Publicado el 4 de noviembre de 2005
 
 
 



250 millones de niños se ven obligados a trabajar, incluso en condiciones de esclavitud

P.F.


La pobreza es la causa más importante de la explotación laboral infantil. Según datos de la Organización Mundial del Trabajo del año 2002, unos 250 millones de niñas y niños trabajan, mientras que 180 millones realizan trabajos extremadamente peligrosos en condiciones perjudiciales que ponen en peligro su salud, su educación, su desarrollo personal y social, y sus vidas. Además, se calcula que un millón de niñas y niños son vendidos, se trafica con ellos a escala nacional o internacional o se ven obligados a vivir en condiciones similares a la esclavitud.

Los niños desempeñan todo tipo de trabajos: en África y Suramérica se concentran en la agricultura; en las zonas urbanas trabajan en la calle vendiendo pequeños artículos o dulces a los turistas, piden limosna o buscan en vertederos objetos que puedan revender.

Máquinas pesadas

En los países más industrializados de Asia suelen trabajar en fábricas usando maquinaria pesada y peligrosa; es el caso de la industria de ropa deportiva.

Además, el 65% de los pobres del mundo son mujeres que en los países del Sur sufren explotación laboral y una doble discriminación: por su sexo y por su situación económica.

Con la adquisición de los productos con el distintivo Faitrade a un precio justo, el consumidor está garantizando a los pequeños proveedores de los países del sur un beneficio adecuado que cubre sus gastos de elaboración, además de contribuir al desarrollo de estas comunidades que, organizadas en la mayoría de los casos como micro-cooperativas, tienen la oportunidad de formar parte de un mercado internacional. El sello ofrece credibilidad a las compras responsables pues garantiza la procedencia de los productos y que éstos cumplen con los estándares exigidos por FLO (derechos laborales, beneficios acorde con la inversión, mejora de la calidad de vida de los productores, sostenibilidad ambiental, etc).

Gracias a este gesto, en Perú, a través de sus 20 organizaciones de café de Comercio Justo, se produjeron unas ventas de más de 50 millones de dólares (42 millones de euros) que generaron impactos positivos, no sólo económicos, sino sociales e incluso políticos; de hecho hasta que estas cooperativas no se pusieron en marcha en la sierra de Piura, ésta era una zona marginada y olvidada por las autoridades.

La Asociación del Sello de Comercio Justo en España ha puesto en marcha un Comité de Control para determinar si se autoriza a las empresas que lo soliciten el uso del Sello, cuidando de que cumplan con los estándares mínimos o los Derechos Humanos.



 


 
 
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