BAJO CONTROL. Los talleres se encargan de extraer y almacenar el aceite lubricante usado para su posterior recogida. / LA VERDAD
Esta entidad se encarga de la recogida y reciclaje de lubricantes en España, donde se generan 200.000 toneladas anuales de este residuo
R. BARROSO
Sigaus organiza y financia en toda España la recogida y el tratamiento del aceite usado de vehículos e industrias. Más del 70% se regenera o reutiliza. En España se generan cada año 200.000 toneladas de residuos procedentes del aceite usado industrial.
Dos litros de aceite industrial usado son capaces de contaminar 2.000 metros cúbicos de agua, toda la que contiene una piscina olímpica; la incineración inadecuada de cinco litros provocaría la contaminación del volumen de aire que respira una persona durante tres años.
Con estas cifras no es de extrañar que el aceite usado esté clasificado como uno de los residuos más tóxicos y peligros que existen debido a su contenido en metales pesados, y su capacidad de contaminar la tierra y el agua. Cada año en nuestro país se ponen en el mercado alrededor de 500.000 toneladas de aceites industriales que, una vez usados, generan 200.000 toneladas de residuos sumamente nocivos para el medio ambiente (cada litro de aceite nuevo genera un 400 gramos de aceite usado). Por ello, una gestión adecuada resulta vital.
Hasta los años ochenta a nadie extrañaba la imagen de un conductor vertiendo sin control el aceite de su vehículo junto a acequias o ríos. Hoy, por fortuna, la situación ha cambiado bastante. En enero de 2007 entró en vigor un Real Decreto que regulaba la gestión de aceites industriales usados y en el que se establecen obligaciones tanto para fabricantes como para los productores y poseedores de aceites usados.
Y es en este nuevo escenario donde surge la decisión de crear un Sistema Integrado de Gestión de Aceites Usados (Sigaus) por parte de las empresas fabricantes que organiza y financia en toda España la recogida y posterior tratamiento del aceite usado, tanto de vehículos como de las industrias. Y, a pesar de que su andadura comenzó no hace mucho, los resultados han sido espectaculares: más de 90 empresas adheridas y un 95% de recuperación del aceite usado.
Para Antonio Sánchez, presidente de Sigaus, «se ha cumplido sin problema con todos los objetivos ecológicos de recuperación, valorización y regeneración del aceite usado». En estos momentos existen tres grandes tipos de alternativas de gestión para el aceite usado. La primera es su regeneración a través de procesos que recuperan las bases lubricantes presentes en el aceite original para su reutilización. Esta opción es la prioritaria que marca la ley por sus ventajas ambientales: ahorro de materias primas, menores emisiones de olores y gases contaminantes y menor producción de residuos.
Una segunda alternativa es su reciclado para la fabricación de otros productos como asfaltos, pinturas, tintas, barnices, cauchos... y, por último, su valorización energética mediante operaciones de separación de metales, agua y sedimentos hasta conseguir un combustible parecido al fuel óleo industrial, utilizable en motores de ciclo diesel de generación eléctrica, o bien como combustible.
Para Sánchez, la mayor complejidad es el seguimiento total del aceite usado. «En España hay más de 50.000 puntos donde se genera. Instalaciones a las que hay que ir a retirar el residuo y documentar el tratamiento que se le ha hecho al aceite. Hemos tenido que diseñar una muy potente y compleja herramienta informática que permite trazar más de 100.000 operaciones de gestión de aceites usados que se producen al año». El reto: optimizar la gestión y minimizar los residuos que genera el aceite tras su vida útil y mejorar los procesos de recogida y tratamiento.
El balance no puede ser más positivo, según Antonio Sánchez: «Estamos operando en el 100% del territorio nacional. Contamos en el lado de los fabricantes con más de 90 empresas adheridas, lo que nos da una cuota de mercado superior al 90% y tenemos acuerdos cerrados con más de 60 gestores autorizados de aceites usados, lo que nos permite garantizar la recogida gratuita y gestión del aceite usado en todo el territorio nacional. Podemos decir que la puesta en marcha de Sigaus ha sido un éxito».
Antonio Sánchez admite que el proceso de reciclaje supone un incremento del precio del lubricante, «si bien estamos hablando de menos de 30 céntimos de euro por cambio de aceite».
«El consumidor -añade- tiene que saber que con esos 30 céntimos se garantiza que se está gestionando correctamente el aceite usado, evitando la contaminación que de otra manera podría causar. En definitiva, se trata de una aportación directamente invertida en la protección del medio ambiente, ya que Sigaus no gana dinero con su actividad, únicamente presta un servicio extraordinariamente útil para todos.
PASOS DE RECICLAJE
Extracción y almacenamiento: El aceite debe ser correctamente extraído y almacenado en talleres y concesionarios, donde un recogedor autorizado se encargará de su retirada mediante cisternas especiales. Si se trata de recogedores que tienen acuerdo con Sigaus, la recogida podrá ser gratuita.
Transporte: El aceite es llevado a un centro de almacenamiento o transferencia, donde se procede a su análisis, clasificación y filtración.
Distribución: El aceite se traslada a distintos tipos de instalaciones o plantas de tratamiento, dependiendo de su posible destino final:
Regeneración: Se realiza en plantas específicas de regeneración de aceite industrial usado (hay 7 en España). El proceso consiste básicamente en eliminar el agua, aditivos, metales pesados y otros sedimentos del residuo, para obtener una base lubricante válida para su reformulación en nuevo aceite lubricante. Más del 55% del aceite recuperado en España se regenera. Es la opción que la Ley marca como prioritaria.
Reciclado: El aceite usado también se puede utilizar en la producción de otros materiales como asfaltos, pinturas, tintas o arcillas expandidas.
Valorización energética: Cuando el aceite no puede ser regenerado o reciclado se somete a procesos mediante los que se posibilita su posterior utilización como combustible, ahorrando otros combustibles, ya sea en centrales térmicas de generación eléctrica, en cementeras o en otros procesos industriales.