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FULGOR
CRUCIS
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El imafronte catedralicio
Ante el imafronte,
el visitante contemplará su grandeza y su mensaje y entenderá
el sistema que permite seguir una lectura ordenada del programa iconográfico,
las etapas constructivas, el maestro que la creó así como
la torre, palacio episcopal y los espacios que generó para exhibir
con orgullo la historia de una diócesis y de un reino, aglutinados
bajo la figura de Santiago, el Apóstol Peregrino. Así,
la exposición se configura como un edificio -Aedes Domini- levantado
desde sus cimientos -Fundamentum Ecclesiae- hasta la corona heroica
que proclama la fachada como apoteosis del Obispado y del Reino -Ima
Frons-.
Cuando Jaime Bort inició en 1735 la construcción de la
fachada principal de la Catedral de Murcia, uno de los más brillantes
episodios de la escultura y ornamentación españolas, estaba
a punto de alcanzarse para escribir en piedra la historia triunfal de
una iglesia diocesana que, con esta iniciativa, cerraba un ciclo ya
centenario de obras exaltando en el eterno lenguaje de la escultura
las pasadas glorias de su obispado.
Dos símbolos amparados en estas sugerencias parecen abrir y cerrar
el prolongado capítulo de obras llevadas a cabo en torno a la
Catedral y ambas unidas a dos sentimientos que marcaron el principio
y el fin de estos encargos: la torre catedralicia, imagen y emblema
de la ciudad, y la portada como escenario de la historia. Ambas vistas
desde la Plaza de Belluga forman la silueta precisa e inconfundible
de la Catedral, una destinada a servir de instrumento sonoro que celebre
las glorias de su creador y otra pensada para difundir por los límites
del obispado y el reino la antigüedad de su existencia.
Jaime Bort fue el artista encargado de dar forma a estos pensamientos.
Con un excelente equipo de canteros y escultores fue levantando la obra
que mostrara el rostro más monumental de la Catedral. La calidad
de sus esculturas y la sutileza de sus relieves, delicados hasta donde
la vista no alcanza, son un poema de formas y colores, un canto a la
eternidad de la escultura capaz de aproximar al hombre a este protéico
mundo de héroes que, en su cercana lejanía, son testigos
solemnes de la grandeza del pasado.
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