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Cap.nº14: El abastecimiento de agua potable en la región



Fuente de Totana en 1942, los habitantes de los caseríos del campo bajaban con rudimentarios carros de mano para aprovisionarse en la fuente del pueblo. (Archivo M. C. T.)




probablemente la ciudad con mayores déficits de agua de la región. Sus habitantes y su ayuntamiento se pronunciaron en diversos momentos históricos desde la Edad Media por paliar sus acuciantes necesidades en este sentido. Manifestación por el agua en Cartagena a comienzos de los años 40.


Historia del abastecimiento de agua potable en Murcia
Como hemos visto, desde los primeros asentamientos, el hombre ha intentado permanecer cerca del agua. Su existencia es condición indispensable para la vida y, por ello, no podía establecerse lejos de una fuente, un manantial, un lago, un arroyo o un río que satisficiese sus necesidades en este sentido. Esta verdad cobra una especial importancia en una región como la nuestra, tan escasa siempre de precipitaciones.
A medida que se hicieron los establecimientos más estables y crecieron en número fue haciéndose necesario complementar lo aportado por la naturaleza con obras realizadas por el hombre. Surgieron así los primeros intentos de almacenar y conducir el agua a determinados asentamientos a través de incipientes redes de suministro.

Se trataba de acercar y asegurar al hombre lo que la naturaleza había dispuesto, pero también de protegerlo. Probablemente las primeras obras de los primitivos habitantes de la región en relación con el agua fuesen de defensa, para protegerse de la propia energía de los canales fluviales o de las mismas fuentes. Y también de conservación: debían asegurar su carácter fluente liberándolas de partículas y obstáculos de todo tipo que impidiesen su normal discurrir. Por último, también debieron intentar almacenarla en distintos depósitos más o menos elaborados que permitiesen disponer de ella en períodos de carencia. Surgirían así los pozos y las cisternas.



Los lavaderos comunales eran otro de los lugares relacionados con el agua en los que se reunían los habitantes –mujeres y niños exclusivamente- de los pueblos. Lavadero comunal de Ojós.

 



Interior de uno de los depósitos de agua de Cartagena en 1945.

Parece claro que en Murcia –y, en general en el resto de España– la arquitectura hidráulica de interés público procede de la época romana, siendo adoptada, y en numerosos casos perfeccionada, por los árabes. Hasta tal punto el diseño de estas obras e ingenios obedecía a unos patrones funcionales que, durante siglos, no experimentó grandes cambios ni en la forma, ni en el diseño. Ni siquiera en los materiales. Esta circunstancia ha propiciado que a veces sea difícil datar perfectamente la época de determinados ingenios y construcciones. De hecho, los árabes admiraron hasta tal punto las conducciones de agua romanas que las tomaron como modelo para las suyas.

No obstante, hasta la Edad Moderna, el agua de las fuentes no solía estar encauzada. Los murcianos tomarían en general la llamada agua de boca –agua apta para el consumo– del mismo lugar en el que surgía, que probablemente estaría protegido con algún tipo de obra, dado el carácter vital de estos elementos. También los aguadores desempeñarían un papel primordial en esta época y en los siglos posteriores transportando el agua a las poblaciones ayudados de animales de tiro.

En unas épocas en las que el abastecimiento de agua a los hogares no pasaba de ser una quimera, eran los encargados de llevar el agua a los consumidores. Prueba de la importancia de su cometido es el hecho de que determinadas ordenanzas reales, tras marcar exactamente el precio de cada carga, especificaban que cualquier vecino tenía derecho a romper los cántaros de cualquier aguador que no se aviniese a respetarlo.

Las clases altas tenían muchas veces sus propios pozos para abastecerse de agua potable. Pero los pozos eran a menudo de uso comunitario y estaban enclavados en lugares emblemáticos de las poblaciones. Por su carácter vital constituían sitios de encuentro. Así sucedía en la ciudad de Murcia, a fines de la Edad Media, con el de la plaza de San Nicolás o el de San Antolín, en los que –siempre que no perjudicasen a nadie– todos los vecinos podían beneficiarse de él. Algo semejante debió ocurrir con el pozo situado junto a la catedral en lo que aún hoy se llama Puerta del Pozo.

También el agua del río era fuente de abastecimiento para el consumo humano. Esta circunstancia lo convertiría en foco de grandes epidemias que, durante siglos, asolarían y diezmarían a la población. Hay que tener en cuenta que constituía el desagüe natural de todos los pueblos situados aguas arriba. Por otro lado, sus aguas se utilizaban como lavadero y los vertidos industriales eran, además, realizados con una impunidad casi total.



 

 


Otras fuentes para abastecer de agua a la población fueron las acequias, sobre todo las dos mayores: Alquibla y Aljufía, pero los problemas para la salud eran los mismos que cuando se tomaba directamente del río.

En Cartagena, la llamada fuente Vieja constituyó durante mucho tiempo el único foco de suministro de la ciudad, aunque a sus habitantes llegaba también, por medio de aguadores –previa dádiva de una limosna a sus dueños, los frailes del convento de San Juan–, las de la Fuente Santa, situada a tres kilómetros de la ciudad. Desde el siglo XVI hay noticias de la Fuente de Cubas, al norte de Cartagena, en el camino de Murcia, aunque Jerónimo Hurtado, en su descripción de Cartagena (1584) dice de ella que “no es tan dulce –como la de San Juan– y así lo más sirve de lavar en ella la ropa de lienzo de los vecinos de la ciudad y regar una huerta no muy grande que tiene la ciudad a esta parte”.




Los aljibes de Fuente Álamo fueron prácticamente las únicas fuentes de abastecimiento de la población de los alrededores hasta finales de los años 50.


Belluga realizó importantes obras de saneamiento en el siglo XVIII. Estatua de Belluga en Motril, su ciudad natal.

En Lorca fueron los Caños de la Plaza de Adentro y la Fuente del Oro, las que suministraron agua a sus habitantes. Fue Alfonso X el Sabio, en el año 1269, quien concedió permiso a la población para disfrutar de las aguas de la fuente del Oro, que recogía las que se filtraban del río Guadalentín, conduciéndolas a la fuente pública mediante una canalización.

Estas fuentes públicas, que aprovechaban manantiales de agua de los alrededores, de ramblas o de nacimientos, constituyeron los primeros focos de abastecimiento urbano de buena parte de los municipios de la región y los únicos durante siglos.
La escasez de agua en Murcia provocó que, con el crecimiento progresivo de las principales ciudades, los problemas de abastecimiento se hiciesen cada vez más acuciantes.

Los intentos por proveerse de agua suficiente para el consumo por diversas poblaciones de nuestra región fueron abundantes desde finales de la Edad Media. Principalmente por parte de Cartagena, Lorca y Murcia, los principales núcleos de población, y también tres de las zonas con mayor necesidad del líquido elemento. Las tres ciudades actuaron en distintas ocasiones, a veces por separado, aunque la mayoría de forma mancomunada, para intentar poner en marcha diversos proyectos que aseguraran el agua que precisaban sus habitantes.

Pero unas veces los intentos chocaban con los intereses de los dueños de las aguas, que veían peligrar su situación de privilegio, y otras se trataba de actuaciones demasiado complejas para la época.
En el siglo XIV ya se intentó traer agua desde fuentes de Caravaca pero, como ocurriría inevitablemente una y otra vez, durante seiscientos años –hasta la llegada de las aguas del Taibilla a Cartagena–, y a pesar de inyectarse a veces sumas importantes de dinero por parte de los diversos concejos, de particulares o de la propia corte, el proyecto no llegó a buen puerto.

Esta situación se extendió hasta el siglo XVIII, fecha en la que las ideas ilustradas propiciaron una mayor preocupación por la sanidad pública y pusieron de relieve la idea de la ciudad servicio.
Los proyectos para dotar de agua a las ciudades más populosas de la región se multiplican en esa época. Especialmente importante sería el mastodóntico intento del Canal de Murcia, que se rebelaría demasiado ambicioso para su tiempo.
También fueron importantes las actuaciones sobre el río Segura, que es encauzado a su paso por la capital, así como algún proyecto inacabado sobre el río que pretendía revitalizar y embellecer la zona.