El parque automovilístico y la flota de camiones de España han multiplicado por 2,4 sus emisiones de dióxido de carbono desde 1986 y suponen ya casi un tercio de la contribución de los españoles al cambio climático. El sector del comercio y los servicios es el segundo responsable del incremento de emisiones del gas causante del efecto invernadero, al haber aumentado un 152% hasta alcanzar el 11% del total de la contaminación, según el estudio Aspectos económicos del cambio climático en España, encargado por Caixa Catalunya.Este comportamiento del transporte por carretera y los servicios, que ha ido en paralelo al crecimiento de la economía del país, contrasta con el de la industria, que de ser el principal contaminante ha logrado reducir su peso relativo en los últimos años. Los hogares son la tercera fuente de emisión de CO2, pero mantienen constante su participación en el total de emisiones, con un peso del 14,3%.
Pese a que la industria representa algo más de un tercio de las emisiones de CO2 en España, la tasa de crecimiento de sus efectos sobre el calentamiento global ha sido «sólo» del 42%, muy lejos del crecimiento total de las emisiones españolas (73%) entre 1986 y 2003, periodo objeto del estudio realizado por los profesores Javier martín Vide (Universidad de Barcelona), Josep Enric Llebot, Emilio Padilla y Vicent Alcántara (de la Universidad Autónoma de Barcelona).
La mejora de la industria ha sido consecuencia de la búsqueda de la eficiencia, lo que ha propiciado la disminución de 8 puntos en las emisiones, prácticamente el mismo aumento que ha representado el tráfico por carretera.
Cambio de modelo
Martin Vide señala que España, por su posición geográfica, será uno de los países de Europa que se verá más afectado negativamente por el cambio climático, aunque afirmó que todavía se puede actuar y pidió, como primera medida, «un cambio en el modelo de transporte». Por su parte, Emilio Padilla reclama un mayor peso para el ferrocarril y el transporte colectivo. También una revisión del actual crecimiento en el territorio con urbanizaciones dispersas -al hilo de la expansión de la cultura del adosado-, lo que obliga a sus habitantes a usar el automóvil para trabajar, hacer gestiones y comprar en hipermercados y centros comerciales.
El estudio también adelanta que la evolución térmica de España ha seguido las pautas planetarias, pero por encima del calentamiento de 0,74 grados centígrados de la media, hasta alcanzar el grado centígrado, lo que, a juicio de los expertos, «es mucho».
Aunque nadie sabe cuáles van a ser las pautas de comportamiento del futuro, el escenario que se antoja para fin de siglo indica un calentamiento global que se sitúa entre el aumento de 1,8 grados centígrados de las previsiones más optimistas y los 4 grados de los más complicados. El panorama para España también indica que las reservas hídricas caerán como consecuencia de la reducción de las lluvias. Entre las conclusiones del estudio, sus autores resaltan que España, por su clima subtropical, «es uno de los países de Europa que se verán más afectados por el cambio climático, siendo muy superiores los impactos negativos previsibles a los positivos».
Así, las ventajas de la desestacionalización de la demanda turística en la costa (al haber otoños más cálidos) quedarán anuladas por la quiebra de las estaciones de esquí por falta de nieve. A su vez, la obtención de cosechas más precoces quedará compensada por la dificultad de cultivar en secanos o sacar los rebaños a pastar debido a las sequías.
Objetivo de la UE
La Comisión Europea, por su parte, se ha marcado como objetivo que los automóviles reduzcan en un 25% la emisión de dióxido de carbono para el año 2010 -esto es, de una media 160 gramos por kilómetro a 120-, en el marco de su estrategia de lucha contra el cambio climático, que ofrece un pacto a los fabricantes para no afectar su competitividad.
Según la citada estrategia, los fabricantes de autos deberán limitar el año que viene la emisión de CO2 a 140 gramos por kilómetro: 130 corresponderá a los motores y los 10 gramos restantes, a medidas que abarcan los neumáticos, la utilización de aire condicionado, los indicadores de cambio de velocidad y un mayor empleo de los biocarburantes.
Aparte del impacto ambiental, la polución generada por coches, furgonetas y camiones tiene un impacto evidente en la salud de los habitantes de las ciudades.
El Instituto de Estudios de Seguridad (IDES) calcula que la contaminación provocada por el tráfico rodado cada año propicia entre 15.000 y 16.000 muertes en España, cinco veces más que los accidentes de circulación.
En condiciones normales los contaminantes emitidos por los vehículos ascienden con los gases calientes mientras encuentren masas de aire más frías.
Sin embargo, las condiciones metereológicas pueden causar las inversiones térmicas: la temperatura de la capa de aire situada a varios centenares de metros de altitud es superior a la de la capa de aire en contacto con el suelo, a la que bloquea, como una tapadera, impidiendo la difusión de los contaminantes, situación agravada aún más cuando el viento cesa.
Es entonces cuando se disparan los índices de polución; sobre todo en las horas punta. Los pulmones humanos filtran quince kilogramos de aire y si se vive en el centro de una gran ciudad o próximo a una carretera con intenso tráfico, ese aire contendrá contaminantes como el monóxido de carbono, los óxidos de nitrógeno, el dióxido de azufre, partículas, plomo, hidrocarburos, formaldehído y contaminantes secundarios como el ozono y los peroxiacetilnitratos, algunos de ellos cancerígenos, y casi todos perjudiciales para la salud humana.
Enfermedades
El monóxido de carbono se combina 210 veces más rápidamente con la hemoglobina de la sangre que el oxígeno, formando la carboxihemoglobina, que impide la oxigenación de los tejidos.
Recientes estudios demuestran que un aumento en los niveles de dióxido de azufre y de monóxido de carbono en una ciudad está vinculado al incremento de los ingresos hospitalarios por enfermedades cardiovasculares y respiratorias en la misma.
Por otro lado, un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) revela que hasta un 60% de las partículas del aire en las ciudades españolas las genera el tráfico, especialmente por los motores diesel, que producen hasta cuatro veces más partículas de carbono que los motores de gasolina.
La recomendación, no obstante, no es prescindir de los motores diesel (que son más eficientes que los de gasolina), sino dotarlos de filtros, que retienen hasta el 90% de las partículas, y ofrecer a los conductores más estaciones de servicio que ofrezcan el gasóleo biodiesel, con mezcla de aceites de procedencia vegetal.