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La
cueva de la Serreta
lmadenes
significa zona minada, y no hay más que asomarse
al río, desde sus escarpadas paredes, para descubrir
los numerosas oquedades que flanquean este desfiladero
de 38 kilómetros de longitud, alguna de ellas
ocupada desde hace 7.000 años, como la cueva sima
de la Serreta, santuario de arte rupestre descubierto
en 1972 donde se conservan 50 representaciones esquemáticas
y seminaturalistas
Texto: José María Galiana
05/12/2001
La
cueva o sima de la Serreta, una de las estaciones de arte
rupestre más significadas de la geografía
murciana, se encuentra en la margen izquierda del cañón
de Almadenes, abocada al río Segura, en un espacio
de gran impacto visual inaccesible desde el exterior, habitado
desde el período neolítico (entre 5.000 y
4.000 años a. C.). La cavidad, cuyo origen fue una
surgencia de agua, toma el nombre de uno de los promontorios
cortados a pico, aserrados, que marca la línea
divisoria de los municipios de Calasparra y Cieza, aguas
abajo de la presa de la Mulata.
Al grupo de espeleología de la Diputación
Provincial se debe el hallazgo de este abrigo en 1972, poco
antes de que se desprendiera una estrecha cornisa natural
por la que sus moradores accedían a la cueva, lo
cual obliga ahora a descender por una angosta abertura situada
a tres metros del precipicio, cubierta por una reja de protección.
Una ajustada escalera de caracol cubre el tramo inicial,
el más estrecho, oscuro y agobiante, mas enseguida
se vislumbra la gran boca asomada al vacío (unos
8 metros de diámetro), y esa luz, ese resplandor
que ilumina los negruzcos paredones, las filtraciones de
agua, la estalactita incipiente, anima a seguir bajando
por los tramos de escalera volada que en 1990 habilitó
la dirección general de Patrimonio Histórico.
Desde la entrada al acantilado, la cueva de la Serreta tiene
un desnivel de 16 metros, 30 de profundidad, con dos ramales,
y una anchura media de 5. Durante la primera campaña
de excavación se encontraron numerosos brazaletes,
algunos a medio elaborar, lo que, a juicio de Joaquín
Salmerón, director del Museo Siyasa, confirma la
existencia de un taller de brazaletes de caliza, el cuarto
yacimiento de la península y el primero en número
de piezas (la colección, de 30 brazaletes, se expone
en el citado museo de Cieza).
Las pinturas rupestres están junto a la boca que
se asoma al vacío, la zona más iluminada y
habitable de la oquedad. En ambos paneles se ven escenas
de caza, arqueros persiguiendo a un grupo de caballos y
un ídolo tocado con una especie de montera. En sucesivas
campañas se documentaron testimonios del neolítico
(silos, semillas de trigo y cebada, astas de ciervo, abundantes
restos de carbón, colorante rojo), de la dominación
romana y de época islámica. Pepe Olivares,
monitor de actividades socioculturales del Museo Siyasa,
precisa que en torno a los siglos III y IV habitó
la cueva un médico: Lo demuestra el hallazgo
de numerosas piezas dentarias, coladores, pinzas, sondas
en cucharillas, osculatorios, monedas portuguesas, pendientes
e incluso monedas romanas falsificadas. El galeno
ocupaba una habitáculo de 7 metros cuadrados con
techumbre, orientado a un paisaje espeluznante: la garganta
del Segura a su paso por los Almadenes, el sistema cárstico
más importante de la Región, a 70 metros de
altura sobre el río, frente a un paredón calizo
ennegrecido por las filtraciones de agua y verdecido por
los acebuches, esparragueras, sabinas, espinos negros, manrrubias
y pinos carrascos que crecen en sus grietas y cavidades.
A ambos lados de la habitación, el médico
romano tenía un poyete para cocinar y una corraleta
con la que se abastecía de carne, leche y huevos.
La conservacion de las pinturas rupestres revela que era
un hombre civilizado. Bajaba al río a pescar y se
proveía de las plantas medicinales que todavía
abundan en la superficie: la hierba de las 7 sangrías
que estimula el riego sanguíneo, la ruda, utilizada
en el ganado como abortivo, el azafrán borde, planta
parásita que se emplea como colirio, o la zamarrilla,
un endemismo.
En las paredes verticales de Almadenes hay varios abrigos
con pinturas rupestres en buen estado de conservación
por su difícil acceso, como las cuevas del Miedo
y del Laberinto, junto a la Serrata, o el abrigo de la Enredadera,
en el margen derecho del río
La Fuente Negra.
En el siglo XII, el geógrafo Az Zhuri se mostró
perplejo por la belleza de este desfiladero: Siguiendo
su curso, recibe a continuación las aguas del río
de Calasparra, (Quípar), entrando después
en una angosta garganta conocida como la Fuente Negra. Dicho
lugar es una de las maravillas del mundo. Creó Dios
aquel estrechamiento o garganta partiendo en dos una montaña
de mármol rojo. La hendidura está constituida,
a derecha e izquierda, por dos paredes que tienen cada una
de ellas cincuenta brazas de altura. Su parte más
ancha mide una mayora o cuerda (de 40 a 60 codos) y su parte
más angosta un cuarto de marya. No penetra allí
el sol sino cuando está en el signo de Géminis
(cuando los días son más largos). Al final
de la garganta está la Fuente Negra, que brota en
medio de la corriente del río, enviando su agua por
el aire a la altura de una braza aproximadamente. Mana del
mismo lecho del río y es un agua sulfurosa, amarga
al paladar (la Fuente Negra que cita Az-Zuhri es el
popular Borbotón, situado junto a la central eléctrica
donde pueden verse restos de canalizaciones romanas talladas
en la roca.
Está por escribir el libro que recree el paisaje,
la luz, el sonido y los silencios del cañón
de Almadenes. Hay evidencias de cabra hispánica en
el Bosque de don Gonzalo, un frondoso recodo del Segura
cubierto de pino carrasco, madreselva, rusco y acebuche,
y cruzan el cielo águilas reales y halcones que buscan
presa en las palomas torcaces y en el averío de las
labrantías. Impone tanta soledad. La luz, como un
río lentísimo, resbala por las paredes rojizas
teñidas de jirones grises y negros, consecuencia
de la mezcla de algas, hongos y bacterias, pátina
muy común en acantilados y umbrías, como los
Chorros del río Mundo o el maltratado Barranco de
Hondares.
En la sima de la Serreta anida la chova piquirroja y se
ven señales del paso ocasional de alguna zorra. Al
fondo, en uno de los ramales hay una colonia de murciélagos:
No son tan feos como parecen a primera vista,
dice Pepe Olivares. Salen cuando ya es noche cerrada,
se recogen al amanecer y se cuelgan del techo. Hay que llevar
cuidado con las hembras y no asustarlas para que no se les
descuelgue el bebé. El flash de las cámaras
los vuelve locos.
En las inmediaciones se han encontrado restos de un poblado
neolítico cuyos habitantes debieron utilizar la cueva
como aprisco de ganado o refugio para protegerse de cualquier
peligro, favorecidos por la cercanía del sinclinal
de Calasparra que tiene un horizonte muy dilatado y hermoso,
quebrado por los cuchillos del Cárcabo, el cabezo
mágico del Almorchón, las sierras del Molino
y del Puerto, y la Cabeza del Asno, frontera natural entre
Murcia y Castilla.
En el fondo del cañón, la naturaleza ha creado
un entramado vegetal propio del bosque de ribera, poblado
por una fauna muy diversa: el anade real, el ruiseñor
bastardo, el turón, el martín pescador, el
mirlo acuático, la culebra de agua, la nutria, el
sapo y la rana común. Además de los insectos,
otras aves buscan la cercanía de este espacio y del
agua, limpia y sonora, que discurre bajo esa algarabía
de verdes, y es que arbustos y árboles se adueñan
de toda la superficie según su afinidad por el agua.
A tenor del grado de humedad, en sus orillas crecen, primero,
las plantas más flexibles, como el mimbre, la madreselva,
la enredadera y el sauce, y a continuación se distribuyen
el chopo, el fresno, la adelfa, el acebuche, la zarza, la
anea, el helecho, la hiedra, la higuera, la orquídea,
el rosal silvestre y algún olmo. Un bien común,
un regalo de la naturaleza expuesto a la insensibilidad
de alguna dirección general relacionada con el medio
ambiente.
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VISITAS GUIADAS A LA CUEVA DE LA SERRETA
Y MUSEO SIYASA
La visita a la cueva sima de la Serreta se
realiza los sábados por la mañana.
Puede inscribirse cualquier adulto que lo
solicite a la concejalía de Turismo
y Artesanía (teléfono 968/45
35 00). Esta experiencia piloto incluye la
visita al museo Siyasa, museo del Esparto
y molino de Teodoro. De martes a viernes,
la concejalía de Cultura programa las
mismas visitas para colegios, institutos y
centros de educación especial, a excepción
de la cueva, hasta que se habiliten unas medidas
de seguridad específicas. El Museo
Siyasa, ubicado en la C/. San Sebastián,
en Cieza. (tfno. y fax 968 77 31 53), guarda
y expone objetos históricos de la comarca
de Cieza desde la prehistoria, con especial
incidencia en el valioso patrimonio de arte
rupestre prehistórico, declarado en
1998 Patrimonio de la Humanidad, y la ciudad
islámica de Siyasa, emplazada a los
pies del Castillo, en un lugar privilegiado.
En el museo se reproducen, a escala real,
las casas numero 6 y 10, la primera de estilo
protonazarí (segundo terci del siglo
XIII), y la segunda de estilo almohade (finales
del siglo XII-principios del XIII). Destacar
los arcos originales y los balcones policromados
de la casa 6, con la huerta al fondo. En la
planta baja hay un almazara de pirincipios
del siglo XX.
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