AEDES
DOMINI
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La Tentación de Santo Tomás de Aquino
Diego de Silva y Velázquez
1632-1633. Óleo/lienzo. Museo Diocesano. Orihuela (Alicante)
Obra muy discutida
en cuanto a su filiación artística, unas veces atribuida
al discípulo de Velázquez, el murciano Nicolás
de Villacis, otras a Alonso Cano, Zurbarán e, incluso, Murillo.
A pesar de tan intrincada historia crítica hoy nadie duda de
que se trata de una espléndida pieza de Velázquez, pintada
poco después de su vuelta de Italia en 1631. El cuadro representa
el momento en que el Doctor Angélico cae de rodillas, mientras
un ángel lo sostiene y otro se dispone para colocarle el cíngulo
blanco de la castidad, después de haber rechazado a la tentadora
que huye tras haber sido amenazada con un tizón encendido. La
composición remite a complejas estructuras geométricas,
muy elaboradas, que confluyen en la cabeza del sabio medieval, cuyo
rostro acusa las consecuencias de la lucha intensa contra la tentación,
protagonizada por la mujer que abandona apresuradamente la estancia,
a través de la puerta del fondo, hueco que no hace sino amplificar
el espacio, en un alarde técnico que Velázquez explotó
en varias ocasiones.
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