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Cañada Real de Torreagüera
Las vías pecuarias forman una tupida red de pastos y corredores que conectan más de 150 espacios naturales

Texto y fotos: José María Galiana
07/07/2003

Rambla, naranjos y eucaliptos

Desde el alto de Miravete (427 metros), a tiro de piedra de los arrogantes Mamellones, se ven algunos tramos de la histórica cañada real de Torreagüera, pedanía donde nació Antonete Gálvez.
La carretera, que serpentea por estos piedemontes, divide una geografía de contrastes, muy extremada: a un lado, la exuberancia de los naranjales que hacen piña hasta los huertos de Beniel, y al opuesto, los cabezos pelados y blanquecinos de la sierra del Cristo.

Entre Zeneta y Los Ramos pierde altitud la cordillera prelitoral que separa el campo de Cartagena del valle del Segura. Al suroeste, la Cresta del Gallo muestra un perfil menos conocido, en tanto que al sureste, en Cañadas de San Pedro, se yergue a un centenar de metros el cabezo de la Plata. En 1858, Antonete Gálvez poseía cuatro minas en esta zona: la Cruz de Miravete (en el cabezo de la Cruz), La Luna (La Pinada), La Compañía (barranco de los Gallegos) y la Soledad (Cañada de San Pedro).

Sólo la presencia de algunas naves industriales próximas a Torreagüera y la urbanización Monte Grande alteran el paisaje, pero el horizonte es el mismo de antaño. Incluso, desde la ladera de la sierra de Miravete, en cuyas cuevas y quebradas se atrincheró el caudillo cantonal, el viajero puede hacerse una idea del itinerario de la cañada real, vía pecuaria de 23 kilometros de longitud que nacía en la rambla del puerto de la Cadena –importante nudo de vías pecuarias donde los pastores celebraban asambleas–, surcaba las estribaciones de las sierras del Puerto, Cresta del Gallo y Altaona, y a la altura de Zeneta se adentraba en el reino de Valencia. Por ella cruzaban los rebaños trashumantes procedentes de Cuenca y Teruel que hacían la invernada en el campo de Cartagena o en la provincia de Alicante, y regresaban por la cañada real Conquense-Murciana que se bifurca en la sierra de La Pila.

La trashumancia es una de las culturas más remotas de Europa, llegando a movilizar más de cuatro millones de ovejas, vacas, cabras, caballos y burros que recorrían durante la primavera y el otoño gran parte de la península. La voz popular aplica a estas vías pecuarias distintos nombres: en Castilla les dicen cañadas, en Cataluña carreradas, azadores reales en Valencia y cañaveras en Aragón.

Naranjos y paleras

A tenor de su amplitud se consideran cañadas las que tienen 75 metros de anchura, cordeles si tienen 37,61 metros, veredas, 20 metros, y coladas entre 7 y 15 metros. Se trazaron aprovechando la existencia de buenos pastos, bosques, abrevaderos, descansaderos, refugios y núcleos de población. Desde hace unos años, la mayoría están consideradas de alto valor ecológico, dado que unen 150 espacios naturales de la península.

Las vias pecuarias son, legalmente, bienes de dominio público, pero su progresivo abandono y la permisividad de las administraciones han deparado tal cúmulo de transgresiones que una parte sustancial de ellas ha desaparecido, como la citada cañada real de Torreagüera, que conserva una mínima parte de sus 23 kilómetros de longitud y además ofrece un estado deplorable. No es un caso aislado. En nuestra Región, 50 kilómetros de vías pecuarias han sido ocupadas por carreteras, urbanizaciones, cementerios, cultivos y otros aprovechamientos.

Desde época visigoda

Hay constancia documental de estas vías desde el dominio visigodo (siglo VIII), si bien tomaron carta de naturaleza en el reinado de Alfonso X, que en 1273 reunió «a todos los pastores de Castilla» en una asociación nacional y les otorgó carta de privilegio. Había nacido el Honrado Concejo de la Mesta.

El rey consideraba a la «Cabaña Real Trashumante, la principal instancia de estos reinos, cuya conservación tanto importa, así para sustento y población de fábricas, como para mantener el comercio con otros reinos y provincias, y la permutación de unas mercancías por otras, en cuyo tráfico son tan interesados mis vasallos y mi Real Patrimonio».Era tan cierto como que, a finales del siglo XIII, la fina lana castellana llegaba por vía marítima a los puertos de Inglaterra, Francia y Flandes procedente de la costa cantábrica. La trashumanacia alcanzó su apogeo durante la Edad Media. En 1836 fue abolida la Mesta y se sustituyó por la Asociación General de Ganaderos que ha mantenido su actividad hasta nuestros días.

Cañada real, Torreagüera

Se ha citado que Murcia fue zona de invernada de rebaños de otras provincias, sobre todo de Cuenca y Teruel, que se dispersaban por tierras murcianas y alicantinas, pero del mismo modo, en primavera, los rebaños del sureste se dirigían a las sierras de Segura y Cazorla para alejarse del calor y beneficiarse de los pastos frescos de montaña (agostaderos), y en otoño retornaban a las cálidas tierras del sur, para hacer la otoñada. La trashumancia permite que mientras los rebaños pastan en las montañas del norte durante el verano, en el sur, los pastos y el arbolado se recuperan para la llegada del ganado en invierno.

Más que caminos, las vías pecuarias forman una tupida red de pastos y corredores ecológicos que conectan más de 150 espacios naturales de todo el país. A nivel nacional, las vías pecuarias españolas tienen una longitud de 125.000 kilómetros (bastante más que la red de ferrocarriles) y una extensión de 421.000 hectáreas, casi el 1% de todo el territorio nacional.

El pastoreo racional es una medida fundamental para el control del combustible forestal en áreas con riesgo de incendios, uno de los grandes problemas ambientales de la península ibérica; el ganado come y a la vez abona, manteniendo la fertilidad del suelo y la diversidad biológica de los pastos: la lana de las ovejas es uno de los mejores vehículos de transporte para las semillas de la flora silvestre. Por otro lado, especies en peligro de extinción, como el lobo y los buitres siguen a los rebaños para alimentarse de los animales enfermos, selección natural que favorece la conservación de la fauna.

Alto del Miravete

Durante los últimos cuarenta años los ganaderos han abandonado la trashumancia. El bajo precio de los piensos, el encarecimiento de la mano de obra, la destrucción de las vías y el deterioro de las infraestructuras en las cañadas, como abrevaderos, descansaderos, majadas y ventas, son las causas de que un elevado número de pastores hayan dado la espalda a la trashumancia, e incluso, los pocos que defienden la calidad de los pastos de verano, envían sus rebaños en tren o en camión.

En la cumbre celebrada en 1992 en Rio de Janeiro, la ONU alertó de la necesidad de protegeer el medio ambiente, mejorar la calidad de vida y conservar las culturas tradicionales, la diversidad genética y los recursos naturales. El Proyecto 2001, se hizo eco de esta llamada con un objetivo primordial: la conservación de las vías pecuarias o cañadas, como corredores ecológicos que unen de norte a sur toda la península ibérica a través del fomento de actividades tradicionales como la trashumancia y la puesta en valor de usos alternativos (senderismo, cicloturismo, etc.) que favorezcan la incorporación activa de la población rural.

DATOS

TURISMO ALTERNATIVO
AEDENAT (Acción Ecologista de Defensa de la Naturaleza) emprendió hace años una campaña con el propósito de divulgar el amplio y secular entramado de vías pecuarias existentes en la Región, para concienciar a los responsables políticos y a la ciudadanía de su progresivo grado de deterioro y usurpación, en tanto que son susceptibles de cumplir otras funciones complementarias (movimiento agrícola, ocio y recreo, senderismo, cicloturismo, etc,) para consolidarlas como base de un turismo alternativo que contribuya a favorecer la economía de los vecinos de esos espacios rurales.
La concejalía de Urbanismo, Vivienda y Medio Ambiente del Ayuntamiento de Murcia, y Ecoespuña, editó hace unos años Por las carreteras del ganado, una guía de las vías pecuarias del municipio, donde se detallan sus itinerarios.

 
 

        


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