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La
almunia del Castillejo
FORTALECIDO
CAMPO. González Simancas alude así a los
baluartes defensivos del norte de Murcia: Monteagudo,
Castellar y Larache
Texto
y fotos: José María Galiana
14/12/2003
Hasta
los muros desdentados del Castillejo o Castellar de Monteagudo,
el legendario palacio de recreo de Ibn Mardenix, el Rey
Lobo, sube el aroma de los huertos vecinos poblados de limoneros,
chumberas, pinos y algunas higueras, un olor sutil y pegajoso
a un tiempo. Esparcidos por sus estribaciones salen al paso
restos de hogueras, escombros, ropa abandonada, caminos
pedregosos, ramblizos y canaletas rotas, evidencia del olvido
y deterioro de lo que debió ser un edén, una
evocación del paraíso que promete el Corán,
como describe Santiago Delgado en Crónica particular:
«Si algo, en algún lugar de la Mursiya musulmana,
se pareció a los jardines legendarios de las mil
y una noches, ese algo no fue otra cosa que el Castillejo».
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| ALGARABÍA
DE VERDES. Las ruinas del Castillejo, palacio de
recreo del mítico Rey Lobo, están cercadas
de limoneros, paleras y algunas higueras / J.M. GALIANA |
De
fácil acceso, hay que llegar a lo más alto
para conocer las dimensiones de la fortaleza y disfrutar
de la dilatada porción de huerta que se contempla,
los matices verdes, la raya azul de los montes que ciñen
el valle del Segura. La sensación de bienestar se
convierte en decepción al ver algunos limoneros plantados
en el interior del castillo, la humedad que ha deteriorado
buena parte de sus cimientos y, sobre todo, la balsa de
riego construida a mediados del siglo XX que supuso la destrucción
del gran patio interior y de los zócalos decorados
en rojo con motivos geométricos de lacería.
Triste destino el de este patio de crucero que evocaba los
cuatro ríos del paraíso musulmán: el
del agua, el de la leche, el del vino y el de la miel. Carlos
Cegarra hace una detallada descripción del Castillejo
y del patio convertido en balsa: «Se trata de una
construcción rectangular de 68 por 38 metros fortificada
al exterior mediante torreones cuadrangulares, que alberga
en su interior un gran patio de crucero de 33 por 18 metros,
con una serie de estancias articuladas en torno suyo, que
responde a un tipo de almunia palatina de larga tradición
en el mundo islámico. El palacio se sitúa
dentro de la tradición arquitectónica en la
que se funden la recreación del oasis y la evocación
del paraíso, con abundante vegetación y agua,
rodeado por jardines, albercas y pequeñas construcciones
de recreo».
Al Rey Lobo, a quien el papa Alejandro VI honró después
de su muerte calificándolo «el rey de gloriosa
memoria», se atribuye la edificación a mediados
del siglo XII de los castillos de Monteagudo, Castellar
y Larache línea defensiva que se extiende de
oeste a este, desde el castillo de Monteagudo a Cabezo de
Torres, el palacio de recreo que dio nombre a Los
Alcázares, situado bajo la escuela de Hidroaviones,
y parte del castillo de la Asomada que se alza sobre un
morrón de la sierra de Carrascoy, dominando el estrecho
paso del puerto de la la Cadena.
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| MURALLAS.
En la vertiente este del castillejo se aprecia la altura
de las murallas. / J.M.G. |
Muntaqut
El castillo de Monteagudo, principal fortaleza defensiva
del valle del Segura, se abraza a un alto y puntiagudo cerro
próximo a Murcia.
Llamado Muntaqut por los musulmanes, es un topónimo
que se repite a lo largo y ancho de la península
ibérica. Habitado desde tiempos remotos, en sus laderas
se han encontrado restos de un poblado argárico (1700
a 1.200 a. d. C.) procedente de ajuares localizados en varios
enterramientos, así como una colección de
esculturas de las que sobresalen una cabeza de mujer velada
con largos bucles y collar, el torso de un guerrero vestido
con túnica corta ceñida por un cinturón,
y parte de un cuadrúpedo que recuerda a un toro,
datados en el siglo IV a.C. Abrigo de soldados y labradores
que se veían obligados a abandonar el almarjal por
los desbordamientos del río, el primer testimonio
documental del castillo data de 1077, y hace referencia
a la prisión sufrida en el castillo por el régulo
murciano Abu Abderramán ben Táhir, que finalmente
logró huir y refugiarse en Valencia. Mediado el siglo
XII, el escarpado cerro vivió años de esplendor
con Ibn Mardanix, y una centuria más tarde, durante
la primavera de 1257, fue corte y morada de Alfonso X El
Sabio. Hasta el reinado de Carlos I dispuso de guarnición,
siendo restaurado parcialmente durante la guerra de Sucesión.
A tiro de piedra se encuentran el Castellar o Castillejo
y Larache (Alabrache, en antiguos documentos), dos edificaciones
fortificadas rodeadas de huertos que completaban la línea
norte defensiva de Múrsiya: Tabala, Asomada y la
Luz formaban la línea sur al otro lado del río,
sin contar las murallas de la ciudad y algunas torres particulares
de propietarios acaudalados.
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| MONTEAGUDO.
Al fondo, tras la murallas, se ven los restos del castillo
de Monteagudo / J.M.G. |
A
comienzos del siglo XX, González Simancas visitó
el conjunto: «El segundo castillo, al que los aldeanos
llaman indistintamente El Castellar o Las Caballerizas,
se encuentra situado sobre una estribación del cerro
de Monteagudo que forma prolongada colina de unos treinta
metros de altura sobre el nivel del valle, con laderas de
fácil acceso, excepto en el flanco sureste, donde
existen escarpes y pendientes más violentas».
Simancas apuntó la hipótesis de que ambos
castillos se edificaron en la misma época y sugirió
que «quizá estuvieran en comunicación
subterránea como ocurre en las fortificaciones de
Aledo».
El resultado de las excavaciones llevadas a cabo en el pueblo
y en el castillo de Monteagudo por Isidoro de la Cierva
(1916) y por Andrés Sobejano (1924 /25) fue sorprendente
por el número y calidad de las piezas, muchas de
las cuales pueden verse en el Museo Arqueológico
Nacional y, en menor cantidad, en el de Murcia.
Por el contrario, el hecho de que el Castillejo y Larache
hayan sido propiedad privada (el Castillejo aún está
pendiente de expropiación), ha suscitado dudas respecto
a la fecha exacta de su construcción.
«No se han excavado nunca», indican los arqueológos
Francisco José Navarro y Carmen Martínez.
«Donde el acceso es más fácil hay una
antemuralla; de las torres que la circundan, las dos centrales
de los ejes mayores son de mayor tamaño, y tiene
dos grandes ventanales o miradores a la altura del primer
piso. A principios de siglo, algunos arqueólogos
las confundieron con las dos puertas de acceso a palacio.
En realidad aún no se ha documentado la puerta noble
por donde entraba la caballería; no hay roturas en
ningún lado, aunque en un castillo la puerta puede
estar sobreelevada. Desde el salón del trono, al
norte, se ve Larache. Vivían en las cuatro torres
de las esquinas, y en una de ellas pudo haber un baño
tradicional islámico con sauna, un hamman».
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| BALSA
DE RIEGO. Abajo estaba el patio interior de palacio.
/ J.M.G. |
Abelardo
Merino hace referencia al «Castillar» y a Larache
en un tiempo en que Murcia era una espesa red de caudalosos
brazales, azarbes y partidores: «La savia fecundante
creó un edén cantado por los poetas; un verdadero
oasis, donde se entrelazaban los naranjales, limeros y limoneros
de preciados frutos con las airosas palmas, con los jugosos
nopales, con las moreras, alimento del gusado de seda, con
los nogales, con las higueras, con los chopos y con los
pinos, alfombrando al mismo tiempo el suelo la grama, el
arroz, el trigo, el cáñamo, el lino, los pimientos
y toda clase de hortalizas y legumbres (.) Por doquier se
enlazaban las frondas, las almenaras, las alquerías
y los jardines, huertos frondosos y norias de sonoros ruidos
y aves canoras y flores olorosas de suavísimos perfumes».
Larache
Trescientos metros en dirección noroeste, en las
inmediaciones del Cabezo de Torres, se ven las ruinas de
la almunia de Larache, palacete fortificado que hasta hace
dos años fue propiedad privada.
Pertenecía a un empresario de León, mas como
no notificó la venta a la Administración Regional,
se declaró ilegal la transacción y la Administración,
mediante retracto, obtuvo la propiedad de la finca y el
castillo. Emplazado sobre una colina aislada, era el más
débil. Presenta dos rectángulos concéntricos;
en el patio había una casa y una especie de museo
pero se derrumbó todo y el escombro alcanza la altura
de una planta.
Hay un sueño pendiente: la puesta en marcha de un
ambicioso e ilusionante proyecto municipal encaminado a
dignificar el entorno de un espacio histórico y sumamente
representativo: el Parque Cultural de Monteagudo, que incluiría
la expropiación del Castillejo y la recuperación
del paisaje y de las edificaciones, programando periódicas
excavaciones y habilitando un pequeño museo donde
exponer los futuros hallazgos y una biblioteca que ahonde
en el conocimiento de nuestro patrimonio histórico,
artístico y sentimental.
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Un
tesoro arqueológico
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| CRISTO.
La imagen corona el cerro de Monteagudo. / J.M.G. |
J.M.G.
/ MURCIA
Hallazgos.
En torno al castillo de Monteagudo se documentaron
en 1976 restos de tres esculturas de piedra, una de
ellas el torso de un guerrero ibérico, ataviado
con túnica corta ceñida por un cinturón.
La lista es interminable: punzones de hueso, hachas
de piedra, hojas de puñal labradas en cobre,
fragmentos de vasijas y capiteles, vasos de piedra
gris labrados a torno, cerámica ibérica
con modelos geométricos y vegetales, monedas
romanas, una diadema, dos brazaletes y una sortija
de oro con cinco granates encontradas en un sepulcro,
estatuillas, un vaso italo-griego decorado con un
cabeza de león, dos columnas corintias de fustes
estriados procedentes de las ruinas romanas, que ahora
flanquean la puerta de la fachada de San Andrés.
En el Castillejo se han documentado un sepulcro prehistórico
y un fuste islámico de mármol blanco,
de 187 metros de altura, y cerámica decorada
del siglo XI, lo que demuestra una notable riqueza
ornamental.
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