Más de un centenar de burros han encontrado parada y fonda en Burrolandia en las afueras de Madrid desde que el parque iniciara su andadura en el año 1994. Desde entonces estas instalaciones de la Asociación de Amigos del Burro, han visto nacer a 27 crías y dos burdéganos, bajo la seguridad de un entorno libre de maltratadores.La mayor parte de los ejemplares albergados en Burrolandia vagaban abandonados y en un estado deplorable, al no resultar ya útiles para los trabajos del campo. Ninguneados por tractores, cosechadoras, turismos y hasta quads, la existencia de estos cuadrúpedos se ha ido limitando al simple rebuzno.
Por ello no es de extrañar que tanto el burro como el mulo sean especies extinguidas en la Europa desarrollada tras siglos de servicio al hombre. Con todo, España es uno de sus últimos reductos e incluso cuenta con variedades y razas únicas que han formado parte de la historia de la sociedad desde tiempos remotos.
La necesidad de preservar estas razas tan especiales centra todos los esfuerzos de la Asociación de Amigos del Burro, entidad sin ánimo de lucro cuyo parque se encuentra en el monte de Viñuelas (Tres Cantos, Madrid), preservado por su alto alto valor ecológico. Burrolandia se sitúa en un hábitat espectacular por su naturaleza salvaje. Allí se ubica el castillo de Viñuelas, complejo de estilo fortificado del siglo XVII, que domina el centro de un encinar de gran riqueza natural.
Desde este sorprendete paraje la asociación Amiburro trabaja para la recuperación, conservación y mantenimiento de estos animales, fomentando especialmente la cría de la raza cordobesa-andaluza, profundizando en el estudio para la cría mular y desarrollando actividades culturales, educativas y de ocio dirigidas a todos los públicos.
Platero, Bienvenido, Paloma, Isidro, Leticia, Jaime... son algunos de los nombres de la treintena de burros que pasan una vida alegre y sana en Burrolandia. Los pollinos comparten su alojamiento con gallinas, perros, gatos, palomas, patos, una cierva criada a biberón desde su primer día de vida y ovejas, en la mayoría de los casos, procedentes de fincas abandonadas.
Para sufragar los gastos de mantenimiento de estos huéspedes la asociación cuenta con las aportaciones económicas mensuales que realizan sus miembros fundadores; los donativos de visitantes y colaboradores; la venta de camisetas, bolígrafos de madera hechos a mano; imanes burro, pins y colgantes; jabón, leche corporal o crema nutritiva de leche de burra, así como la celebración de cumpleaños, eventos organizados con colegios y asociaciones e incluso con la admisión de productos que se venden al público en un rastriburro trimestral que se organiza en la propia finca.
Un parque para todos
Burrolandia es también un sorprendente parque de atracciones natural que deja a los niños boquiabiertos. Entre sus muchas actividades, los educadores del centro enseñan a apreciar de cerca el hábitat del burro: comportamiento, alimentación, limpieza... También se puede disfrutar de un paseo a lomos de estos animales o en un carro tirado. Y todo ello en plena naturaleza. A los pequeños les encanta observar la reproducción, lactancia y ciclos biológicos de estos animales, mediante la observación de las crías con sus madres y con la manada. Además también se informan sobre el estudio y la práctica de las labores agrícolas e industriales que los burros han tenido y tienen, mediante la visualización y explicación de fotos.
En Burrolandia también se puede visitar la Casa del Burro, con una colección de más de 300 objetos entre aperos de labranza, arneses tradicionales y artículos de la vida rural (trillos, arados, colleras, carros, serones o cinchas).
En definitiva, que cualquiera pueda pasar una excursión en Burrolandia, donde sepa qué es un burro, qué come, porqué se está extinguiendo, cómo esta asociación lo evita, etc. Amiburro ofrece incluso la posibilidad de apadrinar a alguno de sus ejemplares, como medio de colaboración con esta iniciativa proteccionista.
Entre sus sugerencias al público, la asociación anima a probar la famosa leche de burra que, según cuenta la leyenda, mantenía joven y sana a la mítica Cleopatra. Amiburro asegura que esta leche es la más similar a la leche de mujer, de ahí que aporte los elementos esenciales para el buen funcionamiento del organismo; además refuerza el sistema inmunitario; es regeneradora; está recomendada para pieles grasas, secas y alérgicas y aporta varias vitaminas. Todo un elixir.