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Aesta altura ya del cante, después
de más de 40 años, no
hay que ser un gran especialista
en eventos flamencos para
afirmar rotundamente que el Festival
del Cante de las Minas es todo
un número uno, un clásico entre
un maremágnum de festivales, que
se ha ganado a pulso su fama
aquende y allende de mares y fronteras.
Cada Festival en sí mismo
no deja de ser un festín esplendido,
un gran banquete de flamenco.
Aunque el Festival ya tocó techo
hace años, y, a pesar de haber pasado
por su tablas todos los grandes
de lo jondo, en cada nueva edición
se repite un gran éxito de público y
de crítica. A pesar de que el Festival
va sobre ruedas, no crean que es una
tarea fácil la de pergeñar cada año
unos carteles sugerentes y novedosos.
En la escala del flamenco las
figuras no escalan los peldaños de
la noche a la mañana, ni surgen
monstruos por arte de birlibirloque.
La directora del Festival, María Martínez, señaló al periódico que «a
todos nos produce una gran satisfacción
esta distinción. Creo que es
un homenaje a toda La Unión y a
cuantos han trabajado porque crezca
el Festival». Además, Martínez
añadió que «también será un acicate
para mejorar a cada edición».
Cada uno tiene que estar en su
sitio. Y eso lo saben mucho más los
cantaores, bailaores y guitarristas,
que cada año concursan con la intención
de obtener los máximos galardones,
un mala nota, un mal paso, un
mal trasteo, puede dar al trasto en
unos segundos con las esperanzas de
todo un año. También lo saben las
grandes figuras, aquí se viene a revalidar
el éxito.