqueólogos han alzado las columnas decapitadas, los
fustes, las basas, muros y arquerías de la basílica
visigoda formada por tres naves con ábside en la cabecera,
y adosado a sus pies, un baptisterio de planta cruciforme.
Desestimadas las otras hipótesis, parece confirmarse que
el yacimiento guarda las ruinas de Elo, una de las ciudades nombradas
en el Pacto de Teodomiro (siglo VIII), noble visigodo que se
sometió a los musulmanes a cambio de mantener sus privilegios:
completaban la relación Lorca, Mula, Cehegín, Orihuela,
Elche, Villena y Alicante.
Por este peñasco altivo y solitario, que en su cara Este
exhibe un cantil de areniscas mordidas por el viento, han pasado
todos, desde el hombre de la Edad del Bronce al último
dominguero con video. Ahora, sin embargo, sobre su lomo pelado
y gris, enmohecido y un tanto misterioso, no hay nadie. Mejor
así, mejor que nadie perturbe el trabajo del equipo de
arqueólogos que, bajo la dirección de Lorenzo Abad
y Sonia Gutiérrez, está recuperando la memoria
de una ciudad que se nos había perdido, una ciudad espléndida,
«dominada por un templo de vírgenes y hierofantes»,
según la imaginó Azorín.
TRES
PARAJES POR EL PRECIO DE UNO
Una señal indica, a 76 kilómetros de Murcia y a
10 de Hellín, la presencia del Tolmo de Minateda y de
las pinturas rupestres encontradas al otro lado del valle, a
1.500 metros, en Minateda. Si se atiende la indicación,
el tolmo, que está situado junto a la carretera general
que une Murcia y Albacete, queda atrás; conviene, por
tanto, dejar el vehículo frente al tolmo y cruzar la rambla,
o desandar el camino, salir a la carretera general en dirección
a Murcia y, a un centenar de metros, girar a la derecha, seguir
la margen izquierda de la rambla y aparcar a los pies del yacimiento,
junto a las casetas de los arqueólogos, donde están
las murallas y la puerta de acceso a la ciudad. A lo largo del
camino que circunda la parte superior del cerro, hay paneles
informativos. La visita al tolmo puede completarse con una visita
al abrigo de las pinturas rupestres, y volver a Murcia por el
embalse de Camarillas, uno de los más atractivos de la
cuenca del río Mundo, ahora que las choperas han amarillecido.
Hay que seguir a Minateda y a Agramón, que apenas está
a 8 kilómetros. La carretera bordea el río Mundo
y sigue hasta Las Minas y Salmerón, ya en la región
de Murcia. A tiro de piedra se unen el Mundo y el Segura, en
el paraje llamado La Juntas, a unos 20 kilómetros de Calasparra
y a 60 de Cieza. |
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