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Cap.nº8: Ingenios Hidráulicos: norias, aceñas y molinos



La noria de Alcantarilla muestra a la perfección el funcionamiento de estos artefactos: corriente de agua, paletas para mover el mecanismo y arcaduces que suben cargados de agua para depositarla en un cauce distribuidor elevado.

Otro tipo de noria eran las de rosario, en las que los cangilones no estaban incrustados o sujetos a la noria en sí, sino que permanecían atados a cables, de manera que podían descender a mayores profundidades.

Las aceñas


En general existe cierta confusión en las denominaciones de las norias y otros ingenios tradicionales para elevar agua. Esta confusión se acentúa en la región, donde es corriente referirse a variedades de las norias, como las aceñas, con el nombre de Ceñas, e incluso aplicar este nombre, por extensión, a todos los aparatos elevadores, incluidas las propias norias.

La palabra aceña procedería del vocablo árabe Saniya, que designaría los ingenios que permitían extraer agua de un pozo y elevarla al exterior mediante la fuerza de un animal.
Lo más extendido en la región sería aplicar el nombre de ceña o aceña a la también llamada noria de sangre, es decir, la movida por uno o más animales –burros, mulos, bueyes...–. La aceña consistiría, pues, en una rueda vertical aplicada a la corriente, encajada en otra horizontal mediante un engranaje, que es movida por el animal valiéndose de un madero.

Aceña en funcionamiento tirada por una pareja de mulas. Fotografía tomada en la región en los años 20.



Aunque prácticamente desaparecidas, aún es posible sorprenderse con la majestuosidad que siguen desprendiendo dos de los mayores ingenios elevadores de agua que han existido en la región en toda su historia. Se trata de las norias de La Ñora y de Alcantarilla.

Muestra de la importancia de la primera de estas norias es el hecho de que le dio nombre, con su presencia, a la localidad en la que está enclavada –ñora es una de las acepciones que se utilizan en Murcia para aludir a estos artilugios.

Movida por la potente corriente de agua de la Aljufía, una de las acequias mayores de Murcia, el aparato mide diez metros y medio, y sus setenta y dos cangilones laterales son capaces de elevar hasta 40 litros de agua por segundo, cantidad suficiente para regar 42 hectáreas de un fértil terreno huertano en el que se apiñan limoneros, melocotoneros y otros frutos.

Su puesta en marcha data de la primera mitad del siglo XV, habiendo sufrido diversas modificaciones. La más drástica –que, sin embargo, no acabó con su majestuosa presencia– fue en el año 1936, en que fue sustituida su estructura de madera por el hierro, originando una fuerte polémica en la sociedad de su tiempo, que veía cómo una estructura tradicional que se remontaba siglos atrás, comenzaba a industrializarse.

La noria de Alcantarilla nació a mitad del siglo XV sobre la acequia mayor de la Alquibla –actualmente Barreras–, y regaba hasta 700 tahúllas de los términos de Alcantarilla y Nonduermas. Durante los siglos siguientes sufrió diversas modificaciones, hasta que en 1956 se instaló la que actualmente puede verse a la entrada de la localidad, que con una altura que supera los once metros, aloja en su rueda 72 cangilones. Con estas modificaciones, la nueva rueda pasó a abastecer de agua hasta tres mil tahúllas de tierra, convirtiendo sus alrededores en un feraz territorio.

Probablemente sea Abarán el lugar en el que está situado el complejo mejor conservado de norias. La noria Grande de Abarán, con sus 12 metros de diámetro, pasa por ser la mayor de Europa actualmente en funcionamiento. Construida en 1805 y reconstruida en 1951, posee un rendimiento de 250 litros por segundo. Está situada en la margen izquierda del Segura.
La noria Hoya de Don García, original de 1818 y reconstruida también en 1951, posee un rendimiento de 42 litros por segundo y está extraordinariamente bien conservada. Otras norias abaraneras son La Ñorica y el Candelón.

El molino, fábrica de agua y viento

Se ha considerado al molino como la primera máquina de la civilización. La trascendencia de este ingenio resulta hoy difícil de imaginar. Fue el primer invento que introdujo importantes avances en tareas agrícolas, industriales y también de índole social, ya que consiguió liberar de algunos de los trabajos más pesados a docenas de generaciones.

De hecho Celio Antipater cantó ya, en el siglo II a. C., las virtudes de esta nueva máquina, en lo que podría constituir el primer canto a la liberación de la mujer, pues era ésta la que tradicionalmente se ocupaba de moler el trigo: “No pongáis la mano en los molinos, oh mujeres que dáis vueltas a la muela. Dormid largo tiempo, hasta que el canto del gallo anuncie la aurora, porque Ceres ha encargado a las niñas el trabajo que ocupaba vuestros brazos. Estos se enlazan por notabilidad de una rueda que torna sobre su eje, y que por medio de rayos móviles mete en movimiento la pesadez de cuatro muelas cóncavas”42.

La alusión a las niñas era una forma de remarcar el poco esfuerzo que se requería en una tarea para la que antes era necesario una energía muy superior.

 

 

 

 


Buscando el agua en las profundidades: la noria de rosario. En este tipo de noria, los cangilones están cogidos a una cadena, a modo de rosario, con lo que se consigue llegar a mayor profundidad.


En la Edad Media, el molino se hizo tan fundamental y tan asiduo para las poblaciones como los templos. En ocasiones, también el desembolso que era necesario para su construcción era tan elevado como el que se necesitaba para erigir una iglesia o un palacio.

Su obra constituía una empresa de gran magnitud, y su necesidad era evidente, ya que la ausencia suponía tener que viajar a otras poblaciones para realizar una operación fundamental. A mediados del siglo XV, el concejo murciano veía conveniente conceder más licencias de molinos, ya que “el pan encarecía por lo yr a moler a la çibdad de Orihuela... e a otros lugares [...]’.


El uso de los molinos fue impulsado por la creciente importancia que adquirió el pan en la dieta de los europeos desde los primeros siglos de la Edad Media.
Aunque sus orígenes son inciertos, parece que fueron empleados molinos hidráulicos en época romana. En Murcia, los árabes utilizaron ya la fuerza del molino hidráulico. En el siglo XIII, con la Reconquista cristiana de los territorios, la propiedad de los molinos hidráulicos pasó a los reyes castellanos, que dieron permiso a la institución eclesiástica y a los nobles más pudientes para explotar esta rentable actividad. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, los molinos irían pasando a los artesanos más pudientes.

Ya Alfonso X autorizó, en el siglo XIII, la construcción de molinos en la orilla izquierda del Segura.
Los molinos de barca existieron en la Murcia de finales de la Edad Media. A su favor tenían su versatilidad, ya que podían cambiar de ubicación y no entorpecían la navegación, pues no necesitaban de obras en el río tales como represas o azudes. Además se podían adaptar a cauces de cualquier nivel. En su contra tenían su escasa capacidad para moler, muy inferior a las de los molinos de obra.

Los reyes católicos ya habían autorizado en 1492 a la construcción de un molino de barcas sobre el Segura, a su paso por la puerta de Orihuela. Pero tres siglos antes, Al Idrisí describía ya la ciudad de Murcia de esta forma: “hay molinos [en Murcia] construidos sobre navíos, como los molinos de Zaragoza, que pueden transportarse de lugar...”.

Los numerosos azudes del río tenían como objetivo no sólo posibilitar los riegos, distribuyendo el agua en acequias, sino también proporcionar al agua la suficiente velocidad como para hacer funcionar los engranajes de los numerosos molinos que poblaban sus cauces.

A mitad del XVIII, existían ya 281 molinos diseminados en los ríos y acequias de la región, y un siglo más tarde, este número debía superarse en más de un 50%. Sólo en las dos acequias mayores murcianas, existían en 1828 un total de 27: 11 en la Alquibla y 16 en la Aljufía.
Los molinos causaban inundaciones y perjuicios en numerosas ocasiones, lo que provocó que las Ordenanzas de la Huerta de 1849 prohibieran la construcción de nuevos molinos: “Nadie podrá construir en lo sucesivo molino alguno sobre las acequias y azarbes bajo ningún pretexto ni motivo, ni el Ayuntamiento concederá permiso ni licencia para ello, aun cuando estén conformes todos los interesados de las acequias y azarbes de esta huerta”.