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Malas vibraciones

Los geobiólogos aseguran que la saturación
de ondas convierte nuestros lugares de residencia y trabajo en espacios enfermos
y propensos a generar dolencias

 

Texto: Mercedes Cuesta
26/10/2000

A pesar de haber sido tomados por brujos, alquimistas, zahoríes o locos a lo largo de la historia, los geobiólogos demuestran día a día que su ciencia puede transformar las ciudades, los lugares de trabajo y, sobre todo, nuestras casas, en espacios saludables.


Si bien estos magos de vísperas del siglo XXI continúan la búsqueda del equilibrio que permita al ser humano vivir en armonía con su entorno, la saturación de ondas dificulta cada vez más la posibilidad de habitar en un lugar menos agresivo.

En la actualidad, se multiplica el número de estudios referidos a la geobiología. En Francia y Alemania, a la cabeza de esta desconocida especialidad, las últimas conclusiones evidencian que la tecnología con la que convivimos convierte el espacio vital en zonas cargadas de energía dañina.

Javier Petralanda, geobiólogo del Instituto Científico Jovellanos, ha exorcizado hogares donde las energías telúricas habían convertido cada rincón en un foco de enfermedad. Según asegura, en estas zonas geopatógenas, afectadas por ondas nocivas para los organismos, se multiplicaban los insomnios, los terrores nocturnos, el agotamiento matinal, los calambres, las palpitaciones, las depresiones, los resfriados o las jaquecas. E, incluso, se sospecha que pudieran acelerarse procesos degenerativos como el cáncer.

Campo magnético
Podríamos definir la geobiología como la ciencia que estudia la radiación de un lugar y su influencia en el organismo humano. Se sabe que, si los edificios se asientan sobre aguas subterráneas, fallas, fosas tectónicas o determinados estratos minerales, ocurren fenómenos físicos medibles: la perturbación del campo magnético crea una ionización positiva –negativa para el ser humano–, agravada por la diferencia en el potencial de radiaciones gamma e infrarrojas.

Las personas estamos acostumbradas a una radiación media natural, de modo que, sobre estos lugares, se produce un fenómeno de inadaptación del organismo. Este desarreglo puede ser leve en un principio, pero su persistencia propicia determinadas patologías, especialmente, si el sistema inmunitario del individuo sometido a la perturbación está debilitado.

Las geopatías –lugares alterados– son un factor de riesgo. Si una persona tiene tendencia a sufrir algún trastorno orgánico, permanecer –sobre todo de noche– en una geopatía puede provocarle una aceleración de la enfermedad. Todos estas conclusiones tienen sus fundamentos en diversos datos científicos.

Los primeros estudios del investigador Lehmann demostraron que el potencial eléctrico del aire y su ionización se alteran en la vertical de aguas subterráneas. Años después, el doctor Hatmann, de la Universidad de Heidelberg, descubrió que una malla geomagnética rectangular cubre la superficie terrestre y forma muros verticales de energía.

Estas líneas de radiación telúrica –terrestre– lo atraviesan todo, incluidos los edificios. Los puntos donde se cruzan pueden ser geopatógenos, mientras que la zona encerrada entre las corrientes no es patógena en sí misma, pero se vuelve perjudicial cuando coincide con corrientes subterráneas de agua, fallas, fosas, yacimientos o pozos.
Equipado con una tecnología específica para detectar las energías que alteran nuestra vida, y echando mano también de la radiestesia, Javier Petralanda cree que, «si la enfermedad se encarniza con uno, debe cambiar de lugar». Conviene armonizar la vivienda si se sospecha que una casa recibe influencias nefastas porque hay cerca cables de alta tensión, los árboles y las plantas de alrededor no crecen, o lo hacen con tumoraciones, o las paredes muestran humedades anómalas.

Precauciones
Es bien sabido que existen viviendas en las que nada sale bien, ya sea porque algo quebranta a las personas más saludables, a los optimistas más acérrimos, o porque hace fracasar los proyectos más prometedores. Una de las causas –y no precisamente la fundamental– se puede encontrar, a veces, en las corrientes magnéticas.

Transformar un hábitat cargado de malas influencias en un entorno geobiológico saludable es posible, con un poco de magia. Los expertos recomiendan sustituir las formas angulosas por las redondas, pintar la casa con colores relajantes o distribuir plantas por las habitaciones: las tres especies más estudiadas, incluso por la NASA, son el philodendro, la drácena y el aloe vera, que, según estas investigaciones, absorben un gran porcentaje de sustancias tóxicas y radiaciones. De hecho, muchas personas suelen colocar una maceta al lado de los ordenadores domésticos.
Tampoco es desdeñable mantenerse lejos de los electrodomésticos, en cuanto que son fuentes eléctricas. Hay especialistas que aconsejan, incluso, situar el radio-reloj-despertador a metro y medio del cuerpo, o sustituirlo por un aparato alimentado a pilas. Las mismas fuentes aseguran que es beneficioso orientar la cama hacia el norte.