El martes, hablaba con una persona, y me comentaba, que lo mejor que había hecho en la vida era no tener hijos; que los niños le gustaban para un rato. Al principio me enfadé (sin decirle nada). Mas tarde reflexionando sobre el tema, pensé que era mejor ser honesto y no tener hijos, que amargarlos toda la vida. El famoso día del Padre, debería ser el día del Buen Padre.
El día del Buen Padre, debería ser un momento, un lugar en el tiempo, donde los hijos y los padres, nos detengamos para pensar en lo maravilloso que es cada uno en su rol. Y más que un regalo, y una felicitación tradicional, deberíamos ir a nuestros padres y agradecerle a nuestros padres lo bueno que han hecho por nosotros, ese sería el mejor de los regalos.
Recuerdo con mucho gusto, la primera vez que supe mi paternidad; apenas mi niña era un embrión, y por mi cabeza pasó todas las cosas que tendría que enseñarle. Los momentos tan maravillosos que pasaríamos juntos.
Mañana el día del Padre, como tantos días, me sentaré a reflexionar, sobre mi padre, y los cortos cinco años que lo conocí. Y aprovecharé los momentos que comparta con mis hijos.
Vicente Cuenca


