El rafting es el deporte de aventura más popular de nuestro país. Cada año son miles las personas que disfrutan de su práctica en busca de diversión a bordo de un bote neumático por un río de montaña. A juicio de los guías de Aguas Blancas su éxito radica en su espectacularidad, en el alto nivel participativo y en la posibilidad de acceder al mundo de las aguas bravas sin una experiencia previa. Es una actividad apta para todo el mundo en la que no son necesarios unos conocimientos técnicos del río ni una preparación física especial. La labor más difícil recae en el monitor, quien se encarga de dirigir el raft y garantiza la seguridad de los navegantes a lo largo de todo el recorrido.
El rafting consiste en el descenso de aguas bravas en balsas neumáticas que navegan arrastradas por la corriente mientras sus tripulantes intentan controlar la dirección ayudándose de remos. Estas embarcaciones singulares miden entre tres y cinco metros y, según los modelos, permiten viajar entre 4 y 14 personas. Los participantes se sitúan en los laterales de la barca con los pies hacia el interior fijados en footstrap o poniéndolos debajo de los tubos hinchables transversales que poseen los rafts.
Normalmente es el monitor quien dirige la balsa desde atrás con un remo más largo que le sirve de timón. Su obligación es conocer el río como la palma de su mano, y sobre todo saber interpretarlo para apreciar los rápidos antes de meterse en ellos. Los tripulantes sólo tienen que seguir sus órdenes para evitar posibles vuelcos. En torno a la embarcación existe una línea de vida o cuerda que sirve para agarrarse a ella si alguno de los ocupantes se cae al agua y al mismo tiempo resulta una buena ayuda para subir de nuevo a la barca.
A bordo de estos botes se descubre un paisaje excepcional que sólo se puede avistarse desde el río.
Pero el rafting no permite la mera contemplación de la naturaleza ya que la tensión durante el descenso va en aumento al tener que luchar con la corriente y con los continuos obstáculos que van surgiendo durante la travesía fluvial
En España la temporada de rafting comienza en el mes de marzo, coincidiendo con el deshielo, y se prolonga hasta septiembre. Cuanto mayor sea el caudal más intensa será la experiencia ya que la velocidad es un elemento indispensable para garantizar las emociones fuertes. Los mejores ríos son aquellos con tramos de diferentes niveles y sin saltos de agua demasiado pronunciados.
Riesgo controlado
Un río raftero por excelencia es el Noguera Pallaresa, en Lérida. Este cauce tiene la ventaja de que discurre paralelo a la carretera del Valle de Arán, por lo que se puede hacer un seguimiento desde el exterior de la corriente aumentando las condiciones de seguridad. Sin embargo, es en el Pirineo Central donde se concentra el mayor número de ríos con caudal como para garantizar la práctica del rafting. En Huesca destacan el Gállego, el Ésera, el Ara o el Cinca, aunque las posibilidades se extienden a otras provincias como Galicia, Burgos, Ávila o León.
Como la mayoría de los deportes de aventura, el rafting tuvo sus orígenes en Estados Unidos hace más de 30 años, y más concretamente en el Cañón del Colorado. Las primitivas embarcaciones se asemejaban a las piraguas pero pronto se utilizaron los botes neumáticos que usaba el ejército estadounidense, ya que ofrecían mayor autonomía y estabilidad. Esta práctica se trasladó enseguida a Europa, y entró en España hace veinte años.
Desde entonces, el éxito ha sido imparable y han aflorado múltiples empresas dedicadas a esta actividad. En contra de lo que se pueda pensar no es un deporte de riesgo, o por lo menos es una actividad de riesgo controlado. Al igual que en otras disciplinas, existe un código de referencia para graduar la dificultad o peligrosidad de un descenso. Para quienes no han tenido contacto con las aguas bravas es aconsejable que comiencen en un grado III.
Los monitores de Ur 2000, empresa especializada en descensos, afirman que cualquier persona puede practicar este deporte. Sólo es necesario saber nadar y tener buen sentido del humor para afrontar los posibles vuelcos fortuitos o remojones que puedan surgir durante el descenso. En los trayectos más difíciles, en cambio, es indispensable el trabajo en equipo y el autocontrol.
Para iniciarse en el rafting basta con recordar las indicaciones del monitor. Antes de iniciar la travesía el guía ofrece una pequeña charla en tierra con todas las instrucciones básicas para el manejo del bote, desde cómo deben situarse los remeros a cómo hacer los giros o qué hacer en el caso de que algún miembro se caiga al agua.