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Cap.nº4: El agua de lluvia
Una bendición del cielo aprovechada por los hombres.

Las cisternas romanas
Las cisternas han representado para las regiones mediterráneas un papel muy importante para recoger, acumular y utilizar el agua de lluvia16, pues a menudo se convertían en el único recurso con agua potable para los habitantes de una población.
Cartagena, aquejada siempre de un grave problema hídrico, debió contar en época romana con numerosas cisternas, tanto de carácter municipal como de tipo doméstico, obviamente de dimensiones mucho más modestas.

La casa romana
Es sabido que los árabes, con una cultura del agua muy desarrollada, aprovechaban hasta la última gota de agua de fuentes, ríos y de la misma lluvia. Pero esta cultura no era más que el desarrollo de lo que ya habían planteado siglos antes los romanos.
En los hogares romanos, se captaba el agua de la lluvia haciéndola converger hacia los patios interiores.

Con esta intención se impermeabilizaba con betún o grasa los tejados de las casas, cubriéndolos a continuación con tejas. Las cuatro vertientes de los tejados que daban a los patios interiores estaban inclinados hacia ellos –es lo que se ha denominado el compluvium–. De esta manera, bien directamente o por medio de canalones, se lograba que las lluvias convergieran, en el patio inferior –impluvium–, por donde entraban las aguas de la lluvia, que eran recogidas en un depósito que había en el centro o en una cisterna subterránea.

Aljibe
- Distintas canalizaciones se encargan de conducir el agua de lluvia hasta el aljibe.
- Antes de llegar al aljibe las aguas pasan al recibidor –decantador–, donde quedan depositadas sus impurezas.
- Una vez que las impurezas sólidas han sido depositadas en el fondo, el agua limpia llega al aljibe, donde queda lista para el consumo.




Emplazamiento de los aljibes existentes en la comarca de Jumilla. Fuente: Cayetano Herrero González y Roque Martínez Abellán. Plano: Consejería de Industria y Medio Ambiente. Dirección General de Ordenación del Territorio y Costas.

 


El agua iba depositando sus impurezas en la cisterna hasta quedarse limpia y apta para el consumo humano; además, su emplazamiento, aislada del calor, le permitía permanecer fresca. Habitualmente, estas cisternas tenían un orificio de extracción, con un brocal de cerámica o mármol para poder dar salida al agua de consumo.

Casa árabe

La casa hispanomusulmana calcó prácticamente el sistema impluvium-compluvium de la casa romana. El patio de estanque y aljibe que recogía las aguas de lluvia era casi idéntico al de los romanos: en las casas se recogía el agua de lluvia haciéndola discurrir por los tejados a través de gárgolas o de conductos que podían ser de metal o de barro cocido. Finalmente, uno o más sumideros ubicados en el suelo conducían estas aguas al aljibe. El agua es un elemento esencial en la cultura árabe. También en las casas. En ellas existían vajillas para aprovisionarse de agua y para realizar las abluciones antes del rezo diario, una circunstancia que obligaba a las familias a almacenarla en diversos recipientes. Grandes tinajas eran colocadas en un soporte circular. La profunda cultura del agua árabe es evidente en el mimo a la hora de colocarla: elegantes jarritas que se disponían en un artístico soporte, a veces en forma de casa, que se encargaba de retener el agua que exudaba la vasija. Se trataba de conservarla fresca y pura y, al mismo tiempo, de no desperdiciar ni una sola gota del preciado elemento.


Los árabes almacenaban el agua en grandes tinajas. Éstas eran colocadas en unos elegantes soportes –a veces en forma de vivienda– encargados de recoger el agua exudada. El objetivo era preservar la pureza del agua y aprovechar hasta la última gota de líquido. Museo de Las Claras.

 

Aljibe de la casa Palao Aljibe Csa de la Huertecica gfgdgdfg