Lázaro
Covadlo
«Mi
monstruo predilecto, el que más me horroriza, es la Barbie»
Texto:
S. Vázquez / Fotos: V. Giménez
11/02/2001
La verdad
es que, a estas alturas, es una horterada y una simpleza empezar
a hablar de Julio Verne en un reportaje sobre literatura de ciencia
ficción. Y es que este género es algo más
que las batallitas del visionario autor que, eso sí, ha
hecho las delicias de generaciones y generaciones de lectores.
Vamos, que este tipo de literatura ha evolucionado a la par de
las peregrinas ideas surgidas de la fértil imaginación
de los escritores.
Ya no es considerada un subproducto. De hecho, el almanaque Invasores
de Marte, una recopilación de relatos editada por Reservoir
Books, verifica que el estado comatoso del género se está
recuperando a la velocidad de la luz.
De niño era un devorador incansable de clásicos
del género de esos que rebosan escamas verdes, superpoderes
y rayos X. Ya más mayorcito «como todos aquellos
que tienen sus más y sus menos con su progenitor»,
se apasionó con La carta al padre, de Kafka, y descubrió
que había universos menos viscosos y más turbadores
que el de los marcianos de gomaespuma. Así, el escritor
argentino Lázaro Covadlo encontró en su adolescencia
su patrón literario a seguir.
«Bueno, bueno, eso sería muy pretencioso por mi
parte, pero sí es cierto que algunas de mis obras son
calificadas de kafkianas», aclara. Y es que cada cual se
horroriza con lo que quiere, y los monstruos pueden llamarse
soledad, rechazo, extraterrestre mutante... «O Barbie»,
añade el autor, que ha elevado a la muñeca a los
altares de los especímenes más horrendos.
Fobias personales a parte, lo cierto es que Covadlo no cree que,
para escribir ciencia ficción, haga falta inyectar al
lector una sobredosis de fantasmadas, que pueden resultar ingenuas
y, lo que es peor, inocuas. «Tampoco soy un viejo criticón.
He disfrutado mucho con ese tipo de libros. Mira, dentro del
género de la ciencia ficción, hay dos ramas: la
más elemental, que proviene del pulp y es
más efectista, y la vertiente intimista, que es la que
yo cultivo», explica.
Pero nunca ha renegado de sus lecturas de juventud.
Incluso hoy, ya sesentón, sigue opinando que «la
adolescencia es la etapa más inteligente de la vida. Luego,
la sociedad tiene excelentes métodos para acabar estupidizando
a la gente». Vamos, que desmiente rotundamente que la ciencia
ficción sea un género juvenil donde se cuelan muchos
productos de calidad dudosa. «No, no, lo que pasa es que
tiene una mala fama que no se merece asegura. De
hecho, hay obras de ciencia ficción de gran calidad literaria,
mucho mejores que otros libros famosos y mediocres de otros géneros
que han pasado a la historia».
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