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Por
la agreste serranía de Alcaraz
Los
últimos grandes osos castellano-manchegos habitaron
en el Calar de la Osera hasta el siglo XVIII
Texto y fotos: José María Galiana
25/02/2003
Los
últimos grandes osos castellano-manchegos sobrevivieron
hasta los siglos XVII y XVIII en el imponente calar de la
Osera, al que se llega por el puerto de Las Crucetillas
(1450 metros de altitud) que une Riópar y Batán
del Puerto, y otro tanto sucedió con el lobo deitanus,
una subespecie del lobo ibérico. Pertenece al espacio
natural Sierra de Alcaraz /Río Mundo, un núcleo
de espectaculares montañas separadas por angostos
desfiladeros que devienen en valles fecundos.
Junto a espacios de alto valor natural, como los muy visitados
Chorros del Mundo, hay otros escasamente conocidos. Es el
caso del citado calar de la Osera, el valle del río
Madera, la cumbre de Almenara (1797 metros) y la cantarina
sierra del Agua, un territorio solitario de grandes mesetas
calcáreas poblado de bosques de pino laricio y negral
en zonas superiores a mil metros, y en cotas inferiores
de pino carrasco de repoblación, encinares, chopos
de gran altura y vegetación de ribera, cobijo de
venados, gatos monteses, zorros, muflones, ginetas, jabalíes,
garzas, nutrias, anátidas invernantes y un amplio
abanico de rapaces: águilas reales, calzadas y perdiceras,
alimoches, búhos chicos y reales, buitres leonados
y halcones peregrinos.
Hasta siete cuerdas serranas distintas, separadas por ríos
de régimen torrencial, forman esta alineación
montuosa de Alcaraz: del Pino Cano, Atalaya, de la Vera
Cruz, Calar de la Osera, del Cujón, Calar del Mundo
y sierra del Agua, topónimo consecuente ya que en
la carta topográfica se nombran y enumeran 73 manantiales
que brotan de abruptos calares, verdean peñascos
afilados como agujas, resbalan por lechos de cantos rodados
y alimentan el cauce de los ríos Madera y Endrinales,
afluentes de un afluente mayor, el Mundo, que a veces se
remansa y otras se enfurece, sobre todo en la larga y ceñida
garganta que precede a Ayna, vertiendo finalmente su caudal
al río Segura, en el paraje de Las Juntas, en Calasparra.
El color verde, en toda su gama, es el protagonista de una
serranía que ha sido considerada la cuarta en número
y densidad de formas botánicas exclusivas de España.
Grandes masas de pinares y extensiones de bosque mediterráneo
embellecen las cuencas de los ríos Mundo y Bogarra
que discurren entre plácidos valles y agrestes calares,
regando aldeas y labrantías que fueron frontera de
los reinos de Murcia, Castilla y Granada, en un paisaje
salpicado de nogales, cerezos, tejos, choperas, avellanos,
encinas, robles, olmos, guindos, frescos, quejigos, olvios,
almendros y frutales para consumo doméstico.
La
naturaleza se ofrece aquí plena y gozosa, entre molinos
de origen árabe, restos de castillos que coronan
los riscos más escarpado y sirven de refugio a la
cabra montés, ermitas encaladas, remozados balnearios
de agua termal, plantas aromáticas y casas rurales
que huelen a leña quemada.
Lo recomendable es hacer noche en la hospedería del
viejo Riópar, aldea situada en la cima de un pronunciado
cerro que conserva su encanto medieval.
Prácticamente deshabitada, muestra los muros de su
castillo árabe, el cementerio y la iglesia del Espíritu
Santo con su cubierta mudéjar, declarada monumento
histórico artístico. El silencio y las vistas
desde cualquiera de sus vertientes son inolvidables.
Desde el viejo Riópar hay que tomar la C-415 que
lleva al puerto de Las Crucetillas (1480 metros: con frecuencia
está cerrado por la nieve), y bajar hacia Batán
del Puerto, bajo un dosel de espigados pinos laricios y
negrales. Mediado el descenso, a la izquierda, surgen las
crestas peladas del calar de la Osera (1627 metros), y a
la derecha Gallinero (1629),. el techo de la sierra del
Agua, en cuyas inmediaciones está el pino del Toril,
catalogado de monumental.
La descarnada orografía de la sierra de Alcaraz,
tierra dura y agreste, dio cobijo al Pernales y a su lugarteniente
el Niño de Arahal, legendarios bandoleros andaluces
abatidos en el verano de 1907 por la guardia civil, cuando
comían a la sombra de un nogal, en la ladera del
cerro del Padroncillo, conocido desde entonces por el Pernales:
el bar restaurante de la hermosa plaza mayor de Alcaraz
también luce el nombre del célebre bandolero.
Carretera abajo, se suceden las primeras tierras de labor,
vedados de pesca, casas destejadas, chopos y una vegetación
de ribera que anuncia la presencia del río Endrinales.
Pronto irrumpe en un claro del bosque propicio para dar
un paseo y tomar un bocado. Más adelante, en una
planicie, salen al paso media docena de chalés de
alta montaña con un puente para acceder a cada una
de ellas, rodeados de agua, huertos de verduras y frondosos
abetos que confieren al lugar un aspecto de alta montaña.
El rumor del agua se convierte en compañero de viaje
hasta la llegada a Batán del Puerto, unas pocas casas
agazapadas entre las huertas y las frondas de una hondonada,
donde confluyen los ríos de las Hoyas y de los Endrinales.
El molino de los Batanes
Apetece
descansar en el antiguo molino de los Batanes, ceñido
por montañas que superan el millar de metros de altura:
El Bañadero (1389); El Cabeza (1504) y Penalta (1512),
un oasis de silencio entreverado de manzanos, nogueras y
pequeños bancales de hortalizas que los vecinos cultivan
para consumo propio.
Desde hace unos años, con el auge del turismo rural,
este caserío encajado por escarpes rocosos recibe
la visita de familias de Alcaraz, parejas de enamorados
y naturalistas que pernoctan en el hostal del Batán
o se detienen para saborear parte de un ancestral recetario:
paté de ciervo, gachasmigas, gazpachos de liebre,
andrajos con morcillas, arroz caldoso con pollo y costillejas,
chorizo de jabalí, jamón con puré de
manzana o pringue, una especie de sémola con tropezones
de embutido picado.
Río abajo, Bogarra sale al paso en una hondonada
que sirve de cauce al afluente que lleva su nombre y también
vierte sus aguas al río Mundo. A esta altura, el
horizonte y la carretera recién asfaltada se ensanchan,
si bien el paisaje conserva su condición de montuoso.
Aún hay que subir a lo más alto, cruzar la
aldea de El Griego y de nuevo descender hasta las calles
estrechas y pinas de Ayna, un pueblo de gran belleza que
ha conservado algunas almenas de la muralla islámica
y la legendaria cueva de los moros, pero antes de acceder
al pueblo es obligado detenerse en el mirador del Diablo
(a la derecha hay un indicador de vista panorámica)
y dejar que la mirada se recree en el profundo y angosto
cañón del río Mundo.
A vista de pájaro, desde el enriscado macizo de Peñarrubia,
se divisa la carretera que caracolea hasta la garganta,
los tejados de las casitas abalconadas al río, el
campanario de la iglesia de la virgen de los Altos y el
hotel Felipe II, que tiene ganada fama de preparar suculentos
corderos a la brasa. El camino se adentra en el espectacular
desfiladero, cruza los paredones de los Picardos y deja
al viajero en Royo Odrea, una aldea con casitas de adobe
escalonadas hasta los huertos que toman agua del río
Mundo y es antesala de un paisaje nuevo, ajeno a hontanares
y picachos: las tierras luminosas de Elche de la Sierra,
pródigas en suaves colinas y dilatados horizontes
donde pastan reses bravas y crece el cereal, la olivera,
el almendro, el pino carrasco....
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La Dehesa (www. orospeda. com / 967/43
50 29-689/46 65 19) es un centro de ocio
y tiempo libre situado en Lugar Nuevo, junto
al nacimiento del Mundo. Dispone de 10 cabañas
de piedra y madera dotadas de chimenea, dormitorios,
baño completo, calefacción individual,
regulador de temperatura y capacidad máxima
para 8 personas. En las instalaciones hay
restaurante, cafetería, salón
social, centro de recepción , piscina,
sala de audiovisuales, cuadras y picadero.
Para colegios, propone la conservación
y respeto de valores naturales derivados del
estudio y reconocimiento de los mismos. Previa
reserva, organizan rutas a caballo desde media
a varias jornadas, 4x4 rutas con monitores
al corazón de la sierra del Segura,
senderismo, cicloturismo (rutas en mountain
bike para grupos con guías especializados,
o grupos ciclistas con bicicleta propia, educación
ambiental y programas específicos,
conocimiento del medio (botánica, fauna,
geología) jornadas para universidades
(biología, ciencias ambientales, veterinaria...)
y conocimientos del kars del calar del Mundo.
La Toma del Agua (967/574 524). Se trata también
de un centro de ocio y tiempo libre con cabañas
muy bien euqipadas y unos alrededores de gran
belleza, incluido un lago con truchas.
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