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Cap.nº8: Ingenios Hidráulicos: norias, aceñas y molinos



Recreación de molino manual o de sangre. El esfuerzo necesario para moler cereales era grande, por lo que el invento del molino representó un avance muy importante en la civilización.

Y es que, como comenta Díaz Cassou, ‘el molino altera la economía de los riegos, destruye los quijeros y arruina los cauces. En el verano, cuando el regante sufre de mayor escasez, el molinero, que también la sufre y necesita de la misma fuerza motriz en todo momento, la roba donde la encuentra para conducirla a su molino y tirarla sin provecho de regante al Segura’. Esta circunstancia es puesta de manifiesto en el refrán huertano “Vale más molino parado que amistad de molinero”.

Clases de molino y utilidades
Desde su misma introducción en Europa, el molino fue perfeccionado y diversificado en sus funciones. Con diversas modificaciones, existían molinos que servían en todo tipo de industrias: para abatanar paños, fabricar polvora, elaborar papel, serrar piedras y maderas, elaborar metales...

Molino de cubo
En la región abundaron los denominados molinos de cubo, un tipo que se adaptaba muy bien a los escasos e irregulares recursos hídricos de nuestra región.
Consistía en un cubo elevado a mayor altura que las muelas y una rueda horizontal o rodezno provisto de paletas o álabes. El agua de la acequia se conducía hasta una altura de entre 5 y 10 metros. Cuando el agua se precipitaba, aunque lo hiciera en poca cantidad, ejercía suficiente presión, por la simple fuerza del choque, como para mover el rodezno.

Molino de regolfo
El término regolfo designa a la acción que hace el agua retrocediendo de su curso cuando encuentra algún obstáculo. Los molinos de regolfo, muy utilizados en Murcia a partir del siglo XVII, actuaban como una turbina en un tiempo en el que aun faltaban más de dos siglos para que estas fueran inventadas.
Los molinos de regolfo se instalaban en acequias de elevado caudal y poco salto. El sistema de regolfo permitió instalar molinos en lugares donde, hasta entonces –por carecer el cauce de saltos de entidad– no habían podido instalarse.
El mayor problema de este tipo de molinos es que debía hacerse una remodelación en la acequia, realizando un canal paralelo que accionaba el engranaje del molino. Una vez había sido utilizada, el agua volvía a la acequia.

Molino de batán
Los batanes, o molinos traperos eran los utilizados para acondicionar telas y paños.
El papel para imprimir o escribir se obtenía a partir de trapos de algodón. Esto trapos eran troceados y macerados, e introducidos después en tinas de piedra. En el molino se les sometía a una operación de machaqueo durante varios días, después de diversas operaciones, el producto volvía a ser prensado y bruñido en el molino.

Molino de barcas. Existían ya en el Segura en el siglo XIII. Estos molinos flotantes poseían una rueda vertical, que no se adaptaba al régimen irregular del río y a su red de acequias, por lo que a partir del siglo XV fueron desapareciendo de la región.


Funcionamiento
El lugar idóneo para emplazar un molino hidráulico era a la orilla de una corriente o una caída de agua. De ahí que lo normal fuese construir un azud en las inmediaciones, que hiciese que las aguas se elevaran, haciéndolas entrar por un canal lateral que penetraba en el molino.

Una puerta corredera era la encargada de dar entrada al agua para poner en marcha el mecanismo: unos pequeños canales estrechaban la corriente de agua, haciéndola entrar velozmente sobre las paletas de la rueda –álabes–, haciendo girar el engranaje. Esta rueda mueve un eje en cuyo extremo hay una piedra que atrapa el grano con la piedra superior. Una vez cumplida su misión, el agua es devuelta al río.

Si el molino tenía la rueda vertical se llamaba aceña, en ese caso el eje –árbol– era horizontal. Por el contrario, si la rueda estaba en posición horizontal era de rodezno –llamado de rodete en Murcia–. Por la escasa profundidad de los cauces de la región, fue este tipo el más extendido en Murcia.

Las muelas son grandes piedras circulares. Constituyen la esencia del molino, el lugar en el que se desarrolla la labor para la que fue creado este ingenio. A pesar de su apariencia tosca, su estado, su cuidado y la forma de su rayado es fundamental para el adecuado molido. De ahí que estuviesen permanentemente vigiladas por el molinero, que las reparaba cuando detectaba algún desperfecto en ellas. En función de su dureza, estas piedras se aplicaban a la molienda de trigo, cebada, maíz o pimentón.

Los Molinos Nuevos del Segura
Por su singular importancia, conformando toda una infraestructura única en la región, son especialmente llamativos los llamados Molinos Nuevos.

 

 


Molino de rodezno –llamado en Murcia de rodete–. Su rueda, de una sola pieza, permitía ahorrar algunas ruedas dentadas. La especial disposición de sus álabes, en forma de cuchara, permitía aprovechar mejor la corriente. Los molinos Nuevos del Segura son de este tipo.

Número y emplazamientos de molinos
Año
Molinos Hidráulicos
Molinos de viento
1755
159
123
1834
250
Lugar
Molinos Hidra.
Molinos de viento
Abanilla
5
 
Abarán
I
 
Albudeite
I
 
Aledo
4
 
Alguazas
2
Alhama
7
Archena
2
Beniel
I
Blanca
3
Calasparra
3
Caravaca
31
Cartagena
78
Cehegín
II
Ceutí
5
Cieza
2
Fortuna
2
Fuente Álamo
2
Jumilla
5
Librilla
3
Lorca
30
Mazarrón
2
Moratalla
47
Mula
12
Murcia
27
Ojós
I
Pliego
2
Ricote
3
Totana
6
27
Ulea
I
 
Villanueva
I
Totales
218
109


Situados en la margen derecha del río, junto al Puente, su nombre viene dado en contraposición a los antiguos, que quedaban en el lado izquierdo.

Llamados en su origen molinos de allende –por estar situados al otro lado del río– comenzaron a ser llamados molinos del matadero cuando éste se estableció en sus inmediaciones.
Nacidos en el siglo XIV, contaban ya en esa época con seis ruedas horizontales –rodetes.

Tras diversas riadas y destrucciones, con sus correspondientes reconstrucciones, Floridablanca hace construir un azud sobre la ciudad con el fin de instalar los Molinos Nuevos, un espectacular complejo molinero compuesto por siete ruedos de tres piedras cada uno, lo que originó que se les conociera también como los de las Veintiuna Piedras. En 1808 se incorporaron otras tres, con lo que pasó a llamarse Molino de la Veinticuatro Piedras.

Durante muchos años, estos molinos, como tantos otros, constituyeron una singular fuente de riqueza, aprovechada por alguna familia especialmente poderosa y también por el ayuntamiento de la ciudad. Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XIX comenzaron un lento declive, auspiciado por nuevas formas de energía que permitían la elaboración de harinas a precios más rentables.