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De
Calblanca a Isla del Fraile
Siguiendo
el cauce de las ramblas que surcan el parque regional
Puntas de Calnegre y Cabo Cope y van a morir al mar
Texto
y fotos: José María Galiana
20/07/2003
De
Puntas de Calnegre a la Isla del Fraile, la costa es salvaje,
árida, abrupta, solitaria y hermosa. Tras un espacio
que únicamente es accesible a pie, se encuentran
las playas del cuartel de Ciscar y La Junquera, cala de
la Gruta y cala Leña, playa de los Hierros y Calablanca,
paraíso defendido por un anfiteatro natural en forma
de herradura que se eleva una veintena de metros sobre la
playa; el color ocre del acantilado de margas arcillosas
confiere al lugar un aspecto muy bello y un tanto misterioso,
acrecentado por la erosión del viento, las mareas,
las aves y la mano del hombre que han tallado en la roca
líneas y volúmenes muy sugerentes.
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| Vista
de la Marina de Cope desde el pico de las Yeguas |
Calablanca
es un territorio primitivo. Las avenidas de la rambla han
depositado pequeños cantos rodados que se entremezclan
con algas secas y arena grisácea, no en vano, en
torno a los núcleos de El Garrobillo y de la Cuesta
de Gos, cuna del inolvidable Paco Rabal, quedan restos de
pozos y terreras que contribuyeron a la explotación
de una minería olvidada. En la pared más alejada
de la cala, tras la empalizada de madera que cierra la abertura
de mayores proporciones, hay algunas casas cueva excavadas
a pico en la roca que muestran ventanucos, pasadizos y rudimentarias
escaleras.
Una barca varada junto al redil y la ausencia de caminos
asfaltados sugieren que la marina de Cope también
es lugar propicio para el pastoreo y el contrabando. Calablanca
está situada a unos cinco kilómetros de Calabardina
(Aguilas), pero pertenece al municipio de Lorca, a esa franja
de diez kilómetros de litoral que se extiende desde
la larga y solitaria playa de Parazuelos hasta la casa de
la Galera, en las inmediaciones de Cabo Cope.
Al fondo se alzan las áridas lomas y barranqueras
del Lomo de Bas y el picacho de Yegua Blanca (642 metros
de altitud, y al noroeste, en la llamada Punta de Siscal,
sobre un cabezo desprovisto de vegetación que se
asoma al mar, se distingue la silueta del antiguo cuartel
de la guardia civil, acondicionado opara residencia de verano
de Asprodes.
El
terreno es llano y estepario, pródigo en tarajes,
higueras, albardínes, palmeras datileras y espartizales.
Cerca de las ramblas, pobladas de adelfas, y muy presentes
en estas tierras, salen al paso jirones de cortijos, alquerías,
norias, aljibes, pozos y el recuerdo de algún molino
sin velamen.
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| La
isla del Fraile acoge una importante colonia de gaviotas
reidoras |
Tejones,
búhos reales y jabalíes habitan este paraíso
de playas y acantilados en cuyas paredes anidan los vencejos.
En Calablanca, concretamente, miles de estas aves han horadado
sus nidos en la pared sur que la protege del viento de Levante.
Cuando alzan el vuelo y planean sobre las aguas, su canto
es un himno de libertad que retumba en este singular anfiteatro
de arcillas y limos amarillentos.
Desde
Calablanca a Calabardina, entre los campos de cultivo y
el mar salen al encuentro playas de sereno encanto a las
que se accede por caminos de tierra rodeados de invernaderos:
playa Larga, ceñida por un acantilado y receptora
de la rambla del Garrobillo, Galera, de la que se desprende
el peñasco conocido por Chapa de la Galera, Las Pulgas,
Pozo Huertas, rambla del Gato, caletón del Pozo,
playa Elena, Piedras Negras, y las playas del Rafal, del
Charco, del Hoyo, del Sombrerico y de la Ensenada de la
Fuente, junto a la torre vigía de Cabo Cope, donde
nace la cadena de dunas fósiles que se extiende hasta
Punta del Ciscar, una de tantas atalayas construidas en
la costa murciana en las postrimerías del siglo XVI
y comienzos del XVII para avisar a la población de
las temidas y sanguinarias incursiones de los piratas berberiscos.
Emplazadas en lugares que permitían un mayor dominio
de la costa y facilitaban a un tiempo la inexpugnabilidad
del destacamento, la torre de Cope es una prolongación
estratégica de las de Santa Elena (La Azohía)
y Santa Isabel/Las Cumbres (Mazarrón), con las cuales
se comunicaban mediante fuegos y humaredas las respectivas
guarniciones. Aunque sus muros eran de piedra, los corsarios
la destruyeron en 1582 y no fue reconstruída hasta
1655, a la par que la primitiva torre vigía de Aguilas.
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| Torre
de Cope, frente a la ensenada de la Fuente |
Levantada
nuevamente en el siglo XVIII, su planta es irregular, posee
un recinto amurallado, dos alturas y azotea. A diferencia
de las de La Azohía y Mazarrón, medio torreón
es macizo, recurso muy utilizado para protegerse de la artillería.
A sus piés se alza, energético y mineral,
subyugante, Cabo Cope, topónimo que significa cabeza
o cosa prominente, término ibérico que figura
en los viejos portulanos, tanto en la llamada carta Pisana
(1290) como en las cartas de navegación realizadas
en el siglo XVI por genoveses y mallorquines.
El cabezo se formó en el período jurásico
y alcanza una altura máxima de 248 metros. En los
acantilados de la cara sur, cubierta parcialmente por el
mar, hay una impresionante cueva que estuvo habitada durante
los períodos neolítico y eneolítico
(IV y III milenio a.de Cristo), según restos documentados
en 1984: huesos de un niño de cinco años,
abundante cerámica y un molino de mano distribuido
en varias salas, asi como dos lagos submarinos de agua salobre.
Dos mil años a. C., la progresiva elevación
de las aguas obligó a sus moradores a abandonar la
cueva. Colonizada por griegos y romanos, en la bahía
de Calabardina, al abrigo del levante, hasta el siglo XVIII
permaneció abierta la almadraba, arte de pesca e
industria que únicamente perdura en La Azohía
(según carta enviada a Felipe II en 1582, en Calabardina
se encontraba «la mejor pesquera de atunes del Mediterráneo».
Cobijo
de águilas perdiceras, halcones peregrinos, alcatraces
y gaviotas reidoras (la cercana isla del Fraile acoge una
de las mayores comunidades de gaviota común de Europa),
de su flora cabe destacar la margarita marina, el hinojo,
la siempreviva, el cambrón y la ajedrea. Si bien
las precipicitaciones registradas en el cabezo no superan
los 300 mm, la composición de la roca ha favorecido
la existencia de dos manantiales que se hallan muy deteriorados.
Al sur
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| Cabo
Cope ofrece la silueta de un saurio dormido |
De
Cabo Cope se ha dicho casi todo, pero no debe olvidar otro
pequeño paraíso: Al sur, una casa blanca con
las puertas y ventanas pintadas de azul pavo y emplazada
en paralelo al cabezo de Cope, lo cual permite ver desde
sus ventanales y espacios abiertos los ortos y arresoles
que enrojecen el Mediterráneo a uno y otro lado,
desde cabo Tiñoso a Aguilas: La Azohía, Mazarrón,
Percheles, Puntas de Calnegre, torre de Cope, Calabardina,
los escullos de cala Amarilla, la isla del Fraile...
Las
habitaciones, pintadas en tonalidades pastel y leves cortinas
a juego, son sencillas, luminosas y confortables. El huésped,
que aquí adquiere la condición de amigo, consume
las horas leyendo, da un paseo en bicicleta, se inicia en
los secretos de la navegación y del buceo o hace
senderismo por estas playas y acantilados de la marina de
Cope.
El sol y la luna configuran el logotipo de Al sur, un espacio
en el que la vida transcurre lenta y limpia; grata, sensual.
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ITINERARIO
Desde cabo Cope, si desea ir a la espaciosa
y resguardada Calablanca debe regresar a Calabardina
y antes de la urbanización Todosol,
en un cruce con isleta, virar a la derecha
siguiendo la indicación Cuesta de Gos
/ El Garrobillo. Cuatro kilómetros
más allá, a la derecha, es aconsejable
detenerse en el restaurante bar El Pozico,
recabar información al propietario
y, se desea pasar unas horas aislado, pertrecharse
de bebidas y alimentos.
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