LA PORTADA

ESPECTÁCULOS

CINE

MÚSICA

LITERATURA

EXPOSICIONES

VARIOS

CURSOS

CONCURSOS

RUTAS

REPORTAJES

RUTAS

El Parque de los Baños

Veinte hectáreas de palmeral y siete mil ejemplares, amén de numerosos árboles y plantas autóctonas es el sorprendente patrimonio de el Parque, finca propiedad del marqués de Perinat que en el siglo XIX formó parte del Balneario de Archena para recreo de los agüistas que utilizaban la estación termal. Por estar situada en la otra ribera, era preciso cruzar el Segura en una barca con asientos y barandas de madera, todo lo cual incrementaba el aspecto bucólilo y romántico del paraje, una suerte de paraíso terrenal.
 

Texto: José María Galiana
26/08/2001

Demorarse por los caminos y senderos del antiguo Parque de los Baños de Archena, y aspirar el perfume de las rosaledas que escalan las bardas floridas, puede inducir al visitante a imaginar que el paraíso terrenal no era muy distinto, por la sensualidad y exhuberancia de esta finca bañada por el río Segura, pródiga en árboles frutales, plantas aromáticas, pinos y eucaliptos centenarios, cipreses y, sobre todo, palmeras, de las que han llegado a contabilizarse alrededor de 7.000 (siete mil), un tercio de las cuales supera los tres metros de altura.

En el corazón de esta huerta ajardinada y fragante se levanta una casa solariega del siglo XIX con la fachada pintada en ocre, ventanas inglesas de madera y un par de buganvillas bermejas que suben hasta el tejado y le confieren un aspecto de villa romántica a orillas del lago de Garda. Propiedad del marqués de Perinat, cuyo blasón figura en la puerta principal, el edificio consta de tres plantas, la última de ellas, abuhardillada, destinada a dormitorio de los niños y del servicio.

Entre las frondas, muy próximo a la ribera del río, sale al paso un pabellón de tenis de estilo modernista construido en 1910. En la década de los años cuarenta se eliminaron las pistas de tierra batida y, frontera a la vivienda, se habilitó una piscina y una pérgola junto al solarium. Al igual que este pabellón de tenis, otras dos viviendas de antiguos aparceros han sido restauradas y acondicionadas para turismo rural, con el propósito de buscar alternativas complementarias a la explotación agrícola, preservar la arquitectura rural del siglo XIX, dar trabajo a parados del término, hacer una oferta alternativa a la del Balneario de Archena e integrar en la red europea de turismo rural una de las fincas privadas más singulares de la comunidad murciana, especialmente en la parte baja, en la otra orilla del balneario de Archena, un paraje de excepcional belleza y valor medioambiental.

La finca el Parque tiene una superficie de 60 hectáreas y limita, por el Sur, con el río Segura, el Balneario, el pico del Águila y el cabezo de Ope; al Este con la rambla del Tinajón o del Arco, y al Norte y al Oeste con la sierra de Verdelena, desde cuyos agrestes y secos cabezos se contempla una impresionante panorámica del Segura a su paso por la vega media. Cuarenta de esas hectáreas están destinados a zona agrícola (albaricoqueros, olivos, melocotoneros, cítricos, mandarinas, pomelos....), y el resto, ya se ha dicho, acoge el mayor palmeral de la región de Murcia y uno de los más extensos de España.

Pocas son las personas de Ulea y Archena que, de un modo u otro, no han mantenido relación con la finca, ya que en años precedentes llegaron a vivir en ella, como aparceros, unas quince familias, sin contar el centenar de personas que tenían arrendadas pequeñas parcelas. En un edificio destinado ahora a almacén y taller de carpintería, estuvo la escuela en la que cursaron estudios los hijos de los aparceros. En una de las paredes puede leerse esta cita: “El estudio te hará caer la venda de la ignorancia”. Son varias las edificaciones que se conservan, alguna en estado ruinoso, otras, como las cuadras que en la segunda mitad del siglo XIX albergaron los caballos de carreras del duque de Andria, abandonadas pero en proceso de recuperación para acondicionarlas como restaurante.

El susodicho Parque de los Baños estuvo integrado en el Balneario de Archena para recreo de los bañistas. Antes, en la Edad Media, el balneario fue propiedad de las órdenes de Santiago y San Juan de Jerusalén, hasta que la desamortización de Mendizábal les obligó a vender sus bienes. Fue el marqués de Corvera quien adquirió en 1851 los baños, sus dependencias y terrenos colindantes por 115.000 pesetas, y poco después afrontó la construcción de nuevos edificios, como la iglesia de estilo bizantino, los primeros depósitos para mezclar agua fría con la del manantial, la cúpula mozárabe del hotel Termas, el Casino y la sala de mecanoterapia.

En la primavera de 1862 fue inaugurada la primera “fonda o establecimiento que contaba con 41 habitaciones, 43 bañeras de mármol en la planta baja y cuatro aparatos de chorro”, según recoge Manolo Medina en su necesaria Historia de Archena, y en 1876 se abrió al público el Parque, un antiguo viñedo que se descepó en 1869 para plantarlo de árboles y arbustos. Estaba a la otra orilla del río y para visitarlo era preciso cruzar en barca, lo que añadía un atractivo mayor al paseo. Bajo las frondas, muchas de ellas olorosas, se instalaron diversos juegos: tiro de pistola y carabina, billar romano y juego de la rana.

La razón de que existan especies tropicales en el Parque se debe, probablemente, a la consuegra del marqués de Corvera, la marquesa Carmen Terry, que era natural de Cuba y adquirió a la familia Corvera el balneario y la finca. También a ella se debe la casa solariega que cedió a su hija tras contraer matrimonio con un hijo del marqués de Corvera. Finalmente, El Parque lo heredó el nieto de Carmen Terry, actual marqués de Perinat, que fue embajador y diputado en Cortes por Murcia.

José María, encargado de la finca, recuerda que hasta mediados del siglo XX, la carretera de Ulea era un camino de herradura que cruzaba la puerta de la casa principal, rodeada de bancos de piedra labrada, estanques, fuentes, pérgolas de hierro y esculturas de mármol de Carrara, como El niño de la espina, El niño del pez y una réplica de Venus, piezas que, junto a algunos cabriolés, fueron robadas a principios de los años ochenta, lo que obligó a vallar la finca.

Las cosas han cambiado sensiblemente. Antes, la recogida de las palmas con las que se hacían escobas y capazos permitía escardar gratis el palmeral (ahora cuesta 20 millones al año), y otro tanto sucede con la leña que antes consumían los propios aparceros .Tampoco está el alto y frondoso eucalipto que daba sombra a la casona, cuyo tronco era de tal grosor que precisaba de ocho personas para abrazarlo, y hasta un pequeño incendio junto a la carretera de Ulea ha puesto en vilo a las cinco familias que aún trabajan en tan fascinante paraje .Llama la atención ver algunas palmeras viejas cubiertas de vegetación que, en su desarrollo, se han enroscado a ras de tierra y buscado la salida por el único hueco posible para salir de la maraña. También hay troncos de naranjos centenarios injertados de limoneros, tarajes, paseos flanqueados de palmeras, acequias y canaletas por las que discurre mansa el agua, higueras que se interponen en los caminos, álamos, ailantos, cañas, pinos canarios, setos de mirto, parterres alfombrados de crespinillo, eucaliptos, pomelos, granados, manzanos, caquileros y unas rosaledas con rosas de pitiminí, menudas y trepadoras, cuyo olor, al llegar el mes de mayo, se entremezcla con el del azahar y establece una fragancia muy sutil y penetrante a la vez.

Hasta el río, entreverdoso y tranquilo, se inclinan los troncos de las palmeras y los pinos centenarios, cuyas copas, de oscuro verdor, conviven con el álamo de plata y el eucalipto.
Incorporar tres de las edificaciones del Parque al turismo rural permite al ciudadano conocer una paraje de enorme belleza y singularidad. La restauración se ha llevado a cabo siguiendo las pautas establecidas por el Plan Leader: respeto a la arquitectura popular y a espacios de interés medioambiental, creación de empleo y, muy especialmente, la posibilidad de mostrar un espacio único, un palmeral crecido en las tupidas riberas del Segura a su paso por el balneario de Archena.

 

DATOS
DE LA PAZ DE LAS CASAS RURALES AL TURISMO ACTIVO
Tres opciones encuentra el viajero en la finca El Parque para hospedarse en calidad de turismo rural (tfno. 902 33 32 22 / 968 68 80 22): un evocador pabellón modernista de principios de siglo dotado de una amplia y cuidada piscina inmersa en el corazón del palmeral más extenso de la región murciana, frente al balneario de Archena. La finca está vallada y el acceso es privado. Dispone de 5 kilómetros de paseos y avenidas de palmeras, plantas autóctonas y tropicales, y vegetación propia del bosque de ribera. Tiene seis plazas y tres habitaciones, una de matrimonio y dos dobles, así como chimenea, 3 cuartos de baño, aparcamiento, porche, radiadores eléctricos, frigorífico, TV, lavadora y piscina susceptible de ser compartida con otras dos viviendas rurales: La Pila, así llamada porque conserva una antigua pila de lavar, además de pilones de yeso, brencas de la acequia donde se echaba el tablacho, tinajas empotradas en la pared y aljibe. Se trata de una antigua casa de labranza rehabilitada con buen gusto, respetando la estructura anterior. Tiene 2 habitaciones, 4 plazas, porche,chimenea, cuarto de baño, lavadora, chimenea, radiadores, frigorífico y TV, los mismos servicios que la tercera vivienda por nombre El Balcón, otra casa de labranza que sólo se diferencia de la anterior por el número de habitaciones: 3 para 6 plazas.
En el valle de Ricote también se fomenta el ocio y la aventura. El Picadero (636/09 48 96), organiza paseos a caballo por la zona, Alana (670/06 09 23) propone descensos turísticos en piragua por el Segura, y Escuela de Aventura y Naturaleza (670 51 33 61) descubre los paisajes mas hermosos e impactantes del vale a pie o en bicicleta, además de senderismo, escalada, barranquismo, etc.

 
 

        


© La Verdad Digital S.L.
C/ Camino Viejo de Monteagudo, s/n. 30160 - Murcia.
Teléfono: 968 36 91 00. Fax: 968 36 91 11
lectores@la-verdad.com